Rajoy, Mas e Ibarretxe
La última encuesta del CIS —conocida el viernes 23 de noviembre— confirma muchas de las cosas aquí mantenidas aquí. Lo primero es el empate técnico de los resultados. Los datos, tanto para el PSOE como para el PP son tan iguales que, al final, la victoria o derrota se sustanciará por pocos miles de votos de diferencia. Asimismo, continúa la baja valoración del líder popular, Mariano Rajoy, en uno de los puntos mas bajos de toda la trayectoria. La realidad, por otro lado, es que si en ese 23 de noviembre, la “superioridad” del PSOOE sobre el PP era de dos puntos, cualquier cosa puede suceder. De todos modos, hay que observar unas cierta cautelas sobre los resultados de las encuestas, los datos en pormenor, en análisis más fino, casi nunca se cumplen.
REABAJAS FISCALES
La convención electoral del PP, ocurrida en el fin de semana anterior a la publicación de los datos anteriores, trajo una fuerte rebaja fiscal como promesa de los populares. Se trata de quitar rebajar a los 16.000 euros anuales la obligatoriedad de pagar IRPF. El argumento es que ese dinero, sacado de los impuestos y puesto en circulación en la calle, aumenta la actividad económica. Desde el PSOE, Pedro Solbes, respondía que a ver de donde se iban a sacar los 5.000 millones de euros de diferencia y que hacen falta de acuerdo con los gastos generales del Estado. Esta oferta de Mariano Rajoy, tuvo dos valoraciones.
Una, que era un poco “desesperada” y que resumía sus propias dificultades de valoración ante el voto de los ciudadanos. Y otra que se trataba de una “oferta típica” del PP. Es decir, intentar animar la economía mediante el incrementos de los gastos personales de los ciudadanos. De todos modos era la primera oferta concreta en ese periodo preelectoral en el que, todavía, los programas permanecen blindados para no dar pistas “al enemigo”
EL ACELERÓN INDEPENDENTISTA
La conferencia de Artur Mas en el Palacio de Congresos de Cataluña, con más de dos mil invitados, y entre ellos representantes consulares, pues no pasó desapercibida para nadie. Tambien ha planteado un referéndum y a lo que sé ve, la cuestión de la legalidad española cada día interesa menos tanto en Euskadi como en Cataluña. Hay un acelerón independentista verdaderamente difícil de prever hace, por ejemplo, dos años. Y se quiera o no, el Gobierno de España y los políticos nacionales han de tener en cuenta esa nueva situación.
Es verdad que asuntos como partición de la antigua Yugoslavia —con los últimos procesos independentistas de Macedonia y Kosovo—, la separación de Chequia y Eslovaquia, la nueva situación de la antigua URSS y sobre todo la situación de los “pequeños” países bálticos, todo ello hace que el nacimiento de nuevos países independientes dentro de la Península Ibérica no aparezca ya como un hecho completamente irrealizable. Pero estas cuestiones, con las posturas anunciadas por Ibarretxe y por Mas, deben ser vistas por el resto de España y por sus políticos con vías de solución y con un conocimiento general de lo que piensa todo el pueblo en Cataluña y en el País Vasco.
Es cierto que, tanto Mas como Ibarretxe, políticos de pura cepa, aprovechan ciertas situaciones para enviar su mensaje. En Euskadi, la negociación con ETA trajo una marginación grande del PNV y del Gobierno vasco, dando la idea de aquí allí solo había dos fuerzas, ETA y el Gobierno. En Cataluña, el fenómeno de la abstención creciente, y el avance en voto de algunos colectivos jóvenes lleva a Mas a hacer el actual discurso para arañar algunos —o muchos— votos más a los resultados de la generales. ¿Pero qué pueden hacer aquellos ciudadanos vascos y catalanes que no creen que la separación sea buena? Muchos hablan de la creación de incertidumbres en tiempos no fáciles. Otros que el autogobierno está ahí y que pueden ensayarse otras medidas que no sean la separación. Pero, apenas hay respuestas “nacionales” a esas demandas más centradas.
Si analizamos la cuestión general española, el cuestionamiento de la Monarquía —y, sobre todo, la gran figura del Rey Juan Carlos— supone, a mi juicio, una vuelta de tuerca más en el camino de desunión. El Rey es símbolo de una España democrática, creciente y con futuro. Y esa idea puede restar fuerza a lo que “venden” muchos nacionalistas, lo rancio, lo antiguo, lo corrupto, la tendencia multisecular al autoritarismo de todo lo español. Y eso, hoy por hoy, no es así.
Mi idea es que hay unos cientos de miles de ciudadanos en España que quieren marcharse, esa idea es legítima, pero también es necesario abrir un debate que analice esa cuestión fuera de los tópicos. Y eso no se quiere. Es necesario que los dos grandes partidos políticos españoles se tomen muy en serio esta “nueva” situación y que aporten soluciones dentro de sus programas nacionales. Esperemos que así sea.
![]() |
![]() |
|
| Crónica Política publicada en Banca15 nº 271 - del 1 al 15 de diciembre | por Ángel Gómez Escorial |
|