CAPITULO IX

Corcóstegui, el salvador del BCH

No se puede negar que Ángel Corcóstegui ha sido, sin duda, uno de los personajes más importantes de esta historia reciente de las fusiones tal como hemos ido viendo en los capítulos anteriores. Pero conviene ahora entrar en los pormenores de su llegada al Banco Central Hispanoamericano (BCH).

Ya decíamos en capítulos anteriores que 1993 había sido un año malísimo para la economía española y muy malo para la banca. Señalábamos también que el 28 de diciembre de 1993 se había producido la intervención de Banesto. Y que 1994 se abría con muchos cambios y expectativas.

José María Amusátegui, presidente del BCH, había prometido varias veces el fichaje de un consejero delegado, pero retrasaba la decisión. A veces bromeaba con la posibilidad de nombrar hasta “dos o tres o cuatro consejeros delegados”. Pero la realidad es que existía en la organización del BCH una persona que tenía muchas posibilidades de convertirse en consejero delegado. Era José Zamora. Pepe Zamora había tenido especial relevancia al aplicar con gran eficacia el “plan secreto” de la fusión. Siempre se especuló que Amusátegui y sus más cercanos colaboradores disponían de un “book”, preparado por un consultor extranjero, para administrar la fusión, desde el punto de vista de que favoreciera el implanto de las gentes procedentes del Hispano. O, verdaderamente, Pepe Zamora actuaba ya de “segundo” del BCH o, ciertamente, tenía siempre la última palabra en cuanto a las decisiones de aspectos relativos a la fusión. Y, entre ellos, las negociaciones para la salida de los antiguos directivos del Banco Central.
Durante los primeros meses de la fusión, Emilio Novela Berlín, gobernó la red de sucursales, utilizando una gran mayoría de personas del antiguo Central. No es cierto, no obstante, que Novela primara a los del Central “en contra” de la gente del Hispano. Lo que si es cierto que la actitud de Novela evitó la paralización del trabajo comercial, que una actitud muy drástica en cuanto a los equipos y a sus orígenes habría traído. Pero Novela fue sustituido y fue Pepe Zamora quien asumió la red. Hasta entonces Zamora se había ocupado, entre otras cosas, de lo que se llama “medios”, que son pues las herramientas, desde la informática hasta la logística, que se necesitan para que el banco funcionase.

José Zamora era un químico que había llegado con Boada y Amusátegui en los primeros momentos de la presencia de ambos en el Banco Hispanoamericano. Trabajó con ellos en los diferentes destinos energéticos de los dos presidentes del BH. Y por tanto en el interior del Hispano se le conocía como perteneciente al grupo de los “petroleros”.Sin duda, Amusátegui tenía una confianza ciega en Zamora. Era el mes de febrero de 1994 cuando Pepe Zamora daba un paso más en su ascenso al segundo puesto de la cúpula del banco. Ángel Corcóstegui se incorporaría en junio del mismo año. ¿Por qué el cambio? ¿Qué había pasado en esos cuatro meses de diferencia? Pues la realidad es que la morosidad se disparó hasta niveles de mil millones de las antiguas pesetas de créditos dudosos cada día. Mil millones diarios eran muchos millones. Si 1993 había sido siniestro para la economía , 1994 recogía los problemas del año anterior creando esa situación de morosidad difícil de tolerar.

Y en fin, el Banco de España llamó a capítulo a José María Amusátegui y le “sugirió” que fichase a Ángel Corcóstegui. Amusátegui se resistía. No le gustaba la idea de que se convirtiera en “número dos” de su casa un alto ejecutivo del BBV, el cual no parecía que estuviese en crisis con respecto a Ybarra y los otros dirigentes del banco vasco. Había hablado ya con Joan David Grimá, un consultor de un banco internacional que terminó siendo fichado por el Hispano, yveía la posibilidad de que hiciese tandem con Zamora, bajo la idea ya sugerida de “tener más de un consejero delegado”. Pero no fue posible. Ángel Corcóstegui fue presentado al consejo de Administración como nuevo número dos. Y es curioso que algunos consejeros y entre ellos, uno de los vicepresidentes procedentes del Central, Luis Coronel de Palma, Marqués de Tejada, prometió su voto en contra por creer que el puesto de consejero delegado le correspondía a alguien del Central. Tal vez, don Luis tenía en mente a Antonio Escámez Torres, sobrino de Alfonso Escámez, y excelente banquero formado como Corcóstegui, Emilio Novela y Ana Patricia Botín en unos años muy especiales de la actividad bancaria española en Nueva York. Pero, probablemente, Antonio Escámez supiera cual era la causa directa del nombramiento del nuevo consejero delegado y el “padrino” tan especial que tenía Corcóstegui. Escámez Torres, hombre discreto, siempre ha estado muy informado de los vericuetos internos de la banca. Y era un secreto a voces que Corcóstegui era el candidato del Banco de España.

La sanidad del BCH

Uno de las preguntas que repetía Mario Conde, recién cesado como presidente de Banesto, era la causa de haber intervenido Banesto y no el BCH, cuando la situación patrimonial de ambos bancos era parecida, según él. Este argumento lo repitió durante mucho tiempo, pero la realidad era distinta. Es cierto que el BCH dio el dividendo en 1995, correspondiente a las cuentas del 1994, con cargo a reservas. También hubo una ampliación de capital que sirvió para mejorar la estructura interior. Pero mientras que el Banesto llegó exhausto a la intervención, el BCH tenía importantes bodegas, notables reservas para hacer plusvalías. En el caso de Banesto, la idea de la corporación había pulverizado el grupo industria. Sin embargo el BCH tenía mucho que vender. Luego, además la trayectoria bancaria de Conde no fue la adecuada, mientras que Amusátegui y su equipo gobernaron el banco con idoneidad.

La crisis, pues, del Central Hispano se resolvió vendiendo bancos y compañías. Y de esa época son la venta del Banco de Fomento, del Banco de Valencia, del Banco Gallego, de la Compañía Financiera y Minera y otras. El antiguo grupo bancario e industrial del Banco Central era muy notable. Tenía piezas importantes, y muy queridas por su impulsor, Alfonso Escámez, las cuales, fueron vendiéndose según hicieron falta. En el Banco de Fomento, con comportamiento de banco industrial, había residido el Consejo Asesor del Grupo Industrial, unidad de gobernanza del citado grupo industrial que un día supuso un valor superior al uno por ciento del PIB español. Pero junto a la necesidad se unía el mínimo deseo de Amusátegui de mantener un grupo industrial y aunque él mismo era ingeniero industrial. Y procedente de la industria. Pero prefirió el modelo de banco financiero en exclusiva, aunque, por supuesto, empresas emblemáticas como Cepsa o Dragados y Construcciones siguieron bajo el control del banco.

Poco ruido y muchas nueces

Ángel Corcóstegui llegó solo al BCH, sin ni siquiera una secretaria. Sin ningún colaborador cercano y conocido. Y tuvo que servirse de la gente que allí había. Practicó la discreción, la cordialidad y una cierta modestia operativa. Y, además, por parte de José María Amusátegui recibió todo el apoyo. Todo lo que se defendió, al principio, para evitar su entrada, pues se tornó en ayuda. Es verdad que Corcóstegui prefirió trabajar desde dentro, con jornadas terribles que iban de las ocho de la mañana a las diez de la noche, día a día, y con trabajo los fines de semana. Y José María Amusátegui aceptó la calidad profesional de Corcóstegui. Y Ángel Corcóstegui admitió sin fisuras el liderazgo absoluto de Amusátegui. Y esa relación tuvo éxito. Cuando a finales de 1998 se predibujaba la fusión con el Santander la situación del BCH era normal y boyante. Los malos momentos habían pasado.

Gestión y compras

Y así sin ruido, Corcóstegui organiza bien el sistema de riesgos, evitando la contratación de dudosos y dando prioridad a la recuperación de impagados. Intentar reducir al máximo el nivel de gastos y aunque, obviamente, sigue con la política de ventan dentro del grupo industrial también realiza compras. La más espectacular sería la compra del porcentaje del Banco Santander en Airtel. Como se sabe, el banco presidido por Botín había liderado el pliego por la compra de Airtel, la primera compañía privada de telefonía que rompió el monopolio de Telefónica. Pero Emilio Botín vendió su 14 por ciento cuando este, más o 4emnos, duplicó su valor.

Ya muy comprometido el BCH con el gobierno de Airtel aceptó el reto de comprar al Santander. Luego, vendida esa participación a la multinacional Vodafone produjo el nivel de plusvalías más alto de la historia de las participaciones industriales bancarias. La realidad es que, como la vida da muchas vueltas, el mayor beneficiado esas plusvalías de la venta de Airtel, sería el propio Emilio Botín, como líder definitivo de la fusión entre el Santander y el BCH, pero como decíamos habría que esperar cuatro años para que eso fuera posible. Y esos cuatro años fueron los que sirvieron para consolidar la situación del SCH.

Todos a trabajar

Al no estar implicado Ángel Corcóstegui en la fusión del 14 de mayo de 1991 la realidad es que fue utilizando las personas que allí estaban sin distinguir origen. Es verdad que quien fuera durante unos meses muy poderoso, José Zamora, fue relegado a la presidencia de la financiera Hispamer. Pero Baldomero Falcones se encargó de medios y así siguió mucho tiempo. Julián Martínez Simancas, director general encargado del área jurídica fue pieza fundamental en la política de recuperación de créditos morosos que se llevo a cabo con enorme éxito. Josep Maria Nin se encargó de la red de sucursales, produciéndose una mejora cualitativa y cuantitativa de gran importancia. José Luis del Valle asumió la dirección financiera y se produjo también una mejora importante. Antonio Escámez Torres, encargado de todo el área internacional inició una tendencia de moderación en las inversiones latinoamericanas —eso sería más que profético años después—afianzando los lazos con Europa y las posibilidades de negocio en el continente.

Ese trabajo del día consiguió normalizar un banco que, en algún momento, pareció que podía zozobrar. Verdaderamente, el tandem Amusátegui-Corcóstegui darle la vuelta al BCH. Y si bien nadie le puede negar a Corcóstegui su importancia en ese trabajo, el cambio de estilo en la gestión y una mayor precisión el análisis previo de la jugada, Amusátegui, no fue jamás un obstáculo para la labor del consejero delegado.

Un personaje básico para la fusión entre el Central y el Hispano, Santiago Foncillas, no quiso en esos primeros momentos perder su influencia en el presidente y su capacidad operativa. Pero no lo consiguió. Aunque la presidencia de la constructora Dragados y Construcciones le vino muy bien, para olvidarse de la lucha por el poder. Amusátegui dio la cobertura necesaria al trabajo de Corcóstegui para no fuera molestado. Luego, claro, Ángel Corcóstegui superó cualquier contingencia con una capacidad de trabajo y gestión enorme, y sin competencia posible entre la gente que llegara antes que él a la tercera planta de Plaza de Canalejas, 1. Sin embargo, el presidente Amusátegui siguió controlando la famosa comisión directiva, un sistema de gestión creada por él y que podría haber sido controlada por Corcóstegui. Las presencias y nombramientos de la directiva seguían siendo patrimonio exclusivo de Amusátegui, pero esa plataforma siempre ayudó al consejero delegado.

La gestión del Santander

Y mientras que el BCH iba mejorando su gestión, Banco Santander, aún marchando muy bien, mantenía un equipo corto, con mucha responsabilidad por persona y, probablemente, no todo lo ágil que se quisiera. La renuncia de Rodrigo Echenique trajo que el puesto de consejero delegado quedara vacante. Emilio Botín asumió parte de esas funciones creando un sistema de gestión muy horizontal que, en cierto modo, se parecía al de Alfonso Escámez. Botín despachaba con los principales directores de área, siendo él enlace de toda esa actividad. El sistema era una red muy agresiva, con productos rompedores y mucha exigencia al personal. El desarrollo de la presencia en América lo hizo un pequeño grupo de gente, muy a las órdenes de don Emilio, mientras que el BBVA dispuso de unidades más numerosas y aparentemente más dotadas. Ese sistema de Botín, de rápida reacción, comenzó a echar en falta una moderna planificación. En ningún modo puede olvidarse la presencia de Matías Rodríguez Inciarte en esos años, quien suplió, en cierto modo la ausencia de Rodrigo Echenique en cuanto a la gestión y la supero respecto a la influencia directa en el propio Botín, pero nunca pretendió convertirse en consejero delegado.

Y fue precisamente —como ya hemos dicho en otro capítulo— el deseo de don Emilio de fichar a un gran consejero delegado lo que abrió el camino de la fusión entre el Santander y el Central Hispano. Botín quiso fichar al mejor consejero delegado del mercado —a Ángel Corcóstegui— y éste le ofreció en lugar de una persona —su persona— todo un banco. Pero este asunto es la material del siguiente capítulo.