CAPITULO XI

La fusión de Corcóstegui e Inciarte

Con una celeridad asombrosa Ángel Corcóstegui y Matías Rodríguez Inciarte hacían a sólo unos días del final de 1998 un acuerdo para fusionar al BCH y al Santander. Todo había empezado con el deseo de Botín de fichar a Corcóstegui como consejero delegado del Santander.

La realidad es que en los dos últimos meses de 1998 se respiraba un ambiente casi obsesivo de fusiones. La mayor parte de los expertos señalaban que el Gobierno —léase don Rodrigo Rato— empujaría la fusión BCH con Argentaria, basada, desde luego, en la ya anunciada jubilación de Amusátegui al principio del año 2000. Los intentos de aproximar al BBV y a Argentaria habían resultado más que fallidos. Y de hecho el banco vasco vivía un fuerte enfrentamiento con el Gobierno.

Al parecer, el presidente Aznar estaba obsesionado con los ataques que se le hacían desde la cadena televisiva Tele5, que presidía, y preside, Aletxu Echevarria, líder del grupo periodístico vasco El Correo, hoy Vocento. La relación entre el BBV y El Correo era familiar y el cruce de consejeros —incluidos los apellidados Ybarra— era más evidente entre dos empresas. Emilio Ybarra, presidente del BBV, era considerado por Aznar como el “jefe real” de la emisora televisiva. Y tampoco el banco era muy solicito a las presiones gubernamentales. En su departamento de Estudios comenzaba con fuerza un joven economista llamado Miguel Sebastián que ejercía una fuerte crítica contra la política económica central. Además, el “hombre milagro” del BBV, Pedro Luis Uriarte era considerado como un “infiltrado” del PNV en el banco.

Y aunque no podemos negar —con una cierta perspectiva histórica— que a José María Aznar se le hacían los dedos huéspedes con las posiciones periodísticas del BBV y de su presidente, Ybarra, hoy Miguel Sebastián es un hombre importante del PSOE y Pedro Luis Uriarte, tras su salida del banco, no ha negado su apoyo al nacionalismo y al Plan Ibarretxe.

En fin, que queda más que explicado que esos intentos de domeñar al banco vasco de cara a una unión con Argentaria eran imposibles. Y por eso se cortejaba a José María Amusátegui para iniciar conversaciones de fusión con Francisco González. Pero Amusátegui vivía un momento de dulce con su entidad. Ángel Corcóstegui la había puesto en línea de despegue terminando con los viejos problemas, que procedentes del Hispano, venía de tiempo atrás, antes de la fusión con el Central. Corcóstegui, además, estaba consiguiendo la soldadura de los dos equipos evitando los problemas internos que ya hemos descrito en otros capítulos. Por tanto, no tenía prisa. El, además, procedía de la empresa pública y sabía que el apoyo del Gobierno a Francisco González se convertiría en un camino de presión imbatible, que, sin duda, terminaría por entregar en manos de Argentaria todo lo hecho en el BCH. La ecuación, por tanto, resultaba imposible.

Los problemas de gestión del Santander

Tal vez, no ha sido estudiado suficientemente el camino de ascenso del Santander en los tiempos anteriores a la fusión, incluso los momentos que se inician con la asunción a la presidencia de Emilio Botín-Sanz de Sautola García de los Ríos. Los diez años de su mandato se habían cumplido el 19 de noviembre de 1996 y el cambio había sido espectacular. El uso de las supercuentas, ya citado en el capítulo anterior, supuso un evidente crecimiento de tamaño y de negocio. La compra en 1994 de Banesto le había catapultado a unas posiciones de liderazgo dentro del sector. Es obvio que sus adversarios ya no eran las marcas emblemáticas del pasado, ni siquiera el BCH, heredero del Central y del Hispano. Su gran enemigo era el BBV quien estaba consagrando un principio de buena gestión, equipos amplios y dirección muy dinámica del día a día. El artífice de todo ello era Pedro Luis Uriarte. Y ahí se dibujaba la figura de un superconsejero delegado, que el Santander no tenía. Además, los crecimientos del banco cántabro iban un poco a saltos, derivados de las muy buenas intuiciones de don Emilio y de la capacidad de mover a un equipo reducido, gracias a sus muchas horas de trabajo y su sistema de gobierno en horizontal, no en vertical. Hemos aludido también en el capítulo anterior al papel de Matías Rodríguez Inciarte —y de su hermano Juan— quien ejerciendo de “segundo de oro” mejoraba con talento algunas de las limitaciones, sobre todo de cantidad, de los equipos del Santander.

La oferta a Corcóstegui

Pero el influjo de Uriarte era algo muy fuerte. Y la admiración por lo realizado por Ángel Corcóstegui en el Central Hispano era también algo que ni don Emilio, ni don Matías negaban. Y así, un día, sin alusión previa, Emilio Botín le dijo a Matías Rodríguez Inciarte:

– Matías, tu estás muy bien donde estás, pero tenemos que fichar a su consejero delegado y ese es Ángel Corcóstegui. ¿Qué te parece?

Es cierto que algunos testigos de entonces cuentan la historia del revés y que fue Matías Rodríguez Inciarte quien le dijo a Emilio Botín qué hacía falta Corcóstegui en la casa. Sea como fuere, Matías Rodríguez Inciarte recibió el encargo de tentar a Ángel Corcóstegui.

Dicen que el primer contacto fue tras un encuentro relacionado con la Asociación Española de la Banca, AEB. Luego hubo al almuerzo. Pero cuando Ángel Corcóstegui llegó a esa comida portaba un breve documento en el que explicaba la fusión. Y parece que la frase de Corcóstegui fue:

– Mira Matías yo os ofrezco algo que mejor el fichaje de un consejero delegado. Os ofrezco el primer banco del país.

Bueno, probablemente la frase no sería tan tajante, dado el especial talante modesto e hiperbólico de Corcóstegui, pero tampoco se distanciaría mucho. La realidad es que tanto Matías como Ángel entendieron que la cosa no era fácil. Corcóstegui no había hablado con Amusátegui e Inciarte sabía que una de las cosas que más odiaba Botín eran las expectativas no cumplidas.
Prefirieron seguir avanzando y pusieron sobre el papel las dificultades mutuas que podrían encontrarse y como solucionarlas.

Trabajar para la fusión

No se sabe cuanto tiempo mantuvieron el secreto de su conversación Ángel y Matías. Desde luego, fue poco. Botín aceptó con alborozo esa posibilidad, pero Amusátegui se resistía.

Tal vez, en su inconsciente estaba esa llamada de 1988 cuando, recién llegado a la presidencia del Banco Hispanoamericano, le hizo Rodrigo Echenique por delegación de Emilio Botín. Aunque la oferta de principio para el no era mala. Ya había anunciado, siguiendo el ejemplo de su antecesor Claudio Boada, su fecha de jubilación. La nueva etapa alarga en más de un año su permanencia en el puesto de presidente. Y, también, de acuerdo con los desarrollos posteriores, Amusátegui debió de pactar un bonus muy importante en el momento de su jubilación.

El acuerdo entre los dos presidentes llegó solo unos días antes de la navidad de 1998 y hubo entonces que con mucho sigilo negociar con las autoridades económicas que se vieron rebasadas por la propuesta. Parece que Rodrigo Rato estaba interesado en sacar adelante la fusión entre el BBV y Argentaria y de no resultar, que fuera el BCH quien “se entregara” a Paco González. Pero, en fin el 15 de Enero de 1999 se anunció la fusión y esa misma tarde, en la Plaza Canalejas, 1, en el patio de operaciones de la antigua oficina principal del Banco Hispanoamericano, se celebró una multitudinaria rueda de prensa, en la que se dio bastante información técnica sobre la fusión, cuestión que, sin duda, remarcaba que Ángel Corcóstegui y Matías Rodríguez Inciarte no se habían quedado quietos durante el mes —tal vez un poco más— que había durado la etapa previa. La huella indeleble de la “tecnología Corcóstegui” se notaba en los órganos de gobierno. Y así aparecía el “G-4”, máximo vigilante de la fusión, formado por Emilio Botín, José María Amusátegui, Ángel Corcóstegui y Matías Rodríguez Inciarte.

Luego había un G-14 que era una comisión directiva mixta de directores generales y asimilados que representaban por parte de los dos bancos —Santander y BCH— las diferentes áreas de trabajo.

Movimientos significativos

Anticipo que no va a ser este capítulo el único sobre la fusión BSCH y que, por tanto, en el próximo seguiremos describiendo al nuevo banco creado. De todas formas es bueno apuntar algunos movimientos significativos que se produjeron en los primeros momentos.

Uno muy interesante —y de transcendencia en el futuro— sería el nombramiento, como categoría de director general, de Luis Abril como encargado de la prensa, relaciones exteriores, comunicación interna, etc. Era un hombre de Corcóstegui. Estaba ya en la casa, pues ejercía el mismo puesto en Banesto. Allí le había llevado Alfredo Sáenz. Tanto Sáenz, como Corcóstegui, como el mismo Abril pertenecían al equipo de Pedro de Toledo, en el Banco de Vizcaya, y los tres habían sufrido los efectos negativos de la cruenta fusión —sí cruenta pues le costó la vida a Toledo— entre el Bilbao y el Vizcaya.

En fin, del servicio de prensa desaparecía Federico Ysart, un periodista de la época de la apertura y transición políticas, que luego había sido diputado de la UCD por Cantabria. La salida de la organización bancaria de Ysart era más que significativa. Poco después de producirse la fusión, un reportaje del suplemento dominical del diario “El País”, que tenía como protagonista a Ana Patricia Botín, produjo, al parecer, la ira de Amusátegui y la hija de Botín tuvo que apartarse del G-14, de la línea ejecutiva directa. Este asunto tuvo mucha trascendencia y repercusión. Aunque siempre hubo quien dijo que, además de hacer caso a Amusátegui en el encontronazo, Botín aconsejó a su hija que se apartará del día a día en ese tiempo que iba a ser duro. Y, en fin, es más que probable que la salida de Ana Patricia fuera la primera muesca en la culata del revólver de Luis Abril. La fusión no iba a ser un idilio.

Francisco Luzón, antiguo presidente de Argentaria, incorporado después de su cese y sustitución por Francisco González a Banco Santander, fue el encargado de todos los asuntos de América, en situación más que emergente, entonces. Y con, por ejemplo, una operación muy temprana, como fue la compra al chileno Luksic de su participación en el holding OHCH de las importantes participaciones bancarias del BCH en el país andino. Eso significaba un cambio total de estrategia. Ciertamente que la posición del Santander en Chile era mucho más importante, pero esa compra produjo una concentración innecesaria, que hubo que derivar.

La “Operación Rojo”

La cuestión es que Paco Luzón fue quien un año después comenzó a hablar en América de la “Operación Rojo, la cual nada tenía que ver con el apellido del entonces Gobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo. Se trataba de la vuelta a la identidad corporativa del Santander, con su dominante tono rojo y con la llama que flamea, rojiza, sobre su logotipo, haciendo desaparecer, o no implementando, la nueva del BSCH. Es obvio que eso se confirmaría después y que sería el principio del fin de la fusión BSCH tal como fue dibujada por Corcóstegui.

La otra identidad corporativa

También fue el equipo de Corcóstegui quien creó la nueva identidad corporativa del BSCH. Mezclaba los colores rojo y azul del Santander y el Central Hispano y consagraba las siglas BSCH. Y, en fin, el 19 de abril la acción del banco fusionado comenzaría a cotizar en bolsal. Y la presentación no pudo ser más espectacular, con un atril provisto de campana situado en el veterano parqué y muchos “efectos exteriores” en la calle. Los presidentes Amusátegui y Botín la hicieron sonar y les metía en el sistema informático del Mercado Continuo la nueva acción.
Parecía don Emilio Botín muy satisfecho con la nueva situación, aunque su vieja guardia reprochaba a don Emilio su pérdida de poder en beneficio de la gente del BCH. No era así. La realidad es que en esos primeros meses de fusión cada uno estaba en su sitio. Amusátegui y Botín se relacionan muy bien. Corcóstegui aplica el fuerte día a día al banco fusionado, con problemas para los equipos procedentes de ambos bancos. Y Rodríguez Inciarte hacía una extraordinaria labor de concordia en el Santander.

Se terminaría 1999 con el episodio muy difícil de la compra del Grupo Champalimaud en Portugal y con el apoyo al Royal Bank of Scotland en su OPA sobre el más emblemático banco del Reino Unido, el National Westminster, el Natwest. Estas dos operaciones trataremos en el siguiente capítulo.