Hablemos de elecciones

 

Mi “mensaje” va a ser el mismo que el expresado en nuestro número anterior: el parlamento español será disuelto en diciembre, por tanto estamos ya en pleno proceso electoral, aunque a esta legislatura le queden algo más de dos meses de vida. Decíamos, también, que José Luis Rodríguez Zapatero había sido especialmente madrugador en su trabajo electoral dejando a un lado la concreta actividad administrativa de gobierno, para centrarse en los movimientos que puedan darle una victoria suficiente en las elecciones de marzo de 2008. Él busca —como no podía ser de otra forma— la mayoría absoluta, cosa que no es fácil, dado el reparto previsto de los resultados electorales. Pero tampoco es utópico. Hay que decir que la pertinaz situación de empate técnico entre el PSOE y el PP hace igualmente difícil la obtención de la mayoría absoluta para el Partido Popular, pero tampoco puede considerarse esa posibilidad como utópica.

Desde la secretaría de Estado de Información —que forma parte del auténtico “core capital” del zapaterismo— se lanzaba en los últimos días de agosto la idea de recuperar a los votantes de centro, probablemente resentidos contra Zapatero por todo el asunto de la negociación con ETA y por, asimismo, los desarrollos ocurridos en torno al Estatuto catalán. Hay nuevo logotipo para la administración con el uso de la leyenda “Gobierno de España” que encabeza todos los rótulos y placas de los organismos del Estado. El desenlace final de la gobernación en Navarra a favor de la lista más votada de UPN (PP), mediante la abstención en la sede parlamentaria autonómica del PSN-PSOE era otra prueba de la nueva dirección, aún teniendo un fuerte coste en la cohesión de la familia socialista navarra. Es obvio que otros gestos de afirmación nacionalista española irán llegando en las próximas semanas, lo cual no está mal de todo, pues hay mucho déficit en esa valoración de España, figura y nombre de país unido, que, sin duda, tiene muchos detractores, sobre todo algunas periferias territoriales y políticas.

LO DE GALLARDÓN

Ya he hablando también varias veces de aquel almuerzo con Alberto Ruiz Gallardón en el que dijo, sin rodeos, que si sus resultados electorales como alcalde de Madrid eran buenos pretendería ser el número dos de la lista por Madrid. Y lo ha repetido en también los últimos días de agosto, provocando una auténtica tormenta política en el seno del PP. E, incluso, una declaración de Mariano Rajoy un tanto extemporánea, aunque, tal vez, necesaria: “que no abandonaría el cargo de presidente del PP, aunque perdiera las próximas elecciones”.

Es cierto que la sacudiría de Rajoy le lleva a hacer esta afirmación para cortar de raíz las especulaciones sobre variaciones importantes en el organigrama directivo de los populares. Pero lo que, probablemente, no esperaría Rajoy es que apareciera en el ámbito público el fundador del partido, Manuel Fraga diciendo que hay que ir preparando la sucesión, como él preparó la suya. Siempre subyace ese enfrentamiento entre Fraga y Rajoy que viene de lejos. De todos modos, no le convienen al PP los jaleos disgregadores. De todas formas, hay un sector del partido de Génova que cree que hay que ir soltando lastre de los fuertes episodios de la oposición a Zapatero para dar una imagen más amable, más centrada, más constructiva. La cuestión definitiva es lo que vayan diciendo las encuestas, las cuales irán tomando atisbos de mayor realidad según se vaya acercando la fecha electoral.





Crónica Política publicada en Banca15 nº 265 - del 1 al 15 de septiembre
por Ángel Gómez Escorial