POR Ángel Gómez Escorial

El BBVA celebra su siglo y medio de vida dentro de una realidad actual muy brillante. Y ese éxito de hoy está en las manos de un hombre singular y, tal vez, no muy bien conocido, Francisco González, triunfador hoy, sin duda; pero, en su momento, contra todo pronóstico.

La anunciábamos en nuestro número de agosto la aparición del reportaje referido a los 150 años de historia del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA). Es, sin duda, verdaderamente singular que las dos grandes entidades españolas —Santander y BBVA— cumplan este mismo año los 150 años de existencia. Incluso, nuestro primer proyecto fue dar en un mismo número ambos reportajes, pero habríamos empleado en ese número un espacio similar a una edición normal, sin poder incluir nada más. La estructura del presente reportaje del BBVA es similar a la utilizada en el relativo al Banco Santander. Es decir, una introducción personalizada por mis recuerdos y luego la historia narrada con materiales presentados por la propia entidad.

Una primera reflexión en torno a este hito histórico por el cual dos grandes bancos españoles cumplan 150 años —la fundación en 1857 de Banco Santander y Banco de Bilbao— incide en que en los primeros años de la década de los ochenta, cuando se estaban fraguando los basamentos de la banca española moderna, ni el Bilbao, ni el Santander, eran los más grandes, ni de cerca. Ambos —en esos años— eran entidades prestigiosas, muy profesionalizadas, pero medianas en el contexto de los gigantes de entonces Central, Banesto e Hispanoamericano. Esa posición de no tanto tamaño les dio, tal vez, una ligereza de movimientos que los “grandes” no tenían. Ahí puede estar el origen de su éxito.

El “inventor de las fusiones”

Sin embargo, José Ángel Sánchez-Asiaín, a la sazón presidente de Banco de Bilbao, fue el “inventor” de las fusiones en España. Y, así, lanzó en esos ochenta, una fusión no amistosa contra el Banco Español de Crédito.
La idea no era tan descabellada pues dejó, prácticamente, al Consejo de Banesto inerme o desarmado. Tuvieron que ser las ayudas exteriores y, entre ellas, la contra-OPA del Banco Central de Alfonso Escámez, en contra de los planes de Sánchez Asiaín, lo que dio al traste con una operación, al parecer, no mal trazada y que, en clave tenía nombre de marca de reloj.

Obviamente el desconcierto que produjo la OPA del Bilbao es lo que hizo posible la llegada al poder en Banesto de alguien completamente ajeno a la banca y al medio financiero como lo era Mario Conde.

Sin duda, Sánchez Asiaín, se adelantó a su tiempo. Y el fracaso forzado de la OPA contra Banesto le llevó a planear ya otra más vasca: con el Vizcaya.

Pedro de Toledo, un personaje de enorme capacidad de trabajo y de análisis de la realidad inmediata, a la sazón presidente del Vizcaya, quiso fusionarse con el Central, para evitar el “ataque bilbaíno”. Y así se lo propuso a Alfonso Escámez, pero ahí llegó demasiado pronto.

Todavía no se había producido el “acoso” a Escámez por parte del ministerio de Economía. Y lo curioso es que Escámez y Toledo mantenían una buena relación. Probablemente, se hubieran entendido bien en una fusión. Pero, además, todo que el que conociera el interior del Bilbao y del Vizcaya podía intuir la dificultad para entenderse y colaborar. Eran viejos y fuertes rivales en Bilbao y en Euskadi. Afortunadamente para mí he conocido a José Ángel Sánchez Asiaín y a Pedro de Toledo los cuales siempre me han parecido personas de enorme calidad, pero diametralmente distintos.

Sánchez Asiaín tenía talante de profesor universitario, con tendencia a la innovación y a abrir nuevos caminos dentro de un cierto sentido intelectual y de investigación empírica.

Por supuesto fue el Bilbao quien introdujo la tarjeta de crédito —lo que años después sería VISA—y responsable, entonces, junto con El Corte Ingles, del extraordinario nivel de aceptación que en España goza el llamado dinero de plástico, yendo siempre por delante de otros países europeos.
Creyó también en la segmentación de la audiencia creando, aún sin éxito, el Banco de la Mujer.
Pedro de Toledo fue, sin duda, el inventor de la comercialización moderna del negocio bancario, no basándose en técnicas extranjeras, creando sus propios sistemas de marketing basados en equipos muy cohesionados entre sí, pero con una enorme competencia interna que les hacía triunfar. Nadie puede negar que los alumnos —y herederos— de Pedro de Toledo han creado escuela y muy buena.

Un laudo

Pero la realidad es que el interior de la fusión entre el Bilbao y el Vizcaya don Pedro y don José Ángel chocaron de frente como dos potentes locomotoras dotadas, ambas, arrastrando muchos y buenos vagones. Y esa fusión fue una batalla campal que solo se solucionó un laudo del Banco de España.

El gran problema surgió cuando fallece, en vuelo hacia Estados Unidos, Pedro de Toledo. Aquejado de una enfermedad hepática no quiso hacer manifiesta la gravedad de la misma para que eso no fuera un síntoma de debilidad que pudieran aprovechar sus contrarios. Hecho terrible que todavía me impacta: Pedro se dejó morir por no perder una guerra. El fallecimiento de Pedro Toledo alteraba las bases de fusión y nadie se ponía de acuerdo, llegando a producirse, por ejemplo, una feroz guerra mediática proyectada desde comunicados contrarios impresos en el mismo papel, con el mismo logotipo.

El laudo del Banco de España resolvió el asunto nombrado presidente a Emilio Ybarra, a la sazón vicepresidente del BBVA, procedente del Bilbao. Desde luego Ybarra tuvo éxito en la pacificación de la Casa y en la culminación de la fusión. Y, desde ese momento, el BBV alcanzó un gran desarrollo aplicándose con eficacia la llamada “guerra en la calle” que, sin duda, preconizó Pedro de Toledo, pero que aplicó magníficamente un hombre procedente del Bilbao, Pedro Luis Uriarte, quien, asimismo, fue un excelente aglutinador de equipos, como Toledo.

La fusión con Argentaria

Pero es obvio que al producirse en enero de 1999 la fusión entre el Santander y el Central Hispano –y con el euro en la recamara—la relación de fuerzas en el mapa bancario se había modificado.

Y la única posibilidad de superar al Banco Santander Central Hispano (BSCH) era la unión con Argentaria. Lo que pasaba es que tanto Ybarra como Uriarte deseaban la pura compra de Argentaria obviando los derechos “sucesorios” para Francisco González. Ese largo periodo que va de enero a octubre se gastó en el esfuerzo de “quitar del medio” a González. Pero, este resistió y, finalmente, se llegó a la fusión. Ya se sabe: el que resiste gana.

Y se estableció un periodo de presidencia conjunta entre Ybarra y González, que terminaría con la asunción a la presidencia única de Francisco González. En fin, como ya se narra más adelante, la gran visión de González fue convertir a Argentaria en una sola entidad, lejos de la idea de una corporación bancaria “confederal”, lo que, desde luego, facilitó la fusión.

Los orígenes: los tres hitos

Las siglas BBVA integran 150 bancos en sus 150 años de existencia; sin embargo, tres son las entidades principales que marcan su actual configuración: Banco de Bilbao, Banco de Vizcaya y Argentaria, entidad que integró la banca pública a finales del siglo XX. Los orígenes de BBVA se remontan a 1857, cuando un grupo de empresarios y comerciantes de espíritu emprendedor aglutinados en torno a la Junta de Comercio de Bilbao, una de las ciudades más industrializadas de la época, decidieron fundar el Banco de Bilbao.

Se trató de una iniciativa innovadora, impulsada por un contexto de crecimiento económico de la región del país vasco. De hecho, los fundadores buscaban vías de financiación más ágiles que las que en ese momento les proporcionaba el Banco de España y que necesitaban para desarrollar sus industrias. Además, el Banco de Bilbao recibió el privilegio de poder emitir billetes. Desde su creación hasta finales del siglo XIX, Banco de Bilbao operó casi en solitario en esa ciudad y actuó de financiador de importantes obras de infraestructuras (ferrocarriles) y de apoyo al desarrollo de la industria siderúrgica y del carbón. En 1878 perdió la facultad de emitir billetes propios y se reorganizó como banco de préstamos y descuento.

De forma paralela, en el año 1901, se fundó Banco de Vizcaya, también en Bilbao. Esta entidad apostó desde el principio por un fuerte proceso de expansión a través de la implantación de agencias en los pueblos cercanos y por una fuerte actividad industrial. España asistía en esos años a una gran proliferación de bancos en las principales ciudades del país, proceso que se convirtió en una eclosión como efecto de la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial. A la vez, esa explosión se concretó en procesos de concentración y de unión de bancos para crear entidades más grandes, con mayor capacidad de crecimiento. Muchos de ellos acabaron con el paso de los años en los grupos de Banco de Bilbao y Banco de Vizcaya.

La banca pública en España

El tercer gran hito en la historia de BBVA fue la constitución de la banca oficial en el primer cuarto del siglo XX en una coyuntura de fuerte actividad económica y financiera en España. El antecedente de este proceso tuvo lugar en 1873 con la creación del Banco Hipotecario, que surge por la necesidad de contar con una entidad de crédito territorial con carácter estatal. En 1909 se crea la Caja Postal de Ahorros como entidad de derecho público, aunque no es hasta 1916 cuando empieza a prestar servicios con la emisión y administración de libretas de ahorro. La progresión del tejido industrial en el país prosigue entre 1917 y 1920 con el planteamiento y la fundación del Banco de Crédito Industrial (BCI), acompañado de otros institutos, como uno relacionado con el sector pesquero y la marina. En 1925 se constituyó el Banco de Crédito Local (BCL), entidad que aún pervive dentro del Grupo BBVA como banco especializado en la financiación de las corporaciones locales.
El proceso culmina en 1929 con la creación del Banco Exterior de España (BEX), sociedad que con el paso de los años, fue clave en la relación de España con los mercados internacionales, tanto en la financiación de las exportaciones de productos españoles como en las importaciones.

El diseño de la banca oficial tiene su colofón en 1962 con la reforma de la Ley de Ordenación Bancaria, por la que se crea la Banca Pública, pasando estas entidades al control del Estado. Fruto de esta norma, se nacionalizan el Banco de Crédito Industrial y el Banco Hipotecario, y se transforma el Servicio Nacional de Crédito Agrícola en el Banco de Crédito Agrícola (BCA). Todos ellos se transforman en entidades de derecho público. Unos años después, en 1971, se convierten en entidades oficiales de crédito como sociedades anónimas.

Fase de crecimiento

Junto a este fenómeno y al desarrollo de la banca pública, y después de unos años en los que se ralentizó el proceso de uniones bancarias en España, en los años 60 asistimos a un nuevo proceso de expansión de las entidades financieras. BBV tiene un papel muy activo en ese proceso, y en 1970 absorbe varias entidades de mediano tamaño en los que ya tiene participación. Banco de Vizcaya también había adquirido en los últimos años otras entidades pequeñas, que le permitieron ir ganando tamaño y situarse entre los primeros grupos financieros del país. El salto adelante que dio la banca española en los años setenta, y especialmente Banco de Bilbao, Banco de Vizcaya y las entidades que conformaban la banca pública, fue la antesala de los movimientos que se registraron en el sector en las dos últimas décadas del siglo XX, cuando emergieron en España bancos de gran calado financiero, económico y social, y, sobre todo, de una gran solidez financiero y un tamaño suficiente para preparar su gran proceso de internacionalización.

Concentración bancaria

El quinquenio que transcurrió entre 1987 y 1991 se caracterizó por un proceso de intensa concentración bancaria que afectó a seis de los siete mayores bancos del país y a algunas de las principales cajas de ahorro.
Una de esas operaciones la protagonizaron Banco de Bilbao y Banco de Vizcaya en 1998, que se fusionaron para crear BBV, una de las primeras entidades financieras españolas.

Los presidentes de ambos bancos, José Ángel Sánchez Asiaín y Pedro Toledo, pilotaron la operación bajo el convencimiento de que era necesario para los bancos españoles alcanzar un mayor tamaño y dimensión para poder competir en el mercado único europeo, en pleno proceso de apertura política y económica.
Mientras BBV daba sus primeros pasos para consolidarse como un sólo banco, el Gobierno español del PSOE decidió en mayo de 1991 integrar las siete entidades que conformaban la banca pública en una único holding, la Corporación Bancaria de España (Argentaria), que nace como una sociedad estatal y entidad de crédito con estatuto de banco.

En esa sociedad, que conforma un potente grupo financiero, se integran, entre otras, el Banco Exterior de España, el Banco de Crédito Industrial, el Banco Hipotecario o la Caja Postal. Tras la integración se implanta un modelo de banca federada en el que cada entidad sigue operando en el mercado con su marca propia. Esta idea “confederal” era de Francisco Luzón, prominente personaje del Vizcaya, quien se incorporaba, primero a la presidencia del Banco Exterior, para constituir Argentaria. Luzón era el primer ejecutivo de nivel que abandonaba el Vizcaya por la fusión con el BBV. Obviamente, el nombramiento de Luzón era político. Y posteriormente, el de Francisco González también lo sería.

González y Argentaria

Pero la realidad es que la Corporación Bancaria de España registró un impulso definitivo para su desarrollo en mayo de 1996 con el nombramiento como presidente de Francisco González, actual presidente de BBVA.
González, un ex agente de cambio y bolsa número uno de su promoción, era un gran conocedor de los mercados financieros, ya que fue propietario de FG Inversiones, sociedad de bolsa que llegó a ser la primera firma de valores independiente del país y que luego fue adquirida por Merrill Lynch. El gran mérito de González fue ordenar y reunir la “confederación” bancaria de Argentaria en una sola entidad bancaria. Sin esa concentración la fusión con el BBV no hubiera sido posible.

Y es que durante los casi cuatro años (1996-1999) Francisco González, como decíamos, llevó a cabo una profunda transformación del antiguo grupo bancario público. Su gestión estuvo presidida por cuatro grandes líneas de actuación. Reestructuró el Banco Exterior, una de las principales piezas del holding, pero necesitado de un reenfoque en su actividad.

Culminó el proceso de privatización de la Corporación en 1988 con la colocación en Bolsa del 29% del capital que todavía mantenía el Estado.

Además, dirigió la integración de las distintas entidades del grupo en un único banco que pasó a operar, a partir de 1988, con una marca única (Argentaria). Y, por último, impulsó una profunda transformación tecnológica en Argentaria. Todo ello situó al banco, ya totalmente privado, en posición de alcanzar mayores metas.

La fusión BBVA

Esa posibilidad surgió a finales de 1999. El 19 de octubre de ese año, BBV y Argentaria anuncian su fusión por la que se creó Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, en ese momento, el mayor banco español. El objetivo fundamental es, de nuevo, adquirir un mayor tamaño para poder crear más valor para los accionistas.

BBVA nació con una fuerte solvencia patrimonial y una sólida estructura financiera, una adecuada diversificación geográfica de los negocios y de los riesgos. El nuevo grupo nace con una amplia red de oficinas en España y una fuerte presencia internacional, principalmente localizada en Latinoamérica.

El proyecto recibió un firme impulso en enero de 2000 cuando se adoptó la marca única de BBVA, lo que le permitió generar en poco tiempo una imagen como entidad con identidad propia y diferenciada. El proceso de integración de las dos entidades fue modélico, ya que se cerró en un plazo récord de 14 meses. Al frente del nuevo gigante bancario se situaron Emilio Ybarra, presidente de BBV, y Francisco González, presidente de Argentaria.

La expansión internacional

Junto al desarrollo local de BBVA en España, el banco tiene una amplia trayectoria internacional que se inició en 1902, cuando Banco de Bilbao abrió en París la primera sucursal en el extranjero de un banco privado español. Unos años después, en 1918, se instaló en Londres.

Varias décadas después, a partir de 1970, Banco de Bilbao adquirió el Banc Internacional de Andorra, y creó filiales en Jersey, Panamá, Alemania y Suiza. Banco de Vizcaya participó en 1920, junto a otros bancos españoles, en la constitución en París de los bancos Francés y Español. Después, desarrolló un proceso de internacionalización mediante la absorción de los negocios y participaciones del Banco Occidental: en Puerto Rico se hace con Banco Comercial de Mayagüez, y en Bélgica con Gesbanque. A estas adquisiciones se sumaron las oficinas que abrió en plazas como Milán y Nueva York.

Por su parte, el Banco Exterior fijó su atención en sus primeros años de existencia (1929-1935) en las zonas de influencia española en África. A partir de 1940 asumió el papel de representante financiero en el exterior: adquirió el Banco Español en París, el Banco Español en Londres, y, tras la independencia de Marruecos en 1956, la sucursal en Casablanca del Banco Español en París. La penetración del BEX en Estados Unidos se remonta a 1946, cuando creó una filial – Interchange Comercial Corporation-. En 1977 amplió su presencia en EE.UU. al adquirir en subasta Century National Bank & Trust Company, y en 1980 crea EXTEBANK en Nueva York. El BEX completó su presencia en el continente americano con la instalación de nuevos bancos en Panamá y Paraguay (1967), Nicaragua (1977), Chile y Ecuador (1978), Argentina (1980) y Uruguay (1981).

Pero el gran salto internacional del Grupo se produjo a mediados de la década de los 90, ya de la mano de BBV.
En 1995 se fraguó la compra de Banco Continental en Perú, la primera gran adquisición en Latinoamérica – tres años antes había adquirido el mexicano Probursa -. A partir de entonces, BBVA se fue haciendo con entidades en Colombia (Banco Ganadero), Argentina (Banco Francés), Venezuela (Banco Provincial) y Chile (BHIF).
Esta presencia en Latinoamérica culmina en 2000 con la toma, ya por BBVA, de una participación mayoritaria en Bancomer, líder de la banca mexicana y el mayor banco privado de América Latina. Cuatro años después, el Grupo se hizo con el control total de BBVA Bancomer. Volviendo a la trayectoria de BBVA, en diciembre de 2001 se produjo un acontecimiento relevante para su futuro: Francisco González asume la presidencia única de BBVA y José Ignacio Goirigolzarri es nombrado consejero delegado. Este hecho marcó el inicio de una nueva etapa en BBVA marcada en una nueva línea estratégica y en un innovador concepto de entender la actividad bancaria, superando el modelo tradicional.

Una nueva etapa

Bajo la presidencia de Francisco González, BBVA puso en marcha a partir de 2002 una un nuevo modelo estratégico focalizado a la creación de valor a través del crecimiento rentable y la innovación. Este modelo tiene tres ejes fundamentales: un adecuado posicionamiento corporativo del Grupo, con una asignación de capital a los negocios y a las zonas geográficas de mayor crecimiento y mejor rentabilidad ajustada al riesgo; el desarrollo de un modelo de negocio basado en una gestión apropiada de la eficiencia, de las redes de distribución y del riesgo; y, por último, en una “explosión” de la innovación en todas las áreas y procesos del Grupo, de forma que —según palabras muy queridas del presidente González— la innovación se introduce en el ADN de BBVA.

La plata de Burgos

No está narrado en el siguiente recorrido histórico del BBVA el episodio de la “plata de Burgos” y que no es otro que un intento de hacer quebrar —lo cuento en trazos gruesos— al Banco de Bilbao por parte de su competencia de entonces y que era una caja de ahorros o entidad similar. La cuestión es que el Bilbao tenía el privilegio de poder emitir papel moneda (billetes) que representaba el valor en metálico –en monedas de plata y oro—que figuraba en los billetes.

Todavía los últimos billetes en pesetas portaban la leyenda de “el Banco de España pagará al portador…” que no era otra cosa que una reminiscencia de aquella obligación de dar metal a todo poseedor de un billete.
Total que esa malévola competencia —era la mitad del siglo XIX—forzó la situación y mucha gente quiso cambiar sus billetes por monedas ante la sospecha de que no existía en las arcas del Bilbao dicho contravalor.
Los responsables del banco hicieron dos cosas: una abrir un despacho específico para atender a todos los que quisieran cambiar y otra pasear “sin intención” por Bilbao, un convoy de mulas, procedente de Burgos y convenientemente protegido por la Guardia civil.

Las alforjas de los animales de carga venían repletas de monedas de plata. Nadie, o casi nadie, utilizó la “oficina de cambio” y el peligro de quiebra se alejó.