La gran decepción

A lo largo de los cuarenta años de existencia de ETA se han producido muchos intentos de entender a la banda y, algunas veces, se le ha reconocido coherencia —aunque siniestra— con sus ideas y objetivos. La frase de que no da “puntada sin hilo” se ha utilizado muchas veces la valoración de la banda terrorista. Y donde habitualmente ha demostrado más coherencia con “sus cosas” ha sido siempre en sus comunicados públicos, los cuales, aunque fuertemente trufados de materia ideológica, respondían a una cierta tendencia rectilínea. En el de 30 de diciembre, cuando admite que el alto el fuego sigue, pero con atentados, marca una nueva época en la que el cinismo a flor de piel parece que se ha instalado en la nueva dirección etarra.

La “nueva ETA”

Es la “Nueva ETA” a la que he aludido toda la semana posterior a la fiesta de Reyes, en nuestro fraternal diario “Carta Confidencial”. Y ante esa realidad habrá que utilizar nuevos modos de análisis y esperarse cualquier cosa. Entiendo perfectamente que este manejo de las palabras “coherencia” y “rectilínea” cuando hay crímenes de por medio puede parecer una burla o un abuso, pero es necesario marcar esas diferencias con lo anterior. Y es que cuando Arnaldo Otegi dijo que no tenía constancia de que el proceso de paz había terminado no hablaba en broma. La “nueva” ETA pretende seguir con las negociaciones sin cortar la violencia. Ya, en los primeros contactos para la negociación advirtió ETA que la recolecta del impuesto revolucionario continuaría, como así ha sido y algunos interlocutores del Gobierno se dieron por enterados. Es cierto que el fallecimiento de dos ciudadanos ecuatorianos en el aeropuerto de Barajas ha resultado —según parece— inesperado para la banda, porque el listón estaba en violencia sin muertes. Visto lo visto, y de acuerdo con las observaciones de Otegi, era fácil suponer que la banda iba a salir diciendo que ni abandona el diálogo y que está en situación de tregua, “asegurando” la vida de los cargos electos en toda España. Es decir, de momento no hay tiro en la nuca.

El comunicado de la banda, publicado en la edición digital del diario Gara se producía en la primera jornada de Rubalcaba informando a los parlamentarios españoles. En fin, la mayoría de los expertos —tanto políticos como de la lucha antiterrorista—creen que la nueva ETA va a hacer luz de gas al resto de los españoles, sobre todo para hacer creer a sus bases que busca la victoria mediante la negociación. Depende, pues, de lo que vayan a hacer las fuerzas democráticas ante las “nuevas modas” de la banda terrorista. Por tanto, se abrían momentos de mucha expectación y no poco desconcierto. Ningún grupo político es partidario —salvo el PP— de la vuelta al Pacto Antiterrorista y son más afines a la “opción Zapatero” que no es otra que conseguir la paz definitiva mediante la negociación. Las declaraciones de María Teresa Fernández de la Vega, diciendo que el PP se aferra al “papelito” pues trajo una tormenta mediática por definir así a un documento que en su parte principal redactó el propio Zapatero, cuando era jefe de la oposición.

Otro pacto antiterrorista

Pero el atentado de Barajas del 30 de diciembre ha de traer consecuencias. Si se considera que ETA no busca el camino de paz y que sólo está en la idea de la consecución de sus objetivos políticos, junto con los éxitos mediáticos para mejor alimento de sus partidarios, no sería erróneo reeditar el Pacto Antiterrorista o situaciones de firmeza parecidas. En un tiempo se habló de ampliar ese pacto a otras fuerzas políticas. Fue firmado en exclusiva por el PP en el Gobierno y por el PSOE como primera fuerza de la oposición y, sin duda, dio sus resultados.

La pretensión de los grupos, entonces, interesados en entrar en ese acuerdo podría renovarse, pero ¿lo admitiría el PP? Es dudoso por las referidas cuestiones de contenido electoral. Además esas fuerzas viven inmersas en otro pacto: el de aislar al PP y evitar que pudiera ganar las elecciones obteniendo otra mayoría absoluta como la conseguida por Aznar. Como se ve las especulaciones pueden ser variadas, pero los indicios razonables de cómo se puede arreglar la situación tras la salvajada de Barajas no se vislumbran.

¿Puede que el Gobierno, pasado un tiempo, retome la negociación con ETA? No sería de extrañar y que, además, esa nueva “opción” no contemple la exigencia —planteada al principio de todo— de que ETA entregue las armas y que se termine con la kale borroka. ¿Desea Zapatero la paz al precio que sea? La cuestión es si aceptando la presión de ETA puede conseguirla. Sin embargo, la desunión de las fuerzas democráticas es un triunfo para ETA y parece que las cosas van a seguir así durante mucho tiempo. La cercanía electoral impide la coherencia entre PSOE y PP necesaria en momentos tan graves. Pero así es la política. Mientras tanto la mayoría de la ciudadanía vive en España un enorme desconcierto por el guirigay constante de los partidos y de sus líderes.

No es posible dejar de recordar que José Luis Rodríguez Zapatero se vio con fuerzas, un 29 de diciembre, para exponer el “buen momento” que pasaba la negociación de paz. El 30 Barajas voló por los aires dejando a todo el mundo atónito por esa vuelta de la violencia. Desgraciadamente dos personas murieron: los ciudadanos ecuatorianos, Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio. Hay dos rumores que circularon también la semana del 8 al 14 de enero. Uno, que la banda terrorista quiso explosionar su carga de 500 kilos el mismo día en que iba a hablar Zapatero y que no fue posible. Otro, que el Gobierno tenía ya una cita con los negociadores de ETA para mediados o finales de enero. Es obvio que el atentado etarra fue como una humillación pública para el presidente del Gobierno pues afirmaba que las “cosas estaban mejor”. De ahí pudo desprenderse la sospecha de que una cosa era el grupo negociador y otro el que dirigía ETA, sin que estuvieran excesivamente conectados o, incluso, que pudieran estar enfrentados. Pero la lectura del comunicado de ETA desmiente todo ello, el atentado forma parte de la nueva forma de ETA de negociar y, desde luego, el Ejecutivo y su presidente no conocían nada de nada de las nuevas intenciones de la banda armada.

Pero sí es cierto que se ha perdido una gran esperanza, y sobre todo para el pueblo vasco. Ya he repetido aquí varias veces que me alegro mucho de haber pasado muchos días del mes de julio del año pasado en San Sebastián. Pude comprobar los deseos de paz de los vascos y su alegría existencial en tales jornadas. También he dicho que esa buena situación se frustró cuando en los primeros días de septiembre un autobús municipal fue quemado por elementos de la kale borroka. Desde entonces, la sospecha de que ETA rompiese la tregua era evidente. Y habrá que terminar como comenzábamos. El añadido de cinismo de la nueva ETA abre expectativas muy siniestras. Parecería —según el punto de vista de los terroristas— que el alto el fuego no se rompe con kale borroka y con atentados de enorme magnitud… ¿Cuál es el efecto ruptura, la vuelta al tiro en la nuca o el uso de las bombas lapa, parecidas a las encontradas en el último zulo encontrado?

 


Crónica Política publicada en Banca15 nº 251 - del 15 al 31 de enero de 2007
por Ángel Gómez Escorial