Los ataques al Rey

Don Juan Carlos clausuraba, con un importante discurso, la Conferencia Anual del Club de Roma que este año ha tenido lugar en Madrid. Y dentro de las dos jornadas que duró dicha conferencia hay también que citar una magnifica intervención de Rodrigo Rato, tal vez sea su despedida como gerente del FMI. Y otra, muy técnica, pero interesante, de Antoni Brufau, presidente de Repsol. Pero el día anterior a esa clausura, se menudeaban en los medios ataques al Monarca en algo que bien parecía una loca campaña, llegada desde lugares contrapuestos.

Y es que algunos ataques al Rey —y a la Corona— por parte de nacionalistas vascos y radicales catalanes responden a una “sencilla” campaña de desgaste. Si se vitupera al mejor símbolo de la España democrática —eso es Don Juan Carlos—se está atacando al país entero, de cara a un futuro de separación. Anasagasti lleva tiempo con esos ataques y no evita ni siquiera los micrófonos de la prensa del corazón. Frases similares, aunque menos públicas y más contenidas, llegan desde los aledaños de ERC, además del episodio de la quema de retratos. Esos ataques, lanzados también contra todo lo bueno que, en diversos campos, pueda presentar España, responden al “largo camino” de la separación, que, tal vez, un día tienda a ser más violenta.

Luego están los ataques de una derecha muy derecha, a veces incluso un tanto emparentada con algún grupo religioso muy conservador que no han perdonado al Rey de España su neutralidad respecto a leyes aprobadas por el Parlamento y, entre ellas, las relativas al divorcio y al aborto. Mucha de esta gente suspira por la buena sintonía existente entre el régimen franquista y la Iglesia, olvidando que fue la Iglesia española la primera que soltó amarras respecto a su identificación o sintonía con el sistema dictatorial. Ese rencor contra el Rey, contra la persona de Don Juan Carlos, existe y es muy profundo. Afortunadamente son muy pocos, aunque algunos escriban libros.

Y sorpresivamente —es verdad que esto siempre produce sorpresa— los extremos se tocan y caminan por las mismas sendas. Al final ambas tendencias que atacan al Rey tienen en común un tremendo déficit democrático y una total tendencia al fundamentalismo en sus caminos y en sus ideas. Nos tendremos —yo supongo— que acostumbrar a tales absurdas anomalías, aunque tolerarlas es difícil.

BUSH-ZAPATERO: FUGAZ ENCUENTRO

Es completamente cierto que el presidente Zapatero está cuidando, muy personalmente, todos esos desarrollos que le pueden servir para mejorar sus futuros resultados en las elecciones de marzo del año que viene. Puede citarse una entrevista concedida a todo el conglomerado de canales de Radio Nacional de España y transmitida en el mejor horario mañanero en la que no hizo ni la menor concesión a todo aquellos que no fuera útil —y por tanto contrario— a los citados resultados electorales.

Y a estas alturas, sigue el misterio de si José Luis Rodríguez Zapatero removió “Roma con Santiago” para tener un encuentro con George W. Bush, el cual luego resultaría “excesivamente fugaz”. Fuentes seguras afirman que el presidente español —y por razones electoralistas— no deseaba la circulación de una “foto excesivamente cordial” con el dignatario norteamericano. Una ampliación de invitados en un acto público del presidente Bush dentro del encuentro, en la ONU, sobre el cambio climático propicio dicho “fugaz encuentro”. Y aunque la foto obtenida no es, al parecer, excesivamente buena, el video del saludo de los presidentes está esta mañana en toda la prensa digital, sin apenas comentarios.

El encuentro se producía en la misma jornada en la que dos soldados del Ejército español morían por el efecto de un atentado en tierras de Afganistán. La bomba que estalló al paso del blindado español fue al parecer detonada mediante un dispositivo unido por cable, para burlar los inhibidores de frecuencias que ya llevan todos los vehículos españoles en misiones en zonas de conflicto. Y esa sonrisa de Bush, fácilmente apreciada en el video del fugaz encuentro, bien podría tener un punto de solidaridad por la pérdida de dos soldados en un escenario común: Afganistán. Como se sabe, el pertinaz distanciamiento entre los dos líderes políticos, tuvo como origen la retirada de las tropas españolas de Iraq. Y desde entonces no se han podido establecer relaciones normales entre Bush y Zapatero. Se supone que, a estas alturas, y con el abandono de Bush de la Casa Blanca tampoco le importa mucho a Zapatero esa relación.

 



Crónica Política publicada en Banca15 nº 267 - del 1 al 15 de octubre
por Ángel Gómez Escorial