CAPITULO XIV

Fusión BBVA:
La "suerte" de las cuentas secretas

La fusión entre BBV y Argentaria llega tarde. Parece que la presión del Gobierno es más que evidente. Pero una vez producida nadie da un duro por el futuro de Francisco González como presidente único del BBVA. La historia anterior —en forma de cuentas secretas— le iba a dar todos los triunfos.

Una de las sorpresas de la nueva fusión BBVA fue la rapidísima adopción de una marca única. Y ello, en contraposición clara, con el deseo de su competidor, el BSCH, de mantener los abanderamientos de Banco Santander y del Banco Central Hispano. Por el sencillo procedimiento de añadir una “A” al ya muy conocido logotipo azulado del BBV se consiguió la soldadura. Además se procedió antes al abanderamiento de todos los locales de Argentaria con el nuevo logo de BBVA, que al lógico descarte de sucursales redundantes.

Y es obvio que la utilización de una sola marca, por parte del nuevo BBVA, así como el mantenimiento de las tres —incluido Banesto— del BSCH pues produjo una interesante polémica en los medios bancarios. Los del Banco Santander Central Hispano mantenían que el funcionamiento independiente de las redes evitaba tensión por substitución del personal y que los clientes no tenían que mudarse de un banco a otro para seguir operando. Por su lado, los del BBVA —sobre todo los del BBV— decían que la marca más conocida y extendida era la del banco vasco, lo cual, hasta cierto punto, no era cierto del todo.

La fusión entre los diferentes bancos de Argentaria y, sobre todo, Banco Exterior y Caja Postal, con su eficiente lanzamiento publicitario había situado muy bien la marca

La idea lejana de la fusión

Ya expresábamos en nuestro capítulo anterior las dificultades múltiples para llegar a un acuerdo entre el BBV y Argentaria. Subyacía un fuerte enfrentamiento entre la “administración Aznar” y la “administración Ybarra”. Decíamos que Aznar considera como agresión bélica los ataques de la cadena privada de televisión, Tele 5, fundada en su día por el magnate italiano —y ahora primer ministro italiano— Silvio Berlusconi. Pero la cercanía ideológica y la buena amistad entre Aznar y Berlusconi, no impedía que Tele5 siguiera incomodando mucho en el Palacio de La Moncloa. En fin, controlada por el Grupo Correo, en el que la familia Ybarra tenía fuertes posiciones, Aznar exigía responsabilidades al presidente del BBV.

¿Qué fue antes?

Para colmo —también lo expresábamos en nuestro capítulo anterior— la incorporación de Miguel Sebastián como director del gabinete de estudios del BBV vino a agravar la crisis. Desde el habitual prestigio de los servicios estudios bancarios se zurraba fuertemente a la política económica del señor Rato. Y si Rodrigo Rato tenía una especial admiración por el sentido de la eficacia de Francisco González es fácil pensar que el nombramiento —de primerísima hora— de González para presidir Argentaria ya estaría blindado como operación “in pectore” para un día controlar el banco vasco.

Y, del mismo modo, si la política de fusión interna de Argentaria parecía una operación lógica, dentro de los fallos del modelo anterior creado por Francisco Luzón, lo que no tiene duda es que para posibilitar el acuerdo con el BBV hacia falta una simplificación de la estructura de Argentaria. Y así, entones, es fácil pensar que la “irresistible ascensión” de Francisco González en la industria bancaria ha sido un plan bien trabado, del que, como es lógico, no se puede alejar a Rodrigo Rato, a Manual Pizarro y al propio José María Aznar. Sin embargo, habrá que reconocer que a González todos estos triunfos no le han tocado en una tómbola. Ha demostrado fuerza y buen talante. El cambio en Argentaria fue un hecho.

Con un abogado y un periodista

Y eso mismo puede demostrarse también en su acceso a la copresidencia del BBVA, cuando abandona su despacho del Palacio del Marqués de Salamanca en el Paseo de Recoletos y se marcha al “penthouse” del “Edificio Negro” de Azca. Llega solo, sin equipo, tal como le habían marcado las duras reglas impuestas por los negociadores vascos —y entre ellos Pedro Luis Uriarte— para su incorporación. Y así, de manera no muy conciliadora, sus adversarios del antiguo BBV propalan la especie —por otro lado cierta— de que ha llegado aquí “solo con un abogado y un periodista”. En fin, el abogado era José Maldonado y el periodista, Javier Ayuso. El resto de la gente se queda en Argentaria. Y, tal vez, el caso más sangrante del “sentido de la supervivencia” de Francisco González es el cese fulminante de Francisco Gómez Roldán, consejero delegado de Argentaria, heredado por “Efegé” del equipo de Luzón, quien hizo una excelente labor y asumió el cargo sabiendo que el nuevo presidente de Argentaria había querido sustituirle. Es Paco Gómez Roldán quien da el pespunte final —nada fácil— a la fusión interna de Argentaria. Y así, por imposición drástica, de Pedro Luis Uriarte, Gómez Roldán se va a la calle. El destino le iba a acompañar y Alfredo Sáenz, cuando llega a ser consejero delegado del SCH —tras la dimisión de Corcóstegui— le lleva al banco presidido por Emilio Botín, con el trabajo de “segundo entrenador” que está realizando muy bien. Bueno, Maldonado asumiría enseguida la secretaria del consejo y Javier Ayuso, tras un largo año de permanecer con el mítico Antonio López, asumiría con plenos poderes la cuestión compleja de la comunicación interna y externa del BBVA.

El secreto de las cuentas secretas

Permítaseme estos primeros compases de este capítulo sin demasiada incidencia en las fechas. Ya lo haré después. Pero es útil hurgar entre los antecedentes —y algunos consecuentes— de la fusión entre el BBV y Argentaria, porque estos tienden a ser más que definitorios de lo que iba a ser el futuro. Y una cuestión fundamental es la existencia de unas cuentas secretas en el BBV y la incidencia que el afloramiento de este asunto tuvo en el desalojo —sin condiciones— de los dos personajes fundamentales del BBV, como lo eran Emilio Ybarra y Pedro Luis Uriarte. Ybarra se jubilaría —según las bases de fusión— para que Francisco González accediera a la presidencia única, pero Uriarte quedaba como vicepresidente y consejero delegado con todo el poder en la mano, limitando al nuevo presidente a una situación de figura representativa. Asimismo, parecía más que claro que Uriarte accedería a la presidencia en un periodo no superior a los tres años.

Durante esa época primera de la fusión BBVA se hablaba de la Operación “3+3” (Tres más Tres), de la que había, incluso, una variante que era la “3+3+3” (Tres más tres más tres) Bueno, venía a significar que después de tres años de presidencia de González, Uriarte asumía el primer puesto ejecutivo. La versión con un tres más, pues incidía en que Uriarte se había obligado a dejar la presidencia también en tres años para dar paso a una personalidad del grupo más clásico del poder de Bilbao en el banco, lo que antes se llamaba la “fuerza de Neguri, por alusión al entonces barrio rico de la capital vizcaína. Y con ese último nombramiento se completaba el círculo iniciado por Ybarra, arquetipo de Neguri —para mi no, pero en fin—y cerrado por otra personalidad del mismo barrio. Ese día la fusión se habría terminado. Y sobre este acuerdo de tantos “treses” se decía que estaba como pacto secreto en las bases de fusión. Si estuviera o no, nunca se pudo demostrar porque otro secreto desbarató cualquier asunto que limitara el poder de Francisco González.

Y es que es muy difícil pensar que, en mayor o menor medida, la existencia de las cuentas secretas en, por ejemplo, el año 2000 no se conociera por una gran mayoría del equipo directivo del BBVA procedente del BBV. Esas mismas cuentas las utilizó Pedro de Toledo para colocar allí, en situación opaca, el producto de la venta de un paquete de acciones del Banco de Vizcaya que en 1987 había comprado Javier de la Rosa, en su intento de controlar el banco. Esa historia se repetiría después con el Banco Central, pero sería Alfonso Escámez quien, entonces aconsejaría a Toledo que recomprase como fuera el paquete de De la Rosa para evitar males mayores. Y así lo hizo el entonces presidente del Vizcaya —y copresidente después de la fusión entre el Bilbao y el Vizcaya— para evitar “esos problemas futuros”. La realidad es que tras comprar a Javier de la Rosa las acciones en cuestión, hubo que venderlas después para evitar problemas con las normas del Banco de España sobre autocartera. Y como toda la operación se hizo fuera de España, pues no era cuestión de repatriar nada. Y ahí se quedó “eso”, por los siglos de los siglos”, hasta que a Emilio Ybarra se le ocurriese hacer unos fondos de pensiones para evitar “pérdidas” en las futuras jubilaciones del personal del BBV, tras el acceso de Francisco González a la presidencia única.

Es muy improbable que una cosa así —proveniente de la época de Toledo— se conociese por la autoridad reguladora o por el ministerio de Economía. La cuestión es que la “buena idea” de Ybarra de constituir unos fondos de pensiones opacos fuera, al final y sin saberlo un premio para Francisco González.

Marcha adelantada

Veamos unas cuentas fechas. La fusión interna de Argentaria se anuncia en marzo de 1998 y se emplean más de tres meses en conseguirse. La fusión BBVA se anuncia el 19 de octubre de 1999. Todo el año 1998 es un hervidero de rumores sobre fusiones. Obviamente Argentaria está en la boca de todas. En enero de 1999 se anuncia la fusión entre el Santander y el Central Hispano. No es la más esperada. La mayor parte de las combinaciones se habían hecho a partir de Argentaria, tanto en el caso de la unión del antiguo banco público con el BCH como el BBV. Se entiende que Francisco González tiene el banco listo para fusionarse después del verano de 1998.

En cuanto a las fechas de la cuestión de las cuentas secretas es la siguiente. Las sociedades creadas por Pedro de Toledo para la compra venta de las acciones de Banco de Vizcaya en manos de Javier de la Rosa datan de octubre de 1987. Se trata de cuentas pertenecientes a cuatro sociedades albergadas en la isla británica del Canal de la Mancha, Jersey. La fusión entre el Vizcaya y el Bilbao se produce el 1 de junio de 1988 y el producto de la reventa de las acciones queda allí. En 1989 fallece Pedro de Toledo y se produce el laudo del Banco de España por que el se nombra presidente de BBV a Emilio de Ybarra Churruca.

El afloramiento lógico de datos de ambos bancos “aconseja” el cambio. Se liquida la estructura de Jersey —o se mantiene silente— y se crea una nueva sociedad Candiac Foundation en Liechstenstein. Sigue siendo el lugar de aparcamiento de las plusvalías de la famosa venta de acciones. Otro cambio es la constitución de Sharington LTD, en Nueva Zelanda, para controlar una nueva sociedad —la t.752—donde vuelven a depositarse esos dineros.

En el momento de producirse la fusión con Argentaria, la sociedad de Liechstenstein ha cambiado de nombre, ahora se llama Candiac y sigue el trust de Jersey. Entra ambas hay unos 230 millones de euros. Es, en marzo de 2000 cuando se constoituyen los fondos de pensiones para 22 consejeros del BBVA, procedentes del BBV, por American Life Company. La explicación política de la constitución de estos fondos la dejamos para el próximo capítulo. Pero puede entenderse que los consejeros del BBV se ven perjudicados con la fusión y empujados a ella. Y por eso asumen el riesgo de jubilaciones opacas.

Pero sigamos con las fechas. Entre diciembre de 2000 y enero de 2001 se liquidan Amelan y el Trust de Jersey. Se ingresa el dinero en BBVA —el importe era de 33.854 millones de las antiguas pesetas— y, por tanto, se normaliza la cuestión fiscal. Se ha producido, entonces, el conocimiento por parte de Francisco González de la existencia de las “cuentas” y él exige su normalización. Juntos, González e Ybarra se van a visitar al Gobernador del Banco de España, Jaime Caruana. A la reunión de los tres, asiste el subgobernador Gonzalo Gil.

La reunión tiene lugar el 19 de enero. A primeros de febrero se “rompen” los fondos de pensiones y se ingresa su importe en la caja del BBVA. Son unos 3.500 millones de pesetas.

La cuestión de la sucesión

Parece, entonces, que la cosa queda así. Pasa la primavera y el verano de 2001 y nada vuelve a saberse de ese tema. Pero se empieza a especular con un presunto retraso de la jubilación de Ybarra y, por tanto, del acceso a la presidencia única de Francisco González. Está previsto que en la junta que examinase los datos del 2001 se produciría el cambio. La junta estaba prevista para finales de febrero o principios de marzo de 2002. Estos rumores arrecian inmediatamente después del verano. Pero junto a ellos aparecen otros muy sorprendentes que, directamente, hablan de cuentas secretas. E implican, ya, a Ybarra y a Uriarte.

Los servicios informativos del banco, ya teniendo como director único a Javier Ayuso, niegan firmemente estos rumores. Algún episodio viví yo sobre eso.

El ruido se generaliza y el Banco de España, muchos meses después de saber la existencia de las cuentas secretas, se ve en la obligación de pedir explicaciones —a fecha fija— a la dirección del BBVA. Y en efecto, el 19 de octubre de 2001 da un plazo de 20 días para aclarar la situación. El 14 ce noviembre, Emilio Ybarra justifica la contratación de los fondos de pensiones como una estrategia para hacer frente a pagos en la compra de la entidad mexicana, Bancomer. Y, claro, el remedio es peor que la enfermedad, pues lo que se entiende es que esos fondos de pensiones y esas cuentas se han utilizado para pagar comisiones en la compra de Bancomer. Se lía aún más.

Total que el 18 de diciembre de 2001, Emilio Ybarra y Pedro Luis Uriarte dimiten del consejo del BBVA. González asume la presidencia única y la salida de Uriarte invalida —claro está— su futuro como consejero delegado único del banco y como portador de las esencias. Ese mismo día se inicia, sin oposición clara, la Era González, de la que, junto a otras cosas, ya hablaremos en nuestro próximo capitulo.