Un congreso nada económico

 

Un poco ocurrió, con los augures y enterados habituales, en el congreso del PSOE lo mismo con el del PP, no acertaron una. Profetizaron que Rajoy iba a tener muchas dificultades y, en realidad, lo suyo fue un paseo triunfal. Pronosticaron que en el conclave socialista no iba a pasar nada, salvo el reforzamiento del liderazgo de Rodríguez Zapatero y una cierta apertura de las sedes a la “gente normal”, no política. Tampoco les salió la quiniela.

Y si, ciertamente, es verdad que Zapatero ha conseguido todo el poder en su partido, lo cierto es que los contenidos de reforma sobre la ley del aborto, el desarrollo de la puesta en marcha de la eutanasia “activa” y la retirada de los símbolos religiosos de los establecimientos públicos marcaban un cariz muy denso a lo producido por el congreso. Además, el nombramiento de Leire Pajín como secretaria general del PSOE marcaba otro punto de acceso de la mujer a los puestos claves de la representación política. Ahí están en el PP, Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz, y María Dolores de Cospedal como también secretaria general. Pero lo inesperado era la asunción de esos temas que muchos pensaron que se iban a quedar para más adelante. El mismo lunes, en la Ejecutiva del PSOE, Zapatero afirmó que esas propuestas caminarían rápido por el camino del legislador.

Batería de medidas

La realidad es que no se esperaba, dentro del Congreso socialista, que la batería de medidas, aprobada por el plenario del PSOE, tomara velocidad inusitada hacia las galeradas del Boletín Oficial del Estado (BOE). Pero, realmente, si un partido está en el Gobierno tendrá que ser coherente con su militancia. Sea como fuere, se esperaba otra cosa. O, mejor, no se esperaba nada, salvo un movimiento de adhesión inquebrantable a Zapatero. Ni siquiera el nombramiento de Leire Pajín.
La apertura a la nueva legislación sobre el aborto y el inicio de un “gran debate” sobre la eutanasia tenderán a estropear, aun más, las relaciones con la Iglesia, aunque haya “paz y quietud” desde que el Cardenal Rouco fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal. La marcha a Roma del Cardenal Cañizares a un dicasterio —el de los sacramentos— de la Santa Sede también abre incógnitas sobre esa relación. Cañizares no ha hurtado jamás ni una crítica a la actitud laicista del Gobierno. Y es curioso que tras aprobar la “caída” de los símbolos religiosos de los establecimientos públicos, el propio Zapatero haya vetado la desaparición de los funerales de Estado, que se harán como hasta ahora.

La propia suerte de Zapatero

Y es verdad que ese Congreso, siguiendo al pie de la letra las instrucciones de su jefe no habló de crisis económica cuando, en realidad, la apuesta es ya para la recesión que se podía declarar en el cuarto trimestre de este 2008 o en el primero de 2009. Una de las claves puede estar en lo que contaba un ilustre y avispado banquero —simpatizante del PSOE desde hace lustros— que, aunque lo refería con tintes de anécdota o chascarrillo. Parece que José Luis Rodríguez Zapatero confía en su suerte para sortear la crisis económica. Los efectos electorales, según el presunto razonamiento del presidente del Gobierno es que, electoralmente, la crisis le puede comenzar a hacer daño a partir de 2010, que en marzo de ese año cumple el ecuador de su legislatura, y para ese tiempo la innominada crisis ya habrá remitido. Hasta entonces no es cuestión de hacer engordar el “miedo al miedo” de los problemas económicos.

En cierta medida, Pedro Solbes, apuntaba que su principal trabajo está siendo evitar la recesión. Y esta, técnicamente, no es otra cosa que “atesorar” dos trimestres con PIB negativo. Si se evitase la recesión, según el baremo, de Zapatero no se podría hablar de crisis. Pero, claro, la cuestión semántica continúa, porque los síntomas son inquietantes y siempre tienen efecto multiplicador.

Pero para un economista, situado en el servicio de estudios de una gran entidad, lo absurdo es que al demostrarse un “pudor” excesivo a hablar de crisis se está dando un mensaje contradictorio a los mercados y a la ciudadanía. Se dice que si no se habla de ella será porque es más grave de lo que se dice. Merecía pues la pena que el Gobierno definiera plazo e intensidad de lo que se nos está viniendo encima. Es razonable, por otro lado, que el Gobierno espere a los resultados de sus medidas de reacción para la demanda y, en general, para evitar deteriores mayores. De todos modos, nuestro interlocutor nos decía que el Gobierno había medido mal los efectos de la crisis interna y que tenía unas previsiones de menor descenso del PIB con lo cual unas décimas de mejora, producidas por esas medidas, sobre una porcentaje más alto que el ocurrido, hubiera sido determinante. Ahora, sin embargo, se ve que la reacción no va a ser suficiente. Sea como fuere, Zapatero se ha convertido en protagonista “indeseado” por su falta de claridad respecto a la crisis. Y por eso es portada del presente número. Y se cita en varios trabajos —cover story y editorial— el problema de este problema.

Blanco y Sebastián

Rodríguez Zapatero explicó el cambio en torno a José Blanco, tras el nombramiento de Leire Pajín como secretaria de organización. El congreso nombraba a Blanco vicesecretario general, cargo que ocupó unos meses Alfonso Guerra y que estaba vacante desde entonces. La misma Pajín se declaraba la “número tres” del partido dejando el “número dos” para José Blanco. Pero todo el mundo sabe que el eficaz “gran fontanero” gallego camina hacia el Gobierno y en él estará en la “obligatoria” crisis de 2010 o, incluso, antes. Blanco ha querido estar en el Gobierno desde hace tiempo, pero ha cumplido el encargo de Zapatero de dominar y terminar con la disidencia en el “interior”, Ahora, cuando se termine el rodaje de Leire Pajín, él marchará al Gabinete ministerial y muy probablemente a la zona de presidencia e, incluso, bien podría ser el sustituto de María Teresa Fernández de la Vega, aunque el lado femenino del Gobierno y del partido tienen a la vicepresidenta como autentica “jefa de filas”. Ya veremos.

Y hasta ahora el plan de ahorro más fuerte que se ha impuesto el Gobierno lo va a llevar a cabo el ministro de Industria, Miguel Sebastián, que pretende ahorrar un diez por ciento de la factura energética que supondrá más de 5.000 millones de menos. Las medidas para implementar dicho plan no eran del todo conocidas a la hora de cerrar la presente edición de BANCA 15, pero implican, prácticamente, a todos los servicios y áreas de la producción. Ahora hay que saber si se cumplirán esas previsiones. No obstante en estos días se producía —y por primera vez en muchos años— un descenso del consumo de los combustibles de automoción, que ha producido bastantes alarmas en todo en el entramado petrolero español. La carestía de esos productos y la crisis favorecen la idea de no usar el automóvil. Eso ya es un ahorro, pero forma parte de la inexistente crisis. ¿O no?


Nota económica

La recesión

Realmente toda la crónica adjunta es una “nota económica”. El Gobierno y el señor Rodríguez Zapatero siguen sin hablar de crisis, aunque los datos negativos se siguen acumulando en el panorama español. Un síntoma que ya recogemos en la crónica es el descenso en el consumo de las gasolinas que habrá que estudiar más en profundidad. La cuestión semántica sobre la crisis no esconde que el vicepresidente Solbes esté trabajando para evitar la entrada en recesión que eso si se puede medir. De todos modos, la mayor parte de los colectivos creen que es inevitable y que aparecerá antes de que termine 2008. Y eso son ya palabras mayores.


Tipos al descubierto

Ana Patricia Botín

Hubo expectación en torno a los datos semestrales de Banesto —los primeros en presentarse— y se esperaba las explicaciones de la presidente Ana Patricia Botín sobre la crisis que, aunque no exista, nos atenaza.

Miguel Sebastián

Se ha visto con especial interés el plan de ahorro de energía preconizado por el ministro de Industria, Miguel Sebastian. Pero, se duda de su eficacia por la insolidaridad de los usuarios.


 


Crónica Política publicada en Banca15 nº 286 - del 15 al 31 de julio de 2008

por Ángel Gómez Escorial