Difícil compás de espera
España vive la resaca del atentado de Barajas del 30 de diciembre. Y aunque un mes no sea demasiado tiempo, la totalidad del mes de enero no ha arrojado novedades importantes en la lucha contra ETA. No dio ningún resultado el debate parlamentario. E, incluso, no es que, solamente, acrecentara la insuperable división entre PSOE y PP, es que las otras fuerzas parlamentarias, más cercanas a las tesis de José Luis Rodríguez Zapatero, pusieron de manifiesto que el debate no era necesario y que tampoco hacía falta convertir en totalmente público todos los elementos de la lucha antiterrorista. De hecho, en el segundo punto de la presente crónica analizamos ese asunto.
Zapetero ni perdona ni olvida
Reflejaba yo mismo es mi columna del fraternal diario “Carta Confidencial” un aspecto no muy tratado y que hace referencia a la “pasta” de la que está hecho Zapatero. La realidad es que han sido muy habituales, en el medio periodístico, los repetidos análisis caracterológicos de los presidentes del Gobierno. Se hicieron, hasta la saciedad, con Adolfo Suárez y Felipe González. Bastantes, pero ya menos, con José María Aznar. Y muy pocos respecto a José Luis Rodríguez Zapatero, quien, al parecer, si tiene un carácter cambiante y con tendencia a la improvisación un tanto errática. Hay otra característica no muy conocida, pero que tiene una enorme importancia en su toma de decisiones. Ni perdona, ni olvida y, por tanto, puede ser un muy mal enemigo para aquellos que le han hecho una faena o no han cumplido lo pactado. Eso se ha podido ver en su papel como secretario general del PSOE, antes y después de llegar a La Moncloa, y hoy parece que afecta a su determinación de resolver el problema vasco. ¿Qué quiere decir esto? Pues vamos a verlo.
Decía yo más arriba que Zapatero —y toda España— está en un compás de espera ante nuevas posibilidades generales de colaboración desde los partidos democráticos para reducir a ETA. Pero parece que el mensaje que está dando ahora es que la negociación de “igual a igual” es imposible y que es necesario conseguir la neutralización o entrega de las armas, por parte de la banda armada, en el menor tiempo posible. Y es obvio que para eso se está buscando nuevos aliados, dentro y fuera de los grupos con los que ya habría tratado. Así el acuerdo con Ibarretxe difiere, un tanto, con el tomado con Josu Jon Imaz y que no es otro que usar la fuerza de la ley —léase la Ertzaintza— para frenar la kale borroka y a la propia ETA.
Pero como es lógico el conocimiento público del cambio de intenciones sobre ETA tardará en llegar, pues Zapatero no desea cometer nuevos errores. Y, en cierto modo, se dio cuenta que su presencia en el Parlamento para explicar el cambio de situación respecto a ETA no había resultado creíble para nadie, incluso para sus aliados más firmes. Seguimos, pues, en un compás de espera respecto a soluciones concretas, las cuales, sin embargo, no pueden tardar en llegar un año, ni siquiera seis meses. Y así parece, aunque hoy parezca muy difícil de entender, que José Luis Rodríguez Zapatero puede volverse un enemigo total de ETA. No les va a perdonar el atentado en si de la T-4. Ni tampoco el “feo” sufrido por él, respecto a sus manifestaciones del 29 de diciembre de 2006. Y eso lo sabe muy bien Alfredo Pérez Rubalcaba. Juan José Ibarretxe comienza a saberlo. Pero ETA, todavía no. Confía en la blandura del inquilino de la Moncloa. Y en eso, como en otras cosas, se equivoca.
Para ETA, tolerancia cero
Es cierto —y ya lo hemos escrito varias veces— que durante el llamado proceso de paz, hubo un cierto clima de tolerancia, incluso policial, para actividades de ETA. No se obstaculizó la recaudación del impuesto revolucionario porque se indicaba por parte de los interlocutores radicales que la banca armada necesitaba dinero para su “pacificación” y también lo necesitaban los grupos afines. Otro aspecto que se toleró fue el movimiento de personas que fuertes sospechosas de pertenecer a comandos, pero sólo en España, no en Francia. Esa situación de aligerar el cepo también la acometía el Gobierno vasco. Realmente, la valoración de algunas fuerzas empresariales y financieras de todas esas medidas de “afloje” fueron muy criticadas, pero aceptadas a regañadientes, haciendo notar —en conversación de empresarios con el Lehendakari Ibarretxe— que eran ilegales y muy injustas.
El atentado de la T-4 ha cambiado las cosas y nadie duda que el encuentro en Moncloa entre Ibarretxe y Otegi sólo ha podido tener un contenido: comunicar al entorno de ETA el grado de tolerancia cero del Gobierno español y del Gobierno vasco respecto a la violencia y otras ilegalidades. También, sin duda, se busca que Batasuna se alinee en la parte democrática, mientras que ETA inicie su cese real de la violencia. Sin embargo, fuentes del PNV vizcaíno nos dicen que la posición de Arnaldo Otegi fue muy similar a la de otras ocasiones y pidió el cese de las acciones judiciales y la rápida constitución de la mesa de partidos para tratar de la autodeterminación y del asunto de Navarra. Las mismas fuentes indican que Juan José Ibarretxe no ha informado por teléfono a José Luis Rodríguez Zapatero de los resultados de su encuentro con el líder de Batasuna, ya que no se pedía respuesta y sólo que fuera vehículo de la advertencia.
Por otro lado, fuentes socialistas generalmente bien informadas de lo que en Moncloa, creen que existe un “periodo neutro” a la espera de que se consolide la alianza con los partidos democráticos en la lucha contra ETA. El parón de los encuentros respecto al Pacto Antiterrorista se debe al deseo de Zapatero de que, en ninguno de los casos, el PP rompa del todo. Y este sentido se busca una “reconstrucción histórica del Pacto, mediante una sesión primera con el PP y que, a partir de ahí, el partido de Rajoy aceptara a los nuevos socios. También se rumorea que el PP busca por su lado una cierta interlocución con el PNV al respecto de sus posiciones actuales. Total: compás de espera dentro de un enorme grado de dificultad, porque parece que ETA no quiere cambiar y exige la participación de Batasuna en las municipales como “prueba de buena voluntad” y que daría contrapartidas después de los comicios. Eso más o menos es una vía muerta.
La situación del pp
Y es que el PP y Mariano Rajoy —más este último— se debaten entre aprovechar la debilidad del Gobierno para marcar diferencias electorales y dar, por su responsabilidad respecto al Estado, un cierto apoyo al Gobierno en la política antiterrorista. Parece que en el edificio de la madrileña calle de Génova no hay dudas sobre que Zapatero ha cambiado sus actitudes respecto a ETA. Es obvio que para volver a negociar con la banda esta tendría que demostrar su neutralización y, aun así, tampoco se darían facilidades. La afrenta producida por lo inoportuno del mensaje del presidente del Gobierno del 29 de diciembre no se va a perdonar. Pero el PP lo que no quiere es una “solución PNV”; es decir, que las cosas se arreglen mediante el incremento de las posibilidades —en su día— de autodeterminación de Euskadi. También, tanto Ibarretxe como Imaz creen firmemente en que Batasuna podría quebrar la insistencia violenta de ETA, cosa que Rajoy y sus colaboradores no se creen en absoluto. Y aunque es prioritario el final de ETA los otros desarrollos inquietan muy seriamente a don Mariano. Y esa bipolaridad en las opiniones produce encontronazos en el interior del PP. Siempre ha habido ahí “halcones” y “palomas”. Y cada vez a Mariano Rajoy le cuesta más trabajo guardar su peculiar equidistancia de todo y todos.
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| Crónica Política publicada en Banca15 nº 252 - del 1 al 15 de febrero de 2007 | por Ángel Gómez Escorial |
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