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CAPITULO XII La verdadera historia del SCH La fusión entre el Santander y el Central Hispano comenzó con gran cordialidad y enormes parabienes. Pero no iba a terminar así. En un largo proceso en el que parecía que Emilio Botín iba retrocediendo y perdiendo terreno se llega a un encontronazo impropio para una entidad de esas características. Algunos grandes logros de esa fusión iban a que dar ensombrecidos por aquel episodio final.
Podría, pues, admitirse que la fusión fluyera por pasos normales y que se pusiera en marcha por mutuo acuerdo entre Matías Rodríguez Inciarte y Ángel Corcóstegui, sin que fuese una respuesta de Corcóstegui a su intento de fichaje por parte de Botín. Tanto da, a la postre. Tiempo de mieles
José María Amusátegui con la fusión habia ampliado su periodo de presidencia cerca de 18 meses más, ya que el mismo, como presidente del BCH, había puesto fin a su mandato. Tampoco se puede negar a Ángel Corcóstegui una capacidad de organización notable y que hace que la fusión sea gobernada, en sus primeros momentos, casi al nivel de excelencia. Por un lado esta el G-4, organismo que controla la fusión desde arriba y que forman los presidentes Botín y Amusátegui, Corcóstegui y Rodríguez Inciarte. Luego, además del Consejo y de la comisión ejecutiva, se refuerza la comisión directiva, órgano perteneciente a la cultura del Hispano que ya tenía desde los tiempos anteriores a la fusión con el Central.
En noviembre de 1999 hay un acuerdo para comprar las participaciones del grupo bancario portugués perteneciente a la familia Champalimaud, que junto al Totta & Açores, proveniente de Banesto, configuran un grupo financiero en Portugal de indudable importancia. Es verdad que esa compra se vio acompañada con una fortísima oposición del Gobierno portugués. La causa tuvo como origen la falta de información que el anciano financiero luso dio a su Gobierno, mientras que Botín se habia informado a La Moncloa. La cuestión es que se abrió un contencioso muy fuerte, aunque al final pudo arreglarse esa compra. El 29 de noviembre se confirmaba el apoyo total del Santander al Royal Scotland Bank en su OPA al NatWest. Y al año siguiente, el 7 de marzo comienzan los rumores sobre una compra muy importante en el medio Internet. Botín había anunciado una medida espectacular para ponerse en el primer puesto de la banca por la Red. Efectivamente, el 9 de marzo se compra el grupo Patagón, un portal multidisciplinar, con gran especialización en finanzas. Se llegaron a pagar 90.000 millones de pesetas de entonces, lo cual fue una barbaridad, aunque, ciertamente, tampoco las aproximaciones del BBV a la Terra de Telefónica fueron flojas en nivel de inversión y en posteriores pérdidas. Pero lo más importante iba a hacer relación con América. En mayo se gana la subasta del grupo mexicano Serfin y en noviembre se adquiere el grupo brasileño Banespa. Hoy mismo esa inversión sigue viva y ha soportado bien las turbulencias de esas zonas. En fin, pongámosle fecha a un asunto muy importante que ya se ha citado. En efecto, el 16 de julio se realiza el acuerdo de canje de acciones de Airtel por las de Vodafone. Y cinco días habia terminado la macro ampliación de capital destinada a compras y al apoyo al RBS. La batalla final
Los pagos de la fusión Algunas fuentes señalan que Ángel Corcóstegui y Matías Rodríguez Inciarte cobraron en mayo de 1999 un bonus especial por la consecución de fusión. La realidad es que el mismo día que se firmaba la fusión, en enero, las bases de la misma incluían las condiciones de jubilación de Amusátegui. Y aunque esto es frecuente en las fusiones que se determine el como y por el por qué de la salida de un presidente y quien le sustituye, esa importante oferta de jubilación, fue considerada por muchos como una compra de Amusátegui. La realidad es que si se han tenido en cuenta los dineros habría que tener otras circunstancias que indicaban la prominencia de Emilio Botín y de Banco Santander en dicha fusión, porque quedaba claro que, en caso de muerte o de incapacidad de Botín antes de llegar la fecha de jubilación, no sería presidente único Amusátegui, sino Jaime Botín. Es obvio que, desde el mismo día de la firma de la fusión, la entidad ganadora era el Santander, igual que lo fue el Hispano en la del Central. Ocurre sin embargo que, a la postre tanto la jubilación de Amusátegui como la cuantía recibida por Corcóstegui a la hora de marcharse produjeron un gran escándalo, una evidente alarma social y ello produjo una denuncia del equipo de Pérez Escolar en la Audiencia Nacional y la admisión del procedimiento por parte de la jueza Teresa Palacios. Y es que los 43 millones de euros de Amusátegui y los 140 de Corcóstegui no eran para menos. Hemos dicho que BANCA 15 y Carta Confidencial habían publicado con mucha antelación, en otoño de 2000, la pretensión de Francisco Luzón de no aceptar en América la identidad corporativa del BCSH y seguir con la roja del Santander. Luzón o uno de sus colaboradores se jactó en Santiago de Chile en una reunión llena de políticos chilenos, financieros y periodistas que el camino del BSCH era volver a llamarse Santander sólo. A eso lo llamamos Operación Rojo. Y esa cuestión tuvo un enorme impacto en el interior del banco en España. La extraña batalla final De estupor se pasó a la ira por parte de algunos y así comenzó una batalla inesperada, con flecos, en materia de presencia en los medios, que iba a recordar la guerra terrible desplegada en el BBV cuando el encontronazo de José Ángel Sánchez Asiaín y Pedro de Toledo. Desde luego en el SCH había un superviviente de aquel follón, muy preparado para las rebeldías sin causa. Ese era Luis Abril, director general del banco, encargado de los asuntos de comunicación, y que se había incorporado desde Banesto, cuando la fusión. Este asunto tiene una repercusión enorme en la prensa, mientras que no lo habían tendido otros muchos problemas internos por lo que pasó la fusión entre el Central Hispano y el buen número de reticencias expresadas por los directivos procedentes del Santander al principio de la fusión y que se coronarían con la salida de la función ejecutiva de Ana Patricia Botín, tras la publicación como ya dijimos en el capítulo anterior de un artículo en El País.
Corcóstegui dimitiría en Santander, tras la junta de 2001. Se implementaría la identidad corporativa de color rojo con la tradicional llama del Santander y se produciría la unión de las redes del SCH y del Santander, terminando con la vieja teoría del mantenimiento multimarca. En agosto, Emilio Botín asumiría la presidencia única. Alfredo Sáenz dejaba la presidencia de Banesto para pasar a ser vicepresidente y consejero delegado del Santander Central Hispano. Y Ana Patricia Botín asumiría la presidencia de Banesto. Y en esto de la Operación Rojo, tal vez la última pincelada sea la renovada identidad exhibida en la última presentación de los resultados anuales del pasado ejercicio 2003, el 26 de enero de 2004, donde las palabras Grupo Santander habían quitado el sitio al Central y al Hispano del ya viejo Santander Central Hispano
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