OPA, jueces y tristeza añadida

 

Fueron unas jornadas complejas las de la segunda semana de febrero. Y así se quiere reflejar en esta crónica, compuesta de varias pinceladas de actualidad. Una de ellas, sin duda, es la apertura formal del recorrido de La OPA de E.ON sobre Endesa. Y la ocurre, por ejemplo, que la OPA estuvo muy presente en el IV Foro Hispano-Alemán que presidía en Berlín el Rey Don Juan Carlos. Y si bien el ex canciller germano, Gerhard Schröder, no ahorró críticas al Gobierno de Zapatero por su intervencionismo en la referida OPA, se respiraba, no obstante, un clima de cordialidad por la resolución de la “crisis”. Y Joaquín Almunia, comisario europeo, se encargó de suavizar esas críticas. La realidad es que las relaciones entre España y Alemania van bien, según dijo Don Juan Carlos. Es obvio que la “gran noticia” fue la foto del Rey del España con el presidente de E.ON, Wulf Bernotat.


Y es lógico, asimismo, que el tema de Endesa estuviera presente en el almuerzo de Miguel Blesa con los miembros de la Asociación de Periodistas Europeos, que fue de riguroso off the record y en presencia de solamente socios y no de otros periodistas, habitualmente admitidos e invitados en otros encuentros. Y es que la previsión de Miguel Ángel Aguilar fue razonable ante el “desborde” de peticiones de asistencia. Blesa —y es de agradecer como socio de APE— no suspendió el almuerzo, a pesar que se llevaba a cabo en el mismo día que el Consejo de Endesa —del que es miembro— iba a recomendar la asistencia de sus accionistas a la OPA de la eléctrica alemana.

Yo confirmé la posición avanzada de Miguel Blesa respecto a la futura concentración —muy necesaria— de cajas y, también, la necesidad de presencias de La Caja fuera de nuestras fronteras y, sobre todo, en aquellos países donde los empresarios españoles se están volcando, por ejemplo en Europa Central y del Este. Volvía el rumor —eso dijo un colega— de negociaciones entre el PSOE y el PP para una nueva “ley estatal” sobre cajas. Pero eso hoy, con el deterioro profundo de las relaciones entre los dos partidos mayoritarios parece más que imposible.

La batalla de los jueces

Iba a ser el miércoles 7 de febrero un día triste. Y fue muy triste porque el inesperado fallecimiento de una persona muy joven ponía de luto a la primera familia española y a todo el país. Pero a su vez tuvo con la disputa del Constitucional otro golpe de tristeza, pero esta más llena de perplejidad. También con la propuesta de Batasuna que es un poco más de los mismo y sin que se anuncie el abandono de las armas y el fin de la violencia.

Pero vemos lo de los jueces. Hace unos meses, el secretario de Libertades Públicas, Seguridad y Justicia del PP, Ignacio Astarloa, explicaba en el prestigioso Foro Arrupe que existe una persecución dentro del PSOE contra jueces y magistrados considerados conserva-dores. Y que, según Astarloa, creen los socialistas que mientras que no cambie la relación de fuerzas entre progresistas y conservadores en las grandes instituciones jurisdiccionales de este país, no podrá avanzarse en democracia. Es, asimismo, según el político popular, una auténtica obsesión para los dirigentes socialistas. Y si todo esto es cierto, la situación interna del mundo judicial y jurídico no puede ser buena. Un grupo se siente perseguido por el Gobierno y reacciona. El otro se siente perseguido por el principal partido de la oposición y reacciona también.

Entonces ocurre que no son los políticos los que directamente mediatizan a los jueces. Es la misma “pomada” del asunto la que produce enfrentamiento pertinaz. Realmente si la opinión del señor Astarloa es cercana a la realidad pues ocurrirá que la “cruzada” regeneracionista del PSOE para asegurar el progresismo en la vida judicial tiene que traer muchos problemas. Y lo que queda claro es que nadie en política debe tener —salvo dicho con la boca chica— previsto dejar a los jueces en paz. Pero a su vez, jueces y juristas se alinean, más o menos completamente, en dos grupos irreconciliables.

Se conoció el nombramiento del nuevo ministro de Justicia. Se trata del ex fiscal jefe de Madrid, Mariano Fernández Bermejo, persona que, al parecer, fue obligada a dejar su cargo madrileño por presiones del PP, entonces en el Gobierno. Ya Ángel Acebes dijo que ese es un nombramiento anti-PP. Bueno, queda muy claro el galimatías. Está también el espinoso asunto del Tribunal Constitucional en donde se ha querido hacer una impugnación dirigida exclusivamente hacia una pieza del “dictamen Estatut”, aunque la realidad sería que el Gobierno nombrara a un nuevo miembro de Tribunal y el “desequilibrio” se incrementara aún más.

¿Y esto no se puede arreglar? ¿Es también material dependiente de las elecciones? ¿Y eso es bueno o malo? No sé como funciona la justicia americana donde los fiscales y hasta los jefes de policía —los famosos sheriffs—son elegidos por el pueblo. No sé. Ni tampoco sé si la sociedad española necesita una purificación profunda de elementos conservadores o la persecución permanente de significados progresistas. Creo que no. Así no hay quien funcione.

La medida de las bombas

Pues parece que algunos expertos antiterroristas —al igual que los del boxeo— miden las categorías de los atentados por el peso de los mismos. La autoría del atentado de la estación de Luchana, en los alrededores de Bilbao, estuvo en el aire hasta saber que clase de substancia destructiva había dejado la instalación ferroviaria ya solo para su demolición. Javier Balza Aguilera, consejo de Interior del Gobierno vasco, afirmaba que la capacidad destructora del artefacto ponía a ETA como favorita de un segundo atentado tras la tregua. Luego a lo largo del día se aclaró que era una bomba incendiaria de las “habituales” de la kale borroka.

¿Y no es todo esto un poco cachondeable si no fuera por sus siniestras consecuencias? ¿No son los comandos —ya funcionan así— de la kale borroka dependientes de ETA? ¿O es que funcionan como las células de Al Qaeda, en plan “franquicia”? Nada de eso. Porque, no nos engañemos, el final de la última tregua de ETA tuvo lugar a primeros de septiembre del año pasado, cuando ardió totalmente un autobús urbano en las calles de San Sebastián.

Y mientras tanto la división de las fuerzas democráticas y sus discusiones sobre el uso o no de símbolos pues comienza a ser también cachondeable, mientras que los terroristas de ETA y su círculo más cercano de la izquierda abertzale se están riendo a mandíbula batiente de sus “enemigos” y estas carcajadas resuenan como cañonazos en lo alto del Monte Igueldo, con la Concha y Donosita a sus pies. El verano pasado era al contrario. Los terroristas estaban enmudecidos por las risas sanas de las gentes de Euskadi que deseaban y creían en la paz. Y los políticos han recogido ese sentimiento de frustración de la gente de bien. Y algo tienen que hacer, aunque es dudoso.

Otro rumor no creíble es que Arnaldo Otegi ha superado “una moción de censura” desde su entorno más radical. No es así. No es posible. No existe la menor información fiable sobre que la llamada izquierda abertzale esté dividida. Otra cosa es el uso de la información pública para sus estrategias. No era hoy, ni ayer, un buen día en Euskadi y, sobre todo, en el Gran Bilbao. La gente está harta de violencia. Lo está.

Cuevas, Fidalgo, Méndez

Y no quiero terminar sin dar la importancia que tiene al acto de la reciente firma de los acuerdos sobre convenios colectivos y en el que José Maria Cuevas, José Maria Fidalgo y Cándido Méndez pedían mesura a los políticos para que España no se pare. Cuevas estampaba su firma por última vez —¿será verdad?—en un “documento príncipe” de la negociación de las fuentes de producción, como son los convenios, que han traído mucha prosperidad a España. Y es que la lucha sin cuartel de las fuerzas parlamentarias puede romper a este país.

 


Crónica Política publicada en Banca15 nº 253 - del 15 al 28 de febrero de 2007
por Ángel Gómez Escorial