
CAPITULO X
La evolución del Santander
El Santander evoluciona junto con su presidente Emilio Botín-Sanz de Sautola García de los Ríos. Tras acceder a la presidencia de la entidad cántabra, el 19 de noviembre de 1986, intenta seguir la saga familiar pero convirtiendo a un banco pequeño, pero fuerte, en la primera entidad española. También hay que contar que el mismo Emilio Botín tenía previsto ser el number one del sector.
En
nuestro anterior capítulo reflejábamos los cambios que se habían
ido acometiendo en el BCH con la llegada de Ángel Corcóstegui
y que, en realidad, pusieron al banco en una situación más conveniente
para fusionarse. Decíamos que mientras que el BCH iba resolviendo sus
problemas mediante un amplio equipo de gestión y venta de algunas de
sus participadas, sobre todo bancos filiales, Santander, a pesar de su crecimiento,
mantenía una cúpula no muy amplia. Un sistema de trabajo más
basado en el negocio de financiero que en el negocio de clientes. Rodrigo
Echenique el histórico consejero delegado, se había retirado
del servicio activo. Un intento de posicionarse en Estados Unidos, dentro
de una entidad muy prestigiosa como era el First Fidelity se había
tenido que abandonar, eso sí, con una muy fuerte plusvalía.
La compra del Banesto había producido en el Santander un cambio de modo. Es cuando se comenzó a decir que Emilio Botín abandonaba su tendencia al juego duro de las finanzas para pensar en crecer dentro del mercado español. Nadie puede dudar que en los primeros años de la década de los noventa Emilio Botín-Sanz de Sautola García de los Ríos experimenta un cambio profundo en su forma de ver la banca y comienza a pensar que le interesa convertir a su entidad en el primer banco de España y el ser el primer banquero de este país.
Fue
muy habitual que las familias de los fundadores de un banco continuasen manteniendo
el control de la entidad durante generaciones. Y estos casos se dieron en
Banesto, Hispano, en el Central y, naturalmente, en los bancos de apellido
como fue el Urquijo. En el Santander se mantiene la saga y Emilio Botín
Ríos es hijo y nieto de banqueros
y de presidente. Digamos para
redondear que solo hoy el Banco Guipuzcoano, con José Maria Aguirre
González mantiene la saga iniciada por el mítico don José
Maria Aguirre Gonzalo, que fue también presidente de Banesto.
Y así, una de las teorías que el autor de los presentes Cuadernos mantiene es que Emilio Botín en un momento dado y probablemente unos meses después de la compra de Banesto decide convertir al Santander en el primer banco de España y por supuesto ejercer él mismo como líder del sector. En el pasado su poca afición a la reunión de los llamados Siete Grandes, en las que el primer banquero hacía de anfitrión, hizo pensar que no le interesaban esas convenciones. De todas formas es lógico y hasta plausible que si su padre, el mítico don Emilio Botín convirtió un banquito de provincias en gran banco nacional que se aupaba el régimen de los siete, pues el debería intentar por coherencia de la saga llegar al liderazgo. ¿Cuándo se produce ese cambio? Muy probablemente en la cercanía de Alfredo Sáenz, presidente de Banesto y hasta entonces vicepresidente del BBV y heredero oficial de Pedro de Toledo.
Hijo y nieto de banqueros
Emilio Botín-Sanz de Sautola García de los Ríos nace en Santander en 1934. Estudia primero derecho en Valladolid, la universidad natural de Cantabria en esos años, pero luego acude a la Universidad bilbaína de Deusto la famosísima Comercial donde se licenciarían en Económicas. Terminados sus estudios, sin cumplir todavía los 25 años, se incorpora al Banco Santander y por deseo propioy de acuerdo con su padre, recorrió todos los estamentos del negocio bancario. Un verano estuvo de ventanillero, mientras el resto de la familia pasaba placentera vacaciones en las playas y campiñas de La Montaña.
Ya en 1964 fue nombrado director general y comenzó a ejercer de una especie de consejero delegado provisional, marcado por las decisiones continuas y dicen imprevisibles de su padre. Pero pasado el tiempo y en casi toda la década de los setenta y en los primeros años ochenta ejerció de primer ejecutivo de la entidad, intentando producir cambios que, a veces, su padre le discutía e, incluso, evitaba. El 19 de noviembre de 1986, con el ambiente sonando a cambios y fusiones, ocupó la presidencia del banco, tras la jubilación de don Emilio.
De
esa época proceden sus ausencias de las reuniones de los Siete Grandes
entonces el anfitrión era Alfonso Escámez, presidente
del Banco Central en donde se encontraban personajes de enorme importancia,
además del propio Escámez. José Ángel Sánchez
Asiaín (Bilbao), Pedro de Toledo (Vizcaya), Luis Valls (Popular), Claudio
Boada (Hispano), Mario Conde (Banesto) y la primera incorporación de
Miguel Boyer, como presidente del Banco Exterior de Exterior, que fue admitido
a pesar de presidir un banco público. En los últimos
tiempos, sería Francisco Luzón, quien se incorporaría
a esos almuerzos, realizados en la planta noble del antiguo edificio del Banco
Español del Río de la Plata, sede del Central, en Alcalá-Barquillo.
Emilio Botín siempre se excusaba, lo que molestaba al resto. Tal vez,
el joven Emilio no era partidario de ese corporativismo, donde, desde luego,
de manera informal se tomaban acuerdos sectoriales. Por otro lado,
su comportamiento en esas reuniones era correcto, pero retraído, tal
vez, tímido.
Y aunque la anécdota ya la he contado alguna vez, recuerdo como un día esperando a un compañero de almuerzo, en la barra de una tasca culta, me fijé en una vieja pegatina del servicio Servired que aparecía en su puerta. Era un anuncio de Visa y aparecían por este orden los siguientes bancos: Central, Banesto, Hispano y Santander. La realidad es que el más se había comido a los grandes de entonces. Esa pegatina es todo un símbolo para Emilio Botín-Sanz de Sautola García de los Ríos.
Las supercuentas
Es
una referencia muy usada, pero el salto a la fama de Emilio Botín
fue la guerra comercial de las supercuentas, lanzadas en 1987. Hasta entonces
las cuentas corrientes no tenían retribución bueno la
tenían pero era pequeña: medio punto, y menosy daban como
servicio gratuito la gestión de pagos de los clientes mediante las
domiciliaciones de recibos de todo tipo, lo cual, desde luego, sirvió
para bancarizar al cliente español hasta cotas inimaginables para la
realidad económica española. Algo así como la tarjeta
de pago de El Corte Inglés que difundió el uso del dinero de
plástico a posiciones que quedaban muy por delante de los porcentajes
de otros países europeos e, incluso, proporcionalmente en comparación
con Estados Unidos. Los bancos sacaban sus rendimientos beneficios y
gastosde los altos intereses de los créditos, mientras que quien
no pedía un préstamo no aportaba más que la explotación
secundaria del dinero de sus cuentas corrientes. Solo en los casos
de depósitos a plazo y otros productos de ahorro las libretas
tenían un rendimiento superiortenían retribución.
Pues bien. Con un lanzamiento publicitario muy agresivo completa novedad en el sector bancario se lanzaron las supercuentas que produjo un crecimiento prodigioso en los depósitos de clientes. Era posible pagar las cuentas corrientes porque el Santander tenía una estructura de mucho menor coste, que las habituales en los grandes bancos. Lo que no está claro es si Emilio Botín pensó, desde el principio, que el tema de las supercuentas iba a ser como una píldora envenenada para los bancos de estructuras más pesadas. La cuestión es que la persecución que hizo el Banesto de Mario Conde a las retribuciones de cuentas hechas por el Santander, puso al Español de Crédito no fue sólo eso pero influyó contra las cuerdas. El Santander de Botín creció en tamaño y machacó a algunos de sus competidores.
La etapa post-Echenique
Nunca
se supo la causa de que Rodrigo Echenique Gordillo dejase la consejería
delegada de Banco Santander. Siempre se dijo que estaba cansado de la labor
diaria. Pero siguió y siguesiendo un colaborador muy cercano
de Emilio Botín Ríos. Es de suponer que los primeros años
de la andadura de Botín como presidente tuvieron que ser muy duros
para él. Hay dos anécdotasprobablemente no ciertas
que pueden marcar el estilo de don Emilio. La primera es que dicen que juega
al golf mezclándolo con el footing, con el jogging. Es decir, va corriendo
de hoyo en hoyo. La otra afecta directamente a Rodrigo Echenique y que es
más o menos la siguiente. Acudió Rodrigo a despedirse de su
presidente pues viajaba a New York por temas profesionales. En medio de la
conversación técnica, Emilio Botín le dijo:
Oye, Rodrigo, hazme un favor si no te importa. Tengo todas las corbatas de smoking muy rozadas y pásate o manda a alguienpor la Tienda Z y me traes unas cuentas que me hacen falta.
Rodrigo Echenique dijo
que de acuerdo, que no faltaría más, pero a la vuelta, sin cumplir
el encargo, pasó a dar los datos de, sin duda, exitoso viaje de negocios.
Terminada esa parte de la conversación, Emilio Botín, le recordó
lo de las corbatas. Y al saber que se había olvidado, Echenique sólo
recibió una instrucción.
Pues date prisa Rodrigo que el avión de New York sale a la una
y son las diez y media.
Desconozco si volvió Rodrigo a New York a por las corbatas, quien,
en tal caso, pagaría ese pasaje de avión y, finalmente, se la
anécdota es cierta o es una leyenda.
Muchos expertos pensaron
que la salida de Echenique sería un auténtico problema para
el Santander. Y no fue así. Primero porque Echenique no dejó
de trabajar, ni Botín dejó de trabajar y
mandar. Y, sobre
todo, por la asunción de más poder de Matías Rodríguez
Inciarte y de su hermano, Juan. Sea como fuere, Botín acuño
ese estilo de poca gente en la cúpula, un poco con la fórmula
de todo a todos. Esto pudo verse yo mismo lo comprobé
que el asalto a América la expansión superrápida
la hicieron muy pocas personas, basadas en la experiencia de Chile y Puerto
Rico, mientras que el BBV disponía de todo un equipazo.
Es un personaje importante, peculiar, muy creativo. Tal vez, no sea el modelo
típico y tópico de ejecutivo bancario. Pero sin duda ha sido
uno de los autores siempre hay que hablar de coautores estando don Emilio
de por mediodel extraordinario crecimiento del Santander y de un nuevo
rumbo que pondría la bases para una fusión de campanillas.
Matías
Rodriguez Inciarte asturiano nacido el 23 de marzo de 1948 fue
bastante popular en los años de la Transición al menos
entre los periodistas políticos-por su trabajo de fontanero
del presidente Adolfo Suárez en La Moncloa. Los fontaneros
eran unos personajes que servían para todo y que estaban en todo. Llegó
a ser ministro de la presidencia en el Gobierno presidido por Leopoldo Calvo
Sotelo, que duró poco, pero a Matías le tocó lidiar el
difícil toro del fallido golpe del 23-F. Abandona la política
en 1984 e inmediatamente se incorpora al Banco de Santander. En 1986 es nombrado
subdirector general y en 1994 vicepresidente segundo y ese nombramiento es,
de facto, su ascenso a segundo ejecutivo y sucesor
de Rodrigo Echenique. Colabora muy especialmente en ese periodo, su hermano
Juan, quien llega también a ocupar puestos muy importantes y está
considerado como uno de los grandes bancarios de la Casa.
De 1994 a 1998 el crecimiento del Santander es muy importante. Matías colabora en la relación fluida con Banesto, entendiendo, desde luego, que el descubrimiento de Alfredo Sáenz por parte de Botín fue muy importante. El reflote y pacificación de Banesto fue difícil. Y ahí es donde se empieza a conformar esa idea de liderazgo que Botín mantenía desde hacía mucho tiempo.
Y así se llega a los días finales de 1998 cuando se produciría otra gran novedad. Dicen que Emilio Botín había decidido fichar a un consejero delegado y que el mejor era Ángel Corcóstegui. Faculta a Matías Rodríguez Inciarte para que tantee al entonces consejero delegado del Central Hispano. Y la respuesta, rápida, de Corcóstegui fue una contraoferta para Botín. Le ofreció la fusión entre el Hispano y el Santander. Y así, antes de que Matías presentara la nueva situación a Botín, Matías y Ángel lo hicieron posible. Pero este asunto es del siguiente capítulo.