CAPITULO V

BCH: otra fusión como único camino

Tras el abandono de la fusión con Banesto, Escámez sigue pensando que una fusión es necesaria. Convertiría a su banco, otra vez, en el primero del país. Lo intenta con el Banco Hispanoamericano de Boada, pero no es receptivo. La espoleta de la nueva situación sería el nacimiento de Argentaria y la llegada de Amusátegui a la presidencia del Hispano.

Ya contábamos en nuestro capítulo anterior el final de la nonata fusión entre el Banco Central y el Banesto. Decíamos, asimismo, que Mario Conde pidió a Alfonso Escámez, en el momento de la ruptura, si era posible reunir los dos grupos industriales. El entonces presidente de Banesto tenía ya la idea de que una corporación industrial podía ser muy útil para el saneamiento final de Banesto. Alfonso Escámez rehusó y Conde siguió con la idea de reunir en una sola sociedad todas las participaciones industriales de su banco para después emitir acciones de dicha sociedad. Esa idea, en el fondo no mala, aunque tenía algo de artificio al “duplicar” la emisión de acciones, fracasó con la invasión de Kuwait por parte de Sadam Husein, el dirigente iraquí que en el año 1991 puso en jaque al mundo. Y entre las consecuencias de esa crisis estuvo el hundimiento de una de las mejores ideas de Conde. Y con ello quedó en precario el futuro de su banco.

Central: la recompra del 12 %

Decíamos también que Alfonso Escámez se apresuró a comprar el paquete del 12% del Banco Central, en poder de Cartera Central y que había sido la base del ataque iniciado en su día por Javier de la Rosa, secundado después por Alberto Alcocer y Alberto Cortina. La compra de las acciones se negoció con sus auténticas propietarias, las ex esposas de Los Albertos y propietarias de Construcciones y Contratas. Desde luego, ellas no malvendieron esa participación y el Banco Central tuvo que hacer un gran esfuerzo —y doble— para deglutir la adquisición.

Por un lado la ley no permitía la tenencia de esa cantidad de acciones. El límite máximo de la autocartera era del 5%. Después, naturalmente, se rebajó la cuantía de esa norma. Por tanto, era obligado vender ese paquete cuanto antes. Tampoco se podía mantener ese dinero inactivo. En fin, una parte se vendió entre clientes y empleados y para la otra, se buscaban inversores de calidad que reforzaran la posición del banco. Y ahí aparecieron dos empresas francesas punteras interesadas por la operación y alguna contrapartida. Bouygues, el gigante francés de la construcción y los servicios comunales, compró un porcentaje superior al 2% con la idea de que, en algún momento, pudiera entrar en el capital de Dragados y Construcciones, constructora del Grupo Central y auténtica joya de la corona. El fundador de la empresa francesa, Francis Bouygues, de origen español, se entrevistó con Alfonso Escámez e hicieron un pacto de caballeros: Bouygues no entraría en el capital de Dragados mientras que no lo dijera Escámez. Naturalmente, Escámez no dijo eso nunca y Francis Bouygues —que fallecería poco después— y su hijo Martin Bouygues —que luego sería consejero del Banco Central— respetaron esa decisión, aunque perjudicó su deseo de entrar con rapidez en nuestro país.

Otra de las joyas de la corona era —y es— la Compañía Española de Petróleos, SA (CEPSA). Y ahí se presentó la petrolera estatal Elf Aquitaine —luego privatizada y absorbida por Total Fina— que, en efecto, compró un paquete del Banco Central, pero también se hizo con un importante paquete de CEPSA. La venta de dicho paquete se justificaba por razones técnicas que, tal vez, no existían en el caso de Bouygues y Dragados. Elf aseguró a CEPSA el abastecimiento de crudo africano a buenos precios. La condición que puso Escámez y que refrendó con pasión y ahínco el Gobierno español, es que la petrolera decana española no pasara al control de los franceses. De hecho, con matices, esa condición impuesta por Escámez se ha mantenido. En estos días, el presidente del Santander Central Hispano, Emilio Botín, ha dado un órdago al lanzar un OPA contra una parte del capital de CEPSA que le daría la mayoría. Se asegura el control fuera de los antiguos acuerdos de Escámez, ya, desde luego, debilitados.

Una ventana abierta

En fin, que tanto Banesto como Central siguieron su marcha. El primero, además de la dificultad para realizar operaciones que mejoraran sus fondos propios, pues comenzó a aplicar un sistema de gestión bancaria en lo alto y muy heterodoxa, que le llevó en esos años a enfrentarse muchas veces con el Banco de España. Conde tenía una interpretación personal de la legislación contable, de la Ley de Balances, que no era compartida por el Banco de España. Los enfrentamientos personales entre Mariano Rubio y Mario Conde eran épicos y... sordos.
La realidad en el caso del Central es que la fusión y el ataque de Cartera Central sacaron al banco de una cierta soledad o aislamiento, abriendo una ventana a cuestiones más actuales y modernas. Desde la mejora de los salarios de los consejeros, hasta la aplicación de técnicas de comunicación y marketing más adecuadas en esa época. Alfonso Escámez tenía dos pasiones: la música selecta y la Universidad. Patrocinó las temporadas de opera del teatro de la Zarzuela y los Cursos de Verano de la Universidad Complutense a los que se dio un auténtico impulso, que sirvió, entre otras cosas, para popularizar estos encuentros estivales universitarios. El Banco Central tenía mucha mejor imagen que antes del “combate”. Y su presidente, también.

Una fusión como salida

De todas formas, hemos de tener en cuenta este tiempo “intermedio” que va desde finales de febrero de 1988 al 14 de mayo de 1991, cuando se anunciaría la fusión con el Banco Hispanoamericano. Son, desde luego, tres años en los que, por ejemplo, la fusión BBV sigue creciendo una vez pacificado el interior, aunque con un cierto problema para los que procedían del Vizcaya. Durante, pues, tres años el Banco Bilbao Vizcaya se mantiene como el primer banco, sin que parezca que vayan a producirse otros cambios.

Sin embargo, Alfonso Escámez que ha realizado su carrera comprando, absorbiendo y fusionando bancos sigue pensando que la solución es una nueva fusión. Lo ve, también, como su propia salida. Jubilarse como primer banquero del país, lo que había sido antes de las fusiones. No parece que Escámez tuviera la idea de producir una sucesión interior, aunque como es lógico candidatos había. Un nuevo hecho va a producir un acercamiento con el Banco Hispanoamericano. Escámez, como ya contamos, lo había intentado antes de que Conde se acerque. Pero Claudio Boada rehusó. Incluso, todavía en el año 1988, poco antes del verano, recién rota la fusión con Banesto, Alfonso Escámez insistiría una vez con Boada, sin éxito.

Para las cosas se iban moviendo. Francisco Luzón, procedente del Banco de Vizcaya, banquero muy dinámico y creativo recibe la oferta de Carlos Solchaga, ministro de Economía, de convertirse en presidente del Banco Exterior de España, entidad del Estado, especializada en negocios exteriores, aunque con una buena red en España. Luzón sorprende a Solchaga con una propuesta muy ambiciosa: reunir todos los bancos públicos en una corporación bancaria y gobernarlos conjuntamente, aunque permanezcan separados. Y desde luego Paco Luzón consigue dar el campanazo. Era el 3 de mayo de 1991. Reúne a Banco Exterior, con Caja Postal —una de las primeras de España— y los bancos de créditos especializados —con gran tradición en España— tales como Banco de Crédito Local, Banco de Crédito Industrial y otros. Luzón bautizaría a ese conglomerado bancario Argentaria —en latín banquero es argentario— y aunque su puesta de largo es ese citado 3 de mayo, el ruido de su formación es anterior y, por tanto, la expectación es enorme.

Boada, sucesión a fecha fija

Claudio Boada y José María Amusátegui llegan al Banco Hispanoamericano procedentes, ambos del Instituto Nacional de Hidrocarburos. El Hispano, uno de los bancos más antiguos de España, fundado por capital francés y argentino, entra en crisis en los años ochenta, llegando a finales del ochenta y cinco a una situación muy delicada. Claudio Boada recibe una oferta para convertirse en presidente ejecutivo del Banco Urquijo, que era el brazo industrial del Hispano. Había sido el propio Alejandro Albert, presidente del Hispano, quien le ofrece ese destino, sin saber, entonces, que ese Boada se convertiría en su sucesor.

Las dificultades del Banco Hispanoamericano y la enfermedad de Alejandro Albert, provocan su marcha la cual produce una situación insólita en la banca: un banco sin presidente. Son las navidades 1985. Miguel Boyer, el entonces ministro de Economía del Gobierno González, no lo duda. Sitúa a Claudio Boada como presidente de un gran banco, no teniendo experiencia bancaria, aunque si en el saneamiento de empresas. Y con él llega al banco, como consejero delegado, José María Amusátegui. La sucesión a fecha fija —de la que hemos hablado anteriormente— viene, precisamente, por un artículo de los Estatutos del Consejo de Administración del Hispano que decreta la jubilación de los presidentes a los setenta años. De todas formas en esos primeros meses de 1986 la jubilación de Boada es un tema lejanísimo. La llegada de Boada y Amusátegui al Hispanoamericano supone el saneamiento del banco. O, al menos, le imprime un enorme dinamismo y ejerce el poder con mano de hierro. Era el “librillo” de Claudio Boada como salvador de empresas.

“Cuando llegue Pepe Amusátegui”

No es posible saber cuántas veces intentaron ponerse de acuerdo Boada y Escámez para iniciar las negociaciones de una fusión. Se sabe de conversaciones en 1987, antes del acuerdo con Conde. Se supone que hay otra poco después del desistimiento de la fusión con Banesto. Y una más poco antes del cambio de presidente en el Hispano. Claudio Boada le dice nuevamente que no y le aconseja que espere a la sucesión. “Hacedlo cuando llegue Pepe Amusátegui a la presidencia. Ahora no”. En fin, parece que es la valoración de las condiciones de fusión lo que impide el acuerdo. Boada quiere el intercambio de una acción del Central por otra del Hispano. Y el “uno a uno” a Escámez le parece excesivo. José María Amusátegui sucede un 14 de mayo a Boada, como presidente del Banco Hispanoamericano.

Cuando en mayo se anuncia oficialmente la existencia de Argentaria, convertida en el segundo banco del país, tras el BBV parece que las cosas están más cercanas.

El papel de Santiago Foncillas

Se dijo que Boada revocaría el artículo de los estatutos que le obligaría a dejar la presidente. Pudo hacerlo dado el poder omnímodo de los presidentes de los bancos. Pero no lo hizo. Por tanto, el acceso a la presidencia de Amusátegui fue la crónica de un ascenso anunciado. La cuestión ahora es saber cómo surgió la idea de la fusión. Y el tema que Boada no deseaba, Amusátegui lo anhelaba con toda su alma. Un personaje muy inteligente, con mucha capacidad de maniobra y muy amigo de Amusátegui comienza por hacerse habitual de los “domingos de la Moraleja”. El más frecuente es Antón Durán, presidente de Dragados. La realidad es que la amenaza terrorista —el número dos de Escámez, Antonio Tejero fue asesinado por ETA— ha aislado un poco a Alfonso Escámez en su casa. Ya sólo se mueve fuertemente escoltado y eso es un engorro.

En fin, Santiago Foncillas inicia una labor muy importante de acercamiento entre las dos entidades antes de que se hablara de fusión. Y convence a Escámez de que la fusión sea “uno a uno”. Le “vende” la fusión como si fuera la propia idea de Escámez —y lo es— aunque se fueran desbrozando los escollos a favor de la causa del Hispano. Escámez mantiene la misma reserva con sus colaboradores que tuvo al inicio de la negociación con Conde. De todas formas, parecía que Escámez no tenía especial prisa, aunque parecía tener claro que su destino era fusionarse con el Banco Hispanoamericano y convertirse, antes de jubilarse, en el primer banquero de España, a bastante distancia del segundo, el BBVA.

Otra víspera de San Isidro

El 14 de mayo de 1991 se anuncia fusión entre el Banco Central y el Banco Hispanoamericano. Nace el Banco Central Hispanoamericano, el BCH. Es otra víspera de San Isidro Labrador fecha que también tuvo algo que ver en el anterior intento. Es una fusión por absorción, haciendo el intercambio de acciones una por una, pese a las diferencias de valor. Escámez acepta esa condición. Las bases de fusión son sencillas. Alfonso Escámez ejercerá de presidente con todos los poderes hasta octubre de 1993, fecha en la que Escámez abandonaría el banco. Y lo hizo, como no hicieron el mismo Claudio Boada al dejar la presidencia y por muchos años, José Ángel Sánchez Asiaín en el BBV y en el BBVA.