
CAPITULO VIII
En el umbral de la modernidad
El año 1994 marca el inicio de una serie de pasos que iban a conducir a una modernización profunda de la banca española. Se producen, por ejemplo, las primeras grandes inversiones en tecnología. Los bancos fusionados se encuentran con graves problemas de adaptación y todo parece indicar que se inicia una larga marcha para encontrar en el panorama nuevas fusiones.
La
realidad es que iban a pasar muchos años desde la fusión del
Central con el Hispano hasta que el Central Hispano se fusionara con el Santander.
Si el 14 de mayo de 1992 se anunció el nacimiento del BCH habría
que esperar hasta 1999 para el nuevo movimiento. Pero ese tiempo intermedio
iba a ser fundamental para una transformación en profundidad que iba
a acometer la banca y también las grandes cajas. Ya habíamos
dicho en el capitulo anterior que la crisis de 1993 fue, probablemente, una
de las duras que sufrió la economía española en los últimos
años y, obviamente, esa recesión en toda la regla afectó
mucho al negocio bancario. Se descubrió el excesivo peso de los costes,
el mal nivel tecnológico y pocas defensas ante una previsible, aunque
lenta bajada de los tipos de interés.
El único que había visto claro
que la transformación tecnológica invertir en informática
era más que fundamental fue Mario Conde. Cuando el 28 de diciembre
de 1993 el Banco de España interviene Banesto este tenía, a
gran distancia la mejor plataforma tecnológica del mercado. Incluso
más dirigida hacia la gestión de clientes que a incrementar
al máximo las bases de datos abstractas, que es lo que
procuraban el resto de las entidades. También Francisco Luzón,
desde Argentaria, había visto la importancia de la tecnología,
pero su pensamiento estaba más cerca de las tecnologías de venta,
lo que iba a ser la red de Internet, que en la base estructural del negocio.
Pero como decíamos la realidad de principios de 1994 era cuanto menos
muy nueva. Decíamos también en el capitulo anterior la fuerte
y sincera apuesta de Emilio Botín por Banesto y por su transformación.
La posición del Santander
Es
obvio que sobre el ambiente bancario cabían muchas reservas sobre el
futuro comportamiento de Emilio Botín y nadie creyó que la compra
de Banesto era una operación permanente. Todo el mundo pensaba que
tras el saneamiento la entidad se vendería. Nadie supo, entonces, que
Emilio Botín Ríos tenía en su cabeza convertirse en el
primer banquero de España. Y es que la determinación histórica
de don Emilio era superar con creces lo ya conseguido por su padre, quien
con mucho trabajo y no poco ingenio había consolidado un banco de provincias
en una entidad nacional. Pero de aquello a ponerse por delante de las grandes
entidades parecía un ensueño. Lo que nunca se sabrá respecto
a Botín si cuando se lanzó a la batalla de las supercuentas
deseaba, sobre todo, atacar a la estructura de capital de los entonces grandes.
Lo que parece es que Mario Conde cayó en la trampa ejerciendo una respuesta
demasiado activa a las propuestas de alta remuneración de las cuentas,
que modificó su negocio y su balance. Algo parecido le pasó
al Banco Hispanoamericano, aunque el menor medida. El Banco Central y el Popular
no cayeron en esa trampa. Y les fue mejor. La cuestión es que Emilio
Botín sólo quiso ganar clientes, negocio y tamaño, pero
con las supercuentas asestaba un golpe de muerte a la estructura bancaria
clásica de hasta entonces. Él iba a recoger sus frutos con la
compra de Banesto. Podemos reiterar que, tal vez, no tuviera todo tan pensado,
aunque nuestra idea es que sí, que deseaba convertirse en el number
one. Si estuviera, entonces, en ello, tal vez la fusión de 1999,
el maridaje con el BCH, no parecería algo tan remoto y lejano.
La aparición de Sáenz
Lo
que también resultó una sorpresa fue la permanencia de Alfredo
Sáenz al frente de Banesto, tras la compra del Santander. El equipo
comandado por el entonces vicepresidente del BBV llegó, por encargo
del Banco de España, a hacerse cargo del Banco Español de Crédito,
durante el tiempo de transición que se iniciaba con el cese de su presidente,
Mario Conde, y de todo su consejo de administración a partir
del 28 de diciembre de 1993hasta que se completará el desarrollo
de compra, de subasta podríamos decir. La sorpresa, pues, fue la permanencia
de don Alfredo. Pero es que Sáenz había dejado un BBV con una
fuerte corriente contraria. Y lo que tampoco supo verse entonces es la excelente
conexión de Sáenz con Botín, que ha permanecido en el
tiempo y que abre el catálogo de unas interesantes parejas de
hecho con perdón que han aparecido en estos anales de mejora
de la banca española y que son de Botín-Sáenz, Ybarra-Uriarte
y Amusátegui-Corcóstegui.
El laudo del Banco de España por el que se terminaba con la guerra interna dio la victoria final a los bilbaos y se dio por descontados a los vizcayas, los cuales fueron saliendo poco a poco con gran regocijo de los que se quedaban. Uno de los primeros fue Paco Luzón para irse a Argentaria. También, Felipe Echevarria de quien Sáenz tenía un gran concepto para irse al Zaragozano. El propio Sáenz se quedaba en Banesto y tiraría de Luis Abril, mago de la prensa, y competidor de Antonio López, personaje de gran importancia y coprotagonista de aquella loca batalla mediática, montada desde el interior del BBV. Y Ángel Corcóstegui aterrizaba en el BCH, cuando parecía que no había especiales agravios contra él por parte de los bilbaos.
La irresistible ascensión de Uriarte
Dicen,
eso dicen, que quien más movió los hilos para que los vizcayas
desaparecieran del BBV fue Pedro Luis Uriarte. Emilio Ybarra, convertido en
presidente por el citado laudo del Banco de España, era menos drástico
respecto a la limpia. Pero Pedro Luis tenía sus propias
ideas. Y hay que considerarle como el hombre milagro que saco
al banco vasco de un momento de frustración. O, al menos, de confusión.
Tuvo la suerte Uriarte de encontrarse con un hombre tranquilo como Ybarra.
Y la realidad es que ambos personajes se entendieron bien. Ybarra era un pata
negra de las familias de Neguri, en las que se había basado la
alta administración del Banco de Bilbao y del Banco de Vizcaya. Y sabía
como convencer a sus colegas. Pedro Luis Uriarte se reincorporaba
al banco tras un periodo de trabajo en el naciente Gobierno vasco con una
autonomía recién estrenada. Además, le cupo el honor
de negociar el concierto económico vasco. El mismo Pedro Luis recordaba
hace poco dicha negociación en una entrevista concedida a un medio
vasco. La negociación comenzó en mayo de 1980 y Uriarte tomaba
fuerza en el banco en 1992. Los doce años de carrera política
directa o indirectahabían hecho de este banquero reconvertido
en político no al revés un auténtico conseguidor
y un gran organizador de equipos. Durante mucho tiempo la presencia de Uriarte
en el BBV se consideraba como política y se le creía
perfectamente alineado con el PNV. Y parece que era verdad, lo cual, por otro
lado, no tenía nada de malo. La lectura de la mencionada larga entrevista
sobre el Concierto Vasco y la postura favorable al Plan Ibarretxe así
lo confirman pasados los años.
Y es que en ese principio de 1994, tras haber
perdido Emilio Ybarra y el BBVA la opción de comprar Banesto. Y además
también se mencionaba en nuestro capitulo anterior había
perdido la subasta por Airtel, el nuevo operador telefónico que terminaba
con casi 65 años de monopolio de la Compañía Telefónica
de España, que ganó, asimismo, su gran competidor, Emilio Botín.
Incluso por los pasillos de la sede bilbaína de BBV circularon epítetos
poco agradables para Alfredo Sáenz, a quien se acusó de haberse
vendido a Emilio Botín. Uriarte supo darle movimiento al banco
e inició un crecimiento en tecnologías y en ventas, con ideas
y recursos mucho mejores que los de su competencia. Incluso, tras la fusión
entre el Santander y el Central Hispano y antes de la fusión
del banco vasco con Argentaria el BBV era un banco muy superior al resto,
en todo. Respecto al BSCH solo el tamaño le superaba. Pero, en algunas
ocasiones, el examen de las cuentas de dos entidades demostraba claramente
la superioridad del BBV. La fusión con Argentaria vino a modificar
esa situación. Luego, el episodio siniestro del afloramiento de las
cuentas secretas del BBV pulverizó la fama de dos hombres
muy importantes, Ybarra y Uriarte, cuya asociación al frente de los
destinos del banco vasco había traído una brillantez a la entidad
muy difícil de prever en esos principios de 1994 a los que nos referimos
hoy.
La grandeza de Emilio Ybarra fue entender bien el valor de Uriarte. Y la inteligencia
de Pedro Luis fue no discutir jamás el liderazgo, moral y real, de
Ybarra. Puede que haya sido uno de los mejores equipos de cúpula que
haya tenido siempre la banca española. No debemos, sin embargo, dejar
de mencionar, aquí y ahora, la buenísima conexión entre
José María Amusátegui y Ángel Corcóstegui
para relanzar el BCH. Cuando se producen los prolegómenos de la fusión
con el Santander, la entidad de la Plaza de Canalejas había mejorado
considerablemente desde aquel tan lejano 1994.
¿Y de Argentaria qué?
No
podemos negar que la decisión de Francisco Luzón de reunir en
un solo grupo bancario a todo el conglomerado de bancos del Estado, rompió
el equilibrio de tamaño reinante entonces en la banca española.
Paco Luzón, como todos los discípulos de Pedro de Toledo era
un genio de la banca comercial. Se reunían en Argentaria el Banco Exterior
de España, entidad creada en principio para acompañar a los
empresarios españoles en sus exportaciones en el mundo, pero cuya red
española había crecido considerablemente. Estaba Caja Postal,
entidad creada a la sombra del sistema de Correos, pero que era una de las
primeras de España. Y varios bancos especializados como el Hipotecario,
el de Crédito Local, Crédito Agrícola y el de Crédito
Industrial que había conseguido un gran prestigio e importancia.
Luzón llevado por sus criterios comerciales había creado el
principio de un comportamiento interno como el de la Liga de Fútbol.
Es decir, todos contra todos. Las diferentes entidades de Argentaria competían
en el mercado como si no fueran de la misma casa. Eso producía negocio,
pero también desorden. Paco Luzón, o no quiso, o no pudo, resolver
ese asunto interno. Pero el holding Argentaria creció mucho y era un
auténtico ariete de competencia para el resto de la industria.
El Partido Popular ganó las elecciones generales el 6 de marzo de 1996. Y una de las primeras medidas que se tomaron al llegar Aznar a la Moncloa y Rato al ministerio de Economía fue cesar a Paco Luzón, a quien se consideraba amigo predilecto de Carlos Solchaga y sustituirlo por Francisco González. Paco González, o Efegé como le llamaba todo el mundo, había hecho una gran fortuna tras vender su agencia de valores (FG) a una multinacional. Se le consideraba amigo de Aznar y de Rato, aunque su gran valedor fue Manolo Pizarro, auténtico gurú de los políticos populares.
La
llegada de Francisco González a Argentaria fue rodeada de muy mala
imagen provocada desde el interior de la propia banca. Se le dificultó
al principio incluso los fichajes para su equipo y se le acusó de intruso.
No queremos extendernos mucho más en este capítulo sobre la
historia de Paco González en Argentaria ya que será pieza fundamental
en los capítulos dedicados a la fusión entre el BBV y Argentaria.
Si hay que decir no obstante que González hizo la fusión real
de Argentaria y terminó con muchos problemas internos que Paco Luzón
mantuvo. Hay que recordar, por ejemplo, la conflictividad laboral surgida
ante las diferencias de condiciones laborales del Exterior frente al resto
del holding bancario público. Convirtió a todas las entidades
en una sola. Tampoco, entonces se entendía bien el proceder de González.
Tal vez no sepa vender bien el contenido de su trabajo. Y, tal
vez, lo que hizo, en esos años, Efegé no era otra
cosa que preparar a Argentaria para su fusión con el BBV. ¿No
estará haciendo ahora lo mismo con el BBVA respecto a la creación
del megabanco español? Desde luego en la fusión BBVA él
ha sido, contra todo pronóstico, el vencedor absoluto.
Modernización evidente
Pero mientras que se producían todos estos hechos se añadía una incuestionable modernización de la banca española. Y así no se puede negar que tanto Ángel Corcóstegui como Pedro Luis Uriarte hacen esa función que iba a ser muy necesaria de cara a los tiempos futuros del euro y de los tipos raquíticos en lenguaje de Amusáteguique ahora vivimos. Tampoco se le puede negar mérito modernizador a Paco Luzón y, si quiere, el colofón unificador de González en Argentaria también fue un paso adelante notable en ese terreno de la innovación. Tal vez, esa idea de las fusiones para modernizar la banca española no se ha estudiado suficientemente. Pero es así. Y por eso hemos querido dedicar el presente capítulo a ello.