CAPITULO XII
La verdadera historia del SCH
La fusión entre el Santander y el Central Hispano comenzó con gran cordialidad y enormes parabienes. Pero no iba a terminar así. En un largo proceso en el que parecía que Emilio Botín iba retrocediendo y perdiendo terreno se llega a un encontronazo impropio para una entidad de esas características. Algunos grandes logros de esa fusión iban a que dar ensombrecidos por aquel episodio final.
El capítulo anterior se titulaba La fusión de Corcóstegui e Inciarte. Y, desde luego, el título era más que indicado. En ese capítulo narrábamos la historia más conocida de la génesis de la fusión que no era otra que el deseo primero de Emilio Botín de fichar a Ángel Corcóstegui. Luego, como ya se expresaba, Corcóstegui respondió amablemente con un ofrecimiento de fusión. Puso digámoslo así el BCH en manos de Botín, tras convencer a Amusátegui. Con esto se repetía aquel difícil episodio en el Rodrigo Echenique llamó a José María Amusátegui, en nombre de Emilio Botín, para iniciar conversaciones para fusionar el Hispano y al Santander. Eso humilló a Amusátegui y buscó la fusión en el Central. En fin, había pasado mucho tiempo, más de tres años, pero el hecho estaba presente todavía en el ánimo del presidente del BCH.
Otras fuentes, sin embargo, no creen que haya sido Ángel Corcóstegui el inventor de la fusión. La realidad es que el ambiente estaba en calve de fusiones. La llegada del euro estaba cercana. La futura política de tipos bajos abonaba la teoría de mejorar la economía de escala. En el ambiente bancario solo BCH y Argentaria estaban en la lista de bancos a fusionarse. Argentaria parecía destinado al BBV, tal como se demostraría después. Y el BCH está ya completamente saneado y con, todavía, grandes plusvalías en su grupo industrial. Y en ellas, sobre todo, Airtel. Resulta curioso que Botín triunfador del pliego de telefonía móvil que arrebató al BBVA en 1994 y que vendió después, valorara al final de 1998 la participación de Airtel de tal manera. La realidad es que a Amusátegui le salió redonda la compra de la participación de Botín en la primitiva Airtel. En fin, de todos es conocido, después, como la operación realizada con Vodafone dará al SCH unas de las plusvalías más elevadas de la historia de la banca.
Podría, pues, admitirse que la fusión fluyera por pasos normales y que se pusiera en marcha por mutuo acuerdo entre Matías Rodríguez Inciarte y Ángel Corcóstegui, sin que fuese una respuesta de Corcóstegui a su intento de fichaje por parte de Botín. Tanto da, a la postre.
Tiempo de mieles
Pero la historia pública y conocida de la fusión es que en los primeros tiempos son de mieles y no de hieles. Los presidentes Amusátegui y Botín aparecen juntos en muchas manifestaciones y encuentros con periodistas y parece que se complementan. Los colaboradores más próximos hablan de buen entendimiento. Parece que a Botín el dinamismo y gracejo de Amusátegui le gusta, en principio. Las anécdotas ciertas o no se menudean. Una de ellas habla de que al hacer un viaje ambos en el jet privado, Amusátegui, en la zona de ayudas del Aeropuerto de Barajas compra una caja de donuts, sencillamente por hacer gracia, ya que el avión va a disponer de un excelente catering. En fin que don José María ofrece a don Emilio un donut, que no rehúsa, pero, inmediatamente, saca de su portafolios una manzana y se la ofrece a Amusátegui. Parece que por la hora temprana de la salida vuelo espacial ambos presidentes se temieron que no existiera el catering. Botín, se llevó de casa unas manzanas, que le gustan muchos y Amusátegui compro los bollos por si acaso.
José María Amusátegui con la fusión habia ampliado su periodo de presidencia cerca de 18 meses más, ya que el mismo, como presidente del BCH, había puesto fin a su mandato. Tampoco se puede negar a Ángel Corcóstegui una capacidad de organización notable y que hace que la fusión sea gobernada, en sus primeros momentos, casi al nivel de excelencia. Por un lado esta el G-4, organismo que controla la fusión desde arriba y que forman los presidentes Botín y Amusátegui, Corcóstegui y Rodríguez Inciarte. Luego, además del Consejo y de la comisión ejecutiva, se refuerza la comisión directiva, órgano perteneciente a la cultura del Hispano que ya tenía desde los tiempos anteriores a la fusión con el Central.
La realidad es que Botín ha entregado, de buen grado, la gestión a Corcóstegui, reservándose algunas parcelas, tales como personal, auditoria y Latinoamérica. Pero nada más. Es en esa etapa cuando Botín parece que ha dado un paso atrás y que deja hacer. La realidad es que tanto en el año 1999 la fusión se anuncia en enero de ese año como en 2000 hay una serie de hechos importantes que dan idea del dinamismo del banco fusionado y dejan pocos resquicios a cualquier lucha interna.
En noviembre de 1999 hay un acuerdo para comprar las participaciones del grupo bancario portugués perteneciente a la familia Champalimaud, que junto al Totta & Açores, proveniente de Banesto, configuran un grupo financiero en Portugal de indudable importancia. Es verdad que esa compra se vio acompañada con una fortísima oposición del Gobierno portugués. La causa tuvo como origen la falta de información que el anciano financiero luso dio a su Gobierno, mientras que Botín se habia informado a La Moncloa. La cuestión es que se abrió un contencioso muy fuerte, aunque al final pudo arreglarse esa compra. El 29 de noviembre se confirmaba el apoyo total del Santander al Royal Scotland Bank en su OPA al NatWest.
Y al año siguiente, el 7 de marzo comienzan los rumores sobre una compra muy importante en el medio Internet. Botín había anunciado una medida espectacular para ponerse en el primer puesto de la banca por la Red. Efectivamente, el 9 de marzo se compra el grupo Patagón, un portal multidisciplinar, con gran especialización en finanzas. Se llegaron a pagar 90.000 millones de pesetas de entonces, lo cual fue una barbaridad, aunque, ciertamente, tampoco las aproximaciones del BBV a la Terra de Telefónica fueron flojas en nivel de inversión y en posteriores pérdidas. Pero lo más importante iba a hacer relación con América. En mayo se gana la subasta del grupo mexicano Serfin y en noviembre se adquiere el grupo brasileño Banespa. Hoy mismo esa inversión sigue viva y ha soportado bien las turbulencias de esas zonas. En fin, pongámosle fecha a un asunto muy importante que ya se ha citado. En efecto, el 16 de julio se realiza el acuerdo de canje de acciones de Airtel por las de Vodafone. Y cinco días habia terminado la macro ampliación de capital destinada a compras y al apoyo al RBS.
La batalla final
No era fácil prever ese 1999, el 2000 e, incluso, buena parte del 2001 que va a acontecer una batalla dura y complicada como fin de una historia. Al aire de esa batalla surgirían después problemas jurídicos y judiciales de importancia. De todas formas y para poner todos los hilos en la madeja de esta historia hay que decir que Emilio Botín sufriría los efectos de los ataques de Rafael Pérez Escolar, antiguo consejero del Banesto de Conde, que trasladó sus impugnaciones y luchas dialécticas en las juntas de Banesto a las del Santander. Tal vez, el contenido del procedimiento que ha instruido la jueza Palacios que también lleva el pleito de las cesiones de créditoen torno a las retribuciones de salida de Amusátegui y de Corcóstegui se conociese de mano de la ira de Pérez Escolar.
Los pagos de la fusión
Algunas fuentes señalan que Ángel Corcóstegui y Matías Rodríguez Inciarte cobraron en mayo de 1999 un bonus especial por la consecución de fusión. La realidad es que el mismo día que se firmaba la fusión, en enero, las bases de la misma incluían las condiciones de jubilación de Amusátegui. Y aunque esto es frecuente en las fusiones que se determine el como y por el por qué de la salida de un presidente y quien le sustituye, esa importante oferta de jubilación, fue considerada por muchos como una compra de Amusátegui. La realidad es que si se han tenido en cuenta los dineros habría que tener otras circunstancias que indicaban la prominencia de Emilio Botín y de Banco Santander en dicha fusión, porque quedaba claro que, en caso de muerte o de incapacidad de Botín antes de llegar la fecha de jubilación, no sería presidente único Amusátegui, sino Jaime Botín. Es obvio que, desde el mismo día de la firma de la fusión, la entidad ganadora era el Santander, igual que lo fue el Hispano en la del Central.
Ocurre sin embargo que, a la postre tanto la jubilación de Amusátegui como la cuantía recibida por Corcóstegui a la hora de marcharse produjeron un gran escándalo, una evidente alarma social y ello produjo una denuncia del equipo de Pérez Escolar en la Audiencia Nacional y la admisión del procedimiento por parte de la jueza Teresa Palacios. Y es que los 43 millones de euros de Amusátegui y los 140 de Corcóstegui no eran para menos.
Y si durante el 2000 se acometieron muchos planteamientos interesantes para la vida del banco fusionado, tampoco el 2001 era mal año. Porque en marzo se iniciaba el proyecto Universia.net, uno de los intentos más serios de unir las universidades españolas e iberoamericanas en una red especial por medio de Internet. En abril se terminaba con éxito la OPA sobre Banespa.
Hemos dicho que BANCA 15 y Carta Confidencial habían publicado con mucha antelación, en otoño de 2000, la pretensión de Francisco Luzón de no aceptar en América la identidad corporativa del BCSH y seguir con la roja del Santander. Luzón o uno de sus colaboradores se jactó en Santiago de Chile en una reunión llena de políticos chilenos, financieros y periodistas que el camino del BSCH era volver a llamarse Santander sólo. A eso lo llamamos Operación Rojo. Y esa cuestión tuvo un enorme impacto en el interior del banco en España.
La extraña batalla final
De estupor se pasó a la ira por parte de algunos y así comenzó una batalla inesperada, con flecos, en materia de presencia en los medios, que iba a recordar la guerra terrible desplegada en el BBV cuando el encontronazo de José Ángel Sánchez Asiaín y Pedro de Toledo. Desde luego en el SCH había un superviviente de aquel follón, muy preparado para las rebeldías sin causa. Ese era Luis Abril, director general del banco, encargado de los asuntos de comunicación, y que se había incorporado desde Banesto, cuando la fusión.
La cuestión fundamental es que en un momento dado y, al parecer, sin conversaciones previas, Emilio Botín pide a José María Amusátegui que adelante su salida del banco, mediante la jubilación pactada. El adelanto es de poco más de seis meses. Y es en el mes de junio cuando se producen las primeras escaramuzas. Amusátegui se niega y acusa a Botín de querer barrer a todos los ejecutivos procedentes del Central Hispano y pulverizar su cultura.
Este asunto tiene una repercusión enorme en la prensa, mientras que no lo habían tendido otros muchos problemas internos por lo que pasó la fusión entre el Central Hispano y el buen número de reticencias expresadas por los directivos procedentes del Santander al principio de la fusión y que se coronarían con la salida de la función ejecutiva de Ana Patricia Botín, tras la publicación como ya dijimos en el capítulo anterior de un artículo en El País.
¿Quién lanza a la batalla a José María Amusátegui? ¿Es sólo la chispa, una desafortunada intervención de Botín sobre el adelanto en su salida? Pues parece que no. Ahora que han pasado tres años la mayor parte de los que estuvieron en el equipo que procedía del Central Hispano y que salieron en esa época, pues culpan a Ángel Corcóstegui y exculpan a Amusátegui y a Botín. Ese episodio trajo el cese fulminante de Luis Abril, sin dejarle ir a recoger sus efectos personales del despacho, caso insólito en banca. No tuvo Luis Abril la defensa de su amigo y antiguo correligionario en las huestes de Pedro de Toledo, Ángel Corcóstegui. Y el enfrentamiento entre ambos hoy Luis Abril es director general de Telefónica todavía continúa. No me parece que la acusación dirigida ahora de otros muchos de sus compañeros a Ángel Corcóstegui este producida por el efecto dinero. Yo creo que se sintieron estafados pues muchos de ellos entraron en la batalla de la Operación Rojo hasta el punto de abandonar el banco voluntariamente. Estos también aluden hoy a la generosidad de Emilio Botín en su salida y al engaño permanente de Corcóstegui. Creen que él pensó que la trifulca entre los dos presidentes de SCH provocaría alguna intervención salomónica del Banco de España con la destitución de ambos y el nombramiento de Ángel Corcóstegui como presidente. Y eso, obviamente, no es especulación mía. Me lo han dicho varios protagonistas de esos días y no, precisamente, Luis Abril que desde su transformación en telefónico, no tiene mucho interés en hablar de esa época.
Corcóstegui dimitiría en Santander, tras la junta de 2001. Se implementaría la identidad corporativa de color rojo con la tradicional llama del Santander y se produciría la unión de las redes del SCH y del Santander, terminando con la vieja teoría del mantenimiento multimarca.
En agosto, Emilio Botín asumiría la presidencia única. Alfredo Sáenz dejaba la presidencia de Banesto para pasar a ser vicepresidente y consejero delegado del Santander Central Hispano. Y Ana Patricia Botín asumiría la presidencia de Banesto.
Y en esto de la Operación Rojo, tal vez la última pincelada sea la renovada identidad exhibida en la última presentación de los resultados anuales del pasado ejercicio 2003, el 26 de enero de 2004, donde las palabras Grupo Santander habían quitado el sitio al Central y al Hispano del ya viejo Santander Central Hispano
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