Elecciones: la economía decisiva

 

La aprobación del último tramo de las enmiendas a la totalidad de los presupuestos en el Congreso de los Diputados contenía una realidad muy importante. Por supuesto, el Gobierno los sacaba adelante con ocho votos de ventaja. Y no está mal. Cuando no se dispone de mayoría absoluta ocho votos “de más” son algo importante. Pero es la composición de esos votos lo que indica que las cosas están justas, muy justitas, como lo están los resultados previsibles de las elecciones de marzo de 2008. Bueno, habrá que aclarar que, en realidad, fueron nueve votos y que uno hay que adjudicarlo a un error de un diputado popular. En realidad se sacaron “votos de donde no los había” y así van las cosas. No es que eso —para nada—sea reprobable en puridad de política parlamentaria. Pero significa que sin la mayoría suficiente la debilidad obliga a muchas cesiones y no pocos acuerdos indeseados.

Así han opinado la totalidad de las fuentes consultadas por Banca 15 —y pertenecientes a los ámbitos financieros, empresariales, políticos y periodísticos— y añaden que esto puede “trasponerse” a la necesidad de la obtención de una mayoría absoluta en los próximos comicios, siendo algo más que una aspiración, sino una necesidad. Se significaba, asimismo, las declaraciones radiofónicas del lehendakari Ibarretxe sobre que no apoyará la investidura de Zapatero si rechaza el plan soberanista y le referéndum. Por otro lado, el intento de petición de dimisión de la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, por parte del parlamento catalán y sólo evitada por el president Montilla pues explica esa carencia de apoyos. De ahí que, obviamente, el trabajo del Ejecutivo de Madrid, y muy especialmente de Zapatero, por la consecución de esa mayoría absoluta sea intenso y casi obsesivo. Pedro Solbes —tal y como expreso en nuestra página 3— aguantó el debate de los Presupuestos Generales del Estado aguantado la pena por el fallecimiento de su hermano, pero la sesión no podía —ni debía— ser suspendida.

EL EMPATE

La cuestión es la de siempre —y ya muy repetida pero no por eso muy importante— existe un empate técnico entre los previsibles resultados electorales del PSOE y del PP y cualquier circunstancia imprevista puede dar el triunfo a uno o a otro. Se ha dicho también que el “drama” para el PP era que si no obtenía mayoría absoluta no podría gobernar. Pero según va pasando el tiempo se cree que ese mismo “drama” es aplicable al PSOE. La legislatura termina con un desencuentro importante de las fuerzas políticas —anteriormente amigas— de los socialistas, lo cual se traduce en esa votación precaria —aunque suficiente— del tramo de las enmiendas a la totalidad de los presupuestos. Insisto en que este hecho no baladí y digno de tomarse en cuenta.

Y es curioso —o no tan curioso— que la economía va a jugar un papel importante en los esfuerzos propagandísticos de PSOE y PP en la próxima campaña electoral. Es cierto que, siempre, los argumentos que afectan al bolsillo del elector y contribuyente tienen un gran peso. Pero en este caso más. Se aprecia que José Luis Rodríguez Zapatero está echando el resto gracias a la máquina del Estado para ofrecer futuras ventajas. La última hacía referencia —aunque un poco oscura— a que el superávit podría servir para bajar los impuestos, lo cual —claro— está por ver. No se conoce con exactitud cual será la oferta económica del PP. Su programa está todavía inédito. Se tiene la impresión de que primarán más los grandes asuntos políticos y territoriales, como lo son la unidad de España o la lucha contra ETA. A Mariano Rajoy no le gusta la economía. Sin embargo, sería ahora el momento a que el votante contara con el lógico contraste a las medidas ofrecidas por Zapatero. Ocurre, de todos modos, que la economía ha funcionado muy bien en los cuatro años de la legislatura del Gobierno socialista y es muy difícil atacar por ahí, salvo con el argumento de la “herencia recibida”.

Quedaría la posibilidad de la incorporación de Rodrigo Rato a las listas del PP —y por tanto a la formación del futuro gobierno— y que el fuera el encargado de poner el contrapunto a las citadas ofertas de Zapatero. Pero parece que Rato no quiere volver a la política y que tras unos meses buscará otro acomodo, probablemente en un banco español o extranjero. Queda —y ello en clara significación política— por saber como evolucionará la economía española de aquí a marzo. Si hubiera un fuerte traspié podría afectar a Zapatero, pero mirando al panorama con objetividad no se puede decir que el crack económico vaya a llegar a nuestro país en poco más de tres meses. Y ahí están —como se describen en otro lugar de este número— los resultados bancarios.



 



Crónica Política publicada en Banca15 nº 269 - del 1 al 15 de noviembre
por Ángel Gómez Escorial