Los frentes del PP
La manifestación convocada por el PP el pasado día 10 fue un auténtico punto de inflexión en la dura y larga disputa del PP contra la política referida a ETA. La cuestión ahora incidía en la liberación del etarra, José Ignacio de Juana Chaos. Y la razón de más peso —expresada en mi presencia: no es rumor— de los tres más significativos líderes del PP en estos momentos —Rajoy, Gallardón y García Escudero— es que convocan la manifestación “para que nadie nos la convoque”. Es decir, hasta ahora y en la idea de Mariano Rajoy, Alberto Ruiz Gallardón y Pío Escudero, en los últimos tiempos, iban como correa de transmisión a otras demostraciones de este tipo, necesitando, de una vez, tomar la iniciativa.
Siendo el derecho a manifestarse uno de los fundamentales en democracia, en efecto, el PP tiene todo el derecho a hacerlo. Sin embargo, el régimen de exclusiva que da a esta cuestión hacía que el PP necesitara un éxito muy redondo para que no se considere un fracaso. ¿El resultado final? Pues depende de para quien. En fin, la política está como está y que cada palo aguante su vela. Y, en otro orden de cosas, algunos dirigentes del PP creen que hasta después de las elecciones municipales será muy difícil recomponer la relación con el Gobierno, pero hay otros que dicen que —salvo sorpresa— el resultado de los comicios municipales, forales y autonómicos no se verá influido por las presentes actuaciones del Gobierno de España y que las cosas irán más por el contenido en proximidad. O sea que considerar las elecciones del 27 de mayo como primarias de las generales del 16 de marzo de 2008 no es muy acertado.
¿Ha ido el PP detrás de los acontecimientos relanzados por otros? ¿Está teniendo un cierto éxito la presión de sectores más a la derecha que la posición que mantiene la dirección de partido? Pues puede que sí. La realidad es que todos los grupos políticos sufren lo que llamaba Adolfo Suárez “el exceso de los ultras”. Es decir, que la derecha es empujada por la extrema derecha y la izquierda por la extrema izquierda. Y es que algunos planteamientos llegados, últimamente, desde el PSOE —o sus aledaños— sí responden a los clichés de la izquierda extrema.
Endesa en la disputa
Con el Partido Popular en campaña contra Enel; con, asimismo, las advertencias del Gobierno italiano sobre que E.ON no puede comprar Enel y con un panorama de difícil apuesta, yo me pregunto: ¿cómo será Endesa dentro de un año? Pues no se sabe. Y hay una idea, muy generalizada, en los medios financieros y empresariales que, probablemente, sería muy útil producir una “cumbre” exclusivamente empresarial para producir una tregua o, al menos, un tiempo muerto para que todas las partes reflexionen. Pero, claro, eso necesitaría un cierto apoyo del regulador, de la CVMV, y eso no es fácil. Manuel Conthe sólo ve por los ojos del Gobierno.
De cara a la opinión pública la situación es, simplemente, cachondeable. Y los pequeños accionistas no saben qué hacer. Es bastante vergonzoso ese tira y afloja que ya dura dos años y sólo produce confusión. Es obvio que hay sólo una OPA en circulación y que los pasos tendrán que seguir dándose. Pero parece necesaria una intervención del regulador, no para seleccionar compradores o vendedores, si no para clarificar el asunto.
Pero lo importante es saber si esta lucha no ha debilitado la gestión de Endesa, ni sus planes de modernización y si les queda tiempo a los ejecutivos de la antigua eléctrica pública para trabajar en sus “cosas normales”. Y así, entrando en lo que pudo ser y no fue, uno piensa que hubiera sido mucho mejor que, de hacer algo los directivos de Gas Natural se hubieran acercado al presidente de Endesa con mejores modos e, incluso, se hubiera buscado la fusión sobre una base armónica. Tampoco era necesario no dar salida alguna a Manolo Pizarro, ni debieron confiar ciegamente en el poder político como vehículo para conseguir sus propósitos.
Mejores modos y un poco de dinero más —un precio más alto— hubieran arreglado la cosa. Pero, sobre todo, lo que habría sido perfecto es el ofrecimiento de una fusión caballerosa. De esas en que el “amablemente absorbido” se queda de presidente de la compañía resultante un año y luego por vía de la sucesión se toma el poder. Pero la “conditio sine qua non” era la salida del turolense, la cabeza de Pizarro tenía precio. Había salido bien en el caso de Alfonso Cortina en Repsol, pero claro todo cazador —de caza mayor— sabe que las estrategias no pueden repetirse porque el “animal” aprende en seguida.
Y en estas horas se habla mucho, si la reacción de Manuel Pizarro no sólo tuvo origen en el “protocolo” de “ven a cenar Manolo que te echamos”, sino en una advertencia anticipada a Pizarro y surgida desde el interior de La Caixa de Pensions, porque ya se sabe —aunque parezca mentira— la presidencia de la CECA produce muchos amigos. Me aseguran que alguien avisó, con 48 horas de antelación, a Manolo Pizarro, desde los edificios negros de la Avinguda Diagonal. Y, además, los que tuvieron que ejecutar la “cosa” lo hicieron tan mal, que ya era razón suficiente para decir que no. Y eso extrañó mucho siempre conociendo a Pizarro, claro que el procedimiento usado con Cortina se las traía. Pero lo preocupante es si la disputa no está matando a Endesa, si al final la “gallina de los huevos de oro” no va a terminar completamente desplumada antes del morir con tantas idas y venidas. La pregunta está ahí: ¿y cómo será Endesa dentro de un año?
Tiempo muerto
Me lo refería un consejero de una gran entidad. Y lo sorprendente de la opinión de mi amigo banquero es que proponía que fueran los políticos, ahora, los que “desfacieran el entuerto” provocado por ellos mismos. Tenían, hoy por hoy, fuerza para hacerlo, sobre la base de intentar conciliar todas las posiciones e, incluso, llegar a un tiempo muerto, a un nuevo punto de partida para arreglar el asunto. Y que, asimismo, en solución estuvieran todos los contendientes. Pero entendía que eso parecía difícil. Aunque la cuestión bien podría ser que se decretara el principio de “manos fuera” con la supervisión libre de, por ejemplo, Pedro Solbes. Alejando a Joan Clos del asunto y, un poco, forzando a la retirada del “zapaterismo-montillismo —¡toma ya!—para purificar el asunto.
La suspensión de la junta provoca tener más tiempo para negociar y ahí es donde se debería encontrar una solución más empresarial que política. Además, suspendida la junta, ¿cuál es el próximo paso? No se sabe muy bien. Tal vez, se espera alguna retirada o nuevas alianzas. Pero no es fácil saberlo. Me daba mi interlocutor un dato más: y es que mientras que en Europa, fuera de España, el clamor de la prensa —ni siquiera en Alemania o Italia— existía, si es tema total de conversaciones en los medios empresariales y financieros, poniendo de manifiesto el problema del intervencionismo del mal llamado “capital nacional”. Y este problema —también se cita, además del problema de Endesa, el de Carrefour— tiene que mover a la Unión Europea a forzar los principios del mercado único y de la libre circulación de capitales, restringiendo a sus términos reales el principio nacionalista de los “motivos estratégicos”.
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| Crónica Política publicada en Banca15 nº 255 - del 15 al 31 de marzo de 2007 | por Ángel Gómez Escorial |
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