A la búsqueda del centro perdido
Marcel Proust publicó en 1913 una novela de tres mil páginas, que se titulaba “En busca del tiempo perdido”. Libro difícil y atrayente, minucioso, que poca gente ha leído —aunque es muy citado— que eleva casi a religión aquello de lo que pudo ser y no fue. Y, claro, el problema que se suscita ahora en el PP nos puede servir de línea paralela con el libro de Proust. Así, Mariano Rajoy ha iniciado en el PP la búsqueda del centro perdido y el remover el frasco de las esencias del partido de la madrileña calle de Génova todo suena y chirría. Tal vez, también, Rajoy ha cometido el error de prescindir de gente, cuanto tendría que haberse movido con una guardia de corps sin cargos, pero con poder. Y sin tocar a nadie.
Pero volvamos a la técnica de Proust, a lo minucioso. En realidad el único centro verdadero lo formó y lo usó la UCD. Además, el espectro quedaba claro. A la derecha, Alianza Popular formación meritoria que intentaba situar en el plano democrático a importantes personalidades del régimen anterior. Y la izquierda, el PSOE renovado en Suresnes. En la población de la beaulieu oeste de París, se sepultó al exilio, dando prioridad al socialista interior, más radical, pero más ligado a la sociedad española de entonces. La UCD se disolvió como un azucarillo al desa-parecer del partido Adolfo Suárez, o al romperse el támdem, Don Juan Carlos—Adolfo que fue fundamental para la transición desde la dictadura. Desde entonces, desde el año 1981, el centro quedó desaparecido. Quedaron, pues, como partidos principales dos formaciones, una de izquierda y otra de derecha. Pero en seguida supieron que si su mensaje se apartaba del límite central de las preferencias políticas se perdían votos. Incluso, tanto PSOE como PP han hecho permanentes encuestas para saber cómo les percibía el electorado. Pero las variaciones de rumbo eran —han sido— puro maquillaje.
El relato municioso
Felipe González venció por goleada a la UCD sin Suárez porque se sabía que el partido había desaparecido. José María Aznar ganó al PSOE porque se adivinaba un deterioro ético de un partido que llegó al poder con ese portaestandarte, no con el centrismo. José Luis Rodríguez Zapatero ha intentando inventarse un nuevo centro, el de la gente treintañera y cuarentona, bien reflejada.
—por ejemplo— mediante los personajes de algunas series de televisión. El PP, tras la salida del Gobierno en marzo de 2004 ha ejercido de “derecha frente a izquierda”. Ya en la campaña electoral de las elecciones del 2000 se “retrataba” al PSOE como una formación subsidiaria de IU, de los comunistas. Y llegan las elecciones del 9 de junio de 2008 y el pueblo —muy sabiamente, una vez más— se vuelca con los dos partidos principales, castiga a los nacionalistas y “perdona” a Zapatero, sus “derivas” no deseadas en los temas de ETA y de la singularidad del Estatut catalán. Ciertamente, Zapatero había corregido el rumbo.
Rajoy, por su parte, comprende que la bronca permanente y las posiciones más alejadas del centro como pueden ser ciertas intolerancias crónicas, le quitan los votos que le faltaron para ganar. Es cierto que el PP obtiene los mejores resultados en votos de su historia, sin que, claramente, sea el incremento demográfico la única causa del aumento. Y vistas así las cosas, Rajoy, con si habitual calma y objetividad, se dice: “Pues, vayámonos al centro”. Y en sus investigaciones descubre que, por supuesto, Aznar no está en el centro. Rodrigo Rato, tampoco; su gente como Juan Costa, tampoco. Manolo Pizarro, tampoco. El que controle el centro debe ser un tanto desgarrado, descamisado y desclasado. Fue Alfonso Guerra quien llamó a Adolfo Suárez desclasado y tenía razón. El único desgarrado, descamisado y desclasado a los ojos de la gente y dentro del PP es Alberto Ruiz Gallardón. Luego, don Alberto en la intimidad no lo será tanto, no responderá totalmente a esas tres virtudes. Pero la percepción es esa.
¿Y cuál es la reacción de muchos de los prominentes militantes del PP? Pues no permitirle al “advenedizo”, a Rajoy, los experimentos. Y menos desplazando del poder públicamente a esos puntales que, sin duda, lo son también del concepto de la derecha. ¿Por qué llamo advenedizo a Rajoy? Pues es muy sencillo. Aznar le nombra sucesor a título de presidente porque supone que le va a seguir siendo inteligentemente fiel como durante sus años de colaboración más estrecha. El nombramiento de Rajoy evitó el encumbramiento de gente como, por ejemplo, Rodrigo Rato que sí jugó la carta de hacerse con la dirección del partido, frente a Aznar. Rajoy sabe también que Zapatero tiene un corazón de izquierdas y que no cree en el centro. Cree, como máximo, en una sociedad que responde a principios socialdemócratas, con muchos signos y tics de la izquierda dura. Pero el centro no es eso. Y por eso cree que su única solución en hacer centro-centro. Pero, ¿va a poder hacer eso dentro de un partido de derechas? Probablemente, no.
¿Y que va a pasar ahora en el PP? No es fácil adivinarlo, aunque la estructura de mando y de control está con el presidente, como en las juntas de accionistas de los bancos. La presidencia arrastra el voto organizativo que es el que más seguridades tiene de ganar. Rajoy, por su parte, clama para que salga ya el candidato contrario, sobre todo para que el tiempo de espera le queme. Un candidato imprevisto de última hora podría ganar in extremis, como pasó con Zapatero en el PSOE. De todas formas, lo que parece más improbable es que se consolide el centro. Y, sobre todo, que Rajoy consiga encontrar esa arca pérdida que contiene las esencias del triunfo electoral.
Las cuestiones del PSOE
Ya he informado que José Luis Rodríguez Zapatero está acometiendo una reforma profunda en el PSOE que, en cierta forma, terminará con la herencia de Suresnes. Él quiere un partido más abierto a las masas, más de simpatizantes cercanos que de militantes organizados. Incluso piensa en el cambio territorial adaptándose a las exigencias de la nueva realidad demográfica en la que, por ejemplo, no se puede olvidar a los inmigrantes. En fin, que Zapatero busca una organización mas cívica que política, con el sabor y olor de las antiguas asociaciones de vecinos de la transición que tuvieron su papel en la izquierda de la transición. Y es obvio —también lo he dicho— que su éxito electoral ha terminado prácticamente con la oposición interna que fue muy importante ante la negociación con ETA y el tema catalán.
Pero me ha resultado muy interesante leer la entrevista que María Antonia Iglesias le ha hecho a Alfonso Guerra en el “colorín” de El País, con fecha 25 de Mayo. Guerra narra bien la evolución del PSOE, considero un error que Felipe González renunciase a ser diputado y marca cómo ha sido su relación con Zapatero. Guerra ha mantenido dentro del PSOE la única tendencia coherente: el guerrismo. Y es obvio que discrepó de la citada deriva planteada por Zapatero. Pero eso ya ha pasado, porque el PSOE con los laureles del triunfo electoral se dispone a cambiar. Y sin tropiezos.
NOTA ECONÓMICA
Inquietud “festiva”
No deseamos ser frívolos pero en España los malos augurios sobre la evolución de la crisis interior
—parón de la vivienda, subida de las hipotecas, sensibles amenazas de desempleo— se curan mediante las salidas de los fines de semana, cuya intensidad no decrece. La industria hostelera sigue ahí, mientras
—por ejemplo— cae el sector del automóvil. Pero hay que citar también el retroceso severo de algunas capas de población que “ya no salen a cenar”.
TIPOS AL DESCUBIERTO
Miguel Martín
Siguiendo con su esfuerzo divulgador, Miguel Martín, presidente de la AEB dio una excelente lección sobre la crisis financiera en el Encuentro Financiero de “Nueva Economía, merece la pena leerlo en la web de la AEB.
Ricardo Fornesa
Es importante —mucho— el salto que ha dado Criteria, que preside Ricardo Fornesa, en México. Va a competir con BBVA y Santander. Y todo ello de la mano del influyente y todopoderoso, Carlos Slim con Inbursa.
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Crónica Política publicada en Banca15 nº 283 - del 1 al 15 de junio de 2008 |
por Ángel Gómez Escorial |
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