
CAPITULO VII
La era Corcóstegui
El segundo y tercer
año de la fusión Central Banesto tiene como misión un
saneamiento interno reduciendo gastos y aumentando los ingresos. Pero 1993
iba a ser un año de auténtica crisis, la peor que había
pasado la banca española en los últimos quince años.
Amusátegui se resiste a nombrar un segundo, tal como le
indica el banco de España.
Ya decíamos en nuestra anterior entrega
que José María Amusátegui se iba a tomar mucho tiempo
para terminar de remodelar la cúpula del naciente Banco Central Hispano.
Desde la salida de Alfonso Escámez del banco por decisión
propia ni siquiera se quedó en el consejo hasta bien entrado
1994 en que, por fin, se nombra a Ángel Corcóstegui consejero
delegado se pasa un año difícil para la banca. La crisis de
1993 está considerada como una de las más graves de los tiempos
recientes. Y fue especialmente dura en España. Se ha dicho muchas veces
que tras la euforia de la organización de la Olimpiada de Barcelona
y de la Exposición Universal de Sevilla, el país queda exhausto.
El asunto Banesto
Ese
1993 iba a traer también uno de los hechos más graves de la
historia bancaria con la intervención el día 28 de diciembre
del Banco Español de Crédito y la salida, diríamos casi
violenta, de su presidente, Mario Conde, y de todo el consejo de Administración.
Ya hemos referido en anteriores capítulos que tras abandonarse la fusión
entre el Banco Central y el Banesto, a la entidad presidida por Mario Conde
tiene un problema de bodega, de fondos propios, que le provocan
la necesidad imperiosa de mejorar sus ratios de capital. Hemos hablado, asimismo,
del intento de Conde de sacar adelante una Corporación industrial.
Se trataba de un holding que portaba las acciones de todo el conglomerado
industrial de Banesto y que, a su vez, emitía acciones con el contravalor
de las participaciones industriales. La puesta en marcha a nivel mundial de
dicha Corporación coincide con la invasión de Kuwait, por parte
del dictador iraquí, Sadam Husein. La inesperada crisis hunde los mercados
y es, si se quiere, el inicio de una crisis grave que, por ejemplo, en España
afecto mucho y especialmente al sector bancario.
Conde va a intentar realizar una operación internacional que le ayude a resolver su problema. Estamos en el verano de 1993 y se anuncia a bombo y platillo el lanzamiento de macro ampliación de capital, dirigida por el prestigioso banco de negocios JP Morgan. En principio parece que dicho asunto es la solución al difícil momento de Banesto, hasta que se descubre que dicha ampliación es solo un negocio de intermediación, con, al parecer, el propio dinero de Banesto. La JP Morgan no se ha tomado en serio el proyecto de Mario Conde y sobre la operación circulan una serie de ejecutivos acostumbrados a tratar con negocios latinoamericanos.
Todo parece indicar que los primeros movimientos de suscripción se hacen en Nueva York con el dinero girado previamente por Banesto en forma de créditos. Mientras tanto en España se produje un movimiento muy riguroso respecto a las cuentas de Banesto por parte del Banco de España. Y Mario Conde, bien por prepotencia o por astucia, entra en una polémica muy especial con el Banco de España: mantiene divergencias con la ley de balances, según las cuales su banco no está en problemas. El ambiente de confrontación con el Banco de España y el Gobierno de Felipe González alcanza cotas de alta tensión. La cuestión es que, de todos modos, el regulador admite de buen grado la ampliación americana de Banesto, asumiendo que, tal vez, su costo va a ser muy alto, pero que supone sanear su estructura de capital con dinero fresco.
El problema de remunerarlo a alto precio es un asunto para después. Interesa pues que Banesto no entre en quiebra. Parece no obstante, que los ejecutivos de la JP Morgan al menos los principales no saben del problema del banco. Por accidente o por rigor, sin pedir esa información. El Gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, recibiría una información que demostraría lo ficticio de la ampliación de capital, tomada sólo como una operación de imagen, para dar mejor salida al tramo de ampliación si verdadera a realizar en España y en algún mercado europeo. Pero, a su vez, Mariano Rubio tendría que abandonar el Banco de España por su presencia en el caso Ibercop. Es otro de los argumentos del muy especial 1994.
Y
para ya situarnos en 1994, la crisis de Banesto traería la compra del
Español de Crédito por parte de Banco Santander, en fuerte pugna,
con el BBV. El primer equipo que asume la intervención está
dirigido por Alfredo Sáenz, vicepresidente del banco vasco. Pero llegado
el concurso y ganado por Emilio Botín, Sáenz continuará
en Banesto a las órdenes de Botín. La crisis interna del BBV
se pone de manifiesto con esa decisión de Alfredo Sáenz. En
ese contexto, Ángel Corcóstegui que ha pasado mejor la crisis
interna del BBV que Sáenz, aunque sus antecedentes con los vizcayas,
seguidores a ultranza de Ángel Galíndez y Alfredo Sáenz,
se complica, porque, a la postre, tenía una situación complicada,
desde que se descubre que él era el auténtico delfín
de Pedro de Toledo.
Un consejero del Banco de España
Sea como fuere, Corcóstegui no tiene graves problemas en el BBV, pero entiende que no hay futuro. Comienza a crecer en el banco la estrella de Pedro Luis Uriarte y su dinamismo puede terminar con cualquiera.
Es
entonces cuando recibe la primera indicación de que puede ser consejero
delegado del BCH. No es José María Amusátegui quien se
lo comunica, pero si un consejero del Banco de España, quien le tantea.
Aquí, como en el caso filosófico de que fue antes,
si la gallina o el huevo, no se sabe si es el Banco de España quien
quiere buscar un candidato que acepte Amusátegui. O, por el contrario,
es el presidente del BCH quien pide a sus amigos del banco emisor que tanteen
a Corcóstegui. Hay muchos que se inclinan por lo primeros. Y que don
José María sigue dando largas a la posibilidad de nombrar un
hombre fuerte con todos los avales del Banco de España.
Por entonces se rumorea que el BCH tiene dificultades de estructura. De esos ruidos se hace portavoz específico el propio Mario Conde, que pretende convencer a la opinión pública de que no solo Banesto está mal, que hay otro. Esta idea fue mantenida por Conde hasta el final y en su defensa. Por ejemplo en el libro El sistema, mantiene que la intervención del Español de Crédito había sido política, porque la situación del Central Hispano era igual o peor. Esto no resultó ser cierto. Pero si parece verdad que, entre la crisis del 93, y ciertas debilidades internas, respecto al ensamblaje de la fusión, por culpa de la búsqueda de soluciones más Hispano, que el año 1993 fue un año perdido.
Santander, el primero
La suma de Banco Santander y de Banesto, dan que el banco presidido por Emilio Botín el cual todavía era hace unos pocos años un potente y prestigioso banco de provincias, se convierta en el primer banco de España, dejando atrás la primogenitura del Central Hispano y el segundo puesto del BBVA. Es cierto que Emilio Ybarra intentó hacerse con Banesto incluso Argentariapero el mejor pliego de la subasta fue el del Santander. Se dijo entonces que la mejor propuesta la verdaderamente mejor era la de Argentaria, pero que el Gobierno, propietario en definitiva de Argentaria, obligó a Francisco Luzón a retirar su plica. Parece de todas formas que fue una gran decepción para Emilio Ybarra, quien consideraba que la compra de Banesto le volvía a situar en el primer lugar del ranking bancario, perdido por la fusión Central Hispano. Pero ni para uno, ni para otro. El primero es el Santander.
Y,
entonces, Amusátegui reacciona. No le gusta el encumbramiento de su
antiguo enemigo. Aquel que no había sido capaz de hacerle
una llamada telefónica personal para fusionarse y que utilizó
a segundo, Rodrigo Echenique. Eso, tal vez, Amusátegui no se lo perdonó
nunca a Botín, aunque el destino les uniría después en
un nuevo proyecto de fusión. A partir de ese momento, don José
María acepta la candidatura de Ángel Corcóstegui. Y si
es bien cierto que había mareado mucho la perdiz con la
incorporación del ingeniero industrial, en el momento de llegar al
BCH. Ángel Corcóstegui recibe todo apoyo de Amusátegui.
A esa confianza del presidente Corcóstegui respondería con un
alto grado de eficacia y de fidelidad. Se dedica a trabajar duro, dejando
al presidente toda la vertiente pública y de representación.
Y comienzan entonces, las jornadas maratonianas que le harían famoso.
Desde luego, la labor era mucha. Más incluso de lo que pensó
el propio Corcóstegui antes de entrar en la sede de Plaza de Canalejas.
Botín, vocación de primer banquero
La
mayoría de los analistas creyeron que Emilio Botín había
pujado por Banesto para hacer caja. Las condiciones de compra, tras la reconversión
eran ventajosas, y existía un apoyo del Fondo de Garantía de
Depósitos para el saneamiento y también un crédito fiscal
a muy largo plazo. Se suponía entonces que una vez terminado dicho
saneamiento vendería la entidad a buen precio. La fama de Emilio Botín
era esa. Pero se equivoca todo el mundo. Y, tal vez, la pista de su deseo
de ser el number one estaba en la Memoria de Banco Santander correspondiente
a 1994. En la primera página aparece el singular edificio de Alcalá-Sevilla.
Esa especie de proa a dos esquinas que diseñó la
compañía de seguros La Equitativa, primer inquilino
de esa casa. En el interior del libro anual, Botín y Sáenz
posan también con símbolos de Banesto. Emilio Botín,
por un deseo de seguir la saga familiar, pretende ser el primer banquero de
España, por encima de cualquier beneficio coyuntural. Esa idea se iría
confirmando año tras año, aunque persistiesen los rumores de
que quería vender Banesto. Y se confirmaría cinco años
después, en 1999, cuando el mismo Corcóstegui ante un
intento de fichaje por parte del Santander le ofrece muy razonada la
fusión con el SCH, mientras que los rumores de larga duración
del acuerdo entre el BBV y Argentaria abundan, pero no se confirman. Banesto
era y espara Emilio Botín lo que le ha aupado al primer
lugar del ranking y eso no lo va a olvidar nunca.
BCH: Hacer la fusión
Es
obvio que hablar de la fusión de 1999 cuando prácticamente esta
inédita la de mayo de 1991 es adelantar los acontecimientos. Ángel
Corcóstegui, sin ningún compromiso ni con los del Central, ni
con los del Hispano, va a intentar poner en marcha la capacidad comercial
del BCH, mientras que se sigue la reconversión interior. Y así,
personas del Central como Alfonso Escámez Torres, Julián Martínez
Simancas o José Luis del Valle toman especial protagonismo en la organización.
Pero también personas muy próximas al núcleo duro
del Hispano, como Emilio Novela Berlín y Joan David Grimá, (también
pasan a engrosar el nuevo equipo, marcado por una comisión directiva
de enorme capacidad de gestión), que prácticamente rivaliza
con el consejo de administración. La base está en la reducción
de los gastos y en el aumento de los ingresos. La actividad comercial de la
red aún cerrando sucursales y fundiendo equipos, sin parar
se mejora considerablemente.
Mientras tanto, como decíamos, José María Amusátegui deja hacer a Corcóstegui. Y todo el mundo se da cuenta que el antiguo vizcaya es el auténtico hombre fuerte del banco. Pero los papeles están bien repartidos. Corcóstegui huye de cualquier aparición pública y Amusátegui acomete bien su representación en la calle, con bastante gracia y muy poca arrogancia.
En ese año de 1994, con la experiencia de la crisis aprendida en el año anterior, el BCH inicia su recuperación, el Santander de prepara para consolidar el salto cuantitativo que ha supuesto la compra de Banesto y la futura presencia en Airtel, la primera competencia a Telefónica. Mientras tanto, el BBV de Emilio Ybarra se lame las heridas por la pérdida precisamente del pliego de Banesto y por no llegar al contrato telefónico del siglo. Pero ya con todos los ejecutivos del antiguo Vizcaya fuera un genio de la banca comercial y de la comunicación, Pedro Luis Uriarte, con toda la confianza de Ybarra, inicia una de las mejoras cuantitativas más significativas del mundo bancario. Lo que se estaba abriendo era el periodo más importante en la modernización de la banca española, cerca ya de lo que iba a ser la auténtica incorporación a Europa.