CAPITULO XV
Un mal epílogo para Emilio Ybarra
La teoría de lo que fue y de lo que pudo ser nunca es un buen asunto. Pero en el caso de Emilio Ybarra y Churruca, el despeñe de su figura de su importante figura por un hecho de difícil explicación, merece la pena ser analizado. Y, desde luego, esa caída hay que incluirla en la historia de la fusión BBVA.
Los hechos son testarudos pero el mantenimiento en vida, con varios cambios de denominación, de las primitivas cuentas secretas destinadas a eliminar problemas de autocartera no deja de parecer una tontería. Ya nos hemos referido en extenso a esa circunstancia en nuestro capítulo anterior y que se remonta a octubre de 1987, cuando se deposita en ellas el producto de la reventa de las acciones del Banco de Vizcaya que Pedro de Toledo había comprado a Javier de la Rosa. Toledo evita con ello una acción hostil del financiero catalán, quien, después, pondría en marcha el mismo mecanismo respecto al Banco Central de Alfonso Escámez.
La permanencia de las cuentas secretas no parece un accidente pues como también decíamos en el capítulo XIV sufren varias modificaciones y cambios de residencia hasta que llega al momento de constituir en ellas unos fondos de pensiones para los miembros del consejo. No se puede dudar, pues, que esas cuentas fueron utilizadas para otros fines. Y, así cuando estalla, el escándalo se pretende investigar si han servido para otros fines, como comisiones a políticos por la compra de entidades americanas y otros servicios.
La investigación posterior no aclararía este asunto y, entonces, todo parece indicar que no se encontró el momento para legalizar esas cantidades de la antigua compraventa, pagar los impuestos correspondientes y olvidarse.
Es cierto, sin embargo, que se venía de una época en la que el movimiento de capitales en España estaba intervenido. No había libre circulación de los mismos y ahí estaban los organismos de regulación del ministerio de Hacienda. Yo mismo como broma, cuando me encontraba con un banquero con algunos años de ejercicios preguntaba a bocajarro: ¿Tú que opinas de la Dirección General de Transacciones Exteriores?
Y la respuesta siempre era de alarma, sorpresa y posterior cachondeo cuando mi interlocutor apreciaba el sentido de la pregunta. Claro que ya no existe. Y la tutela sobre los capitales españoles se terminó a mediados de la década de los ochenta, pero con anterioridad todo estaba controlado.
El uso de cuentas discretas, pues, era generalizado y no tanto por evadir al fisco, sino para tener capacidad de maniobra. Tal vez, ese la razón del mantenimiento de las llamadas cuentas secretas del BBVA.
Un hombre bueno
Emilio Ybarra llega al Banco de Bilbao en 1964. Es miembro de una de las familias más prestigiosas de Neguri. Miembros de la misma familia también están presentes en el Banco de Vizcaya y en otras compañías industriales del País Vasco. Cuando llega al banco se está produciendo la expansión dirigida por la genialidad de José Ángel Sánchez Asiaín, quien todavía no tiene todo el poder, pero que trabaja para conseguirlo. Sánchez Asiaín sería el gran innovador del Banco de Bilbao, al que sobre todo le dio una gran imagen.
Emilio Ybarra colabora con esa nueva situación y apoya al técnico venido de fuera, que no tiene todas las bendiciones de las familias de Neguri.
Y parece que siempre era interlocutor dispuesto a mediar con de esas familias cuando el revolucionario Asiaín se pasaba en eficacia. Tenía Emilio Ybarra una excelente imagen interna y muchos amigos entre todos los estamentos del banco. Sele consideraba un hombre bueno, tranquilo, humilde, buen conocedor del banco y muy trabajador.
La fusión cruenta
La verdad es que siempre he llamado a la fusión BBV fusión cruenta porque Pedro de Toledo se dejó morir por no perder el poder, ni que se gente saliese perjudicada en el acuerdo del Vizcaya con el Bilbao. No aceptó consejos médicos en su extraña enfermedad exceso de hierro en la sangrela cual pudo ser atajada o, por lo menos, no convertirse en mortal de necesidad, si se hubiera sometido a un tratamiento adecuado. Pero dicho tratamiento suponía alejarse de la batalla con su rival José Ángel Sánchez Asiaín.
Y, en fin, que Emilio Ybarra llega a presidente del BBV por un laudo del Banco de España, el cual pone fin a una durísima y desde luego impresentable batalla entre los herederos de Toledo y las huestes de Asiaín. Nadie da un duro por su papel como presidente y se le supone un presidente de transición para terminar con el escándalo de la lucha interior.
Y durante los dos primeros años siempre hay rumores en Gran Vía, 1 (sede bilbaína del banco) con que ese años, en esa junta, se cambia de presidente. Y es cierto que sus primeros momentos son complicados. Pierde la opción de comprar Banesto, tras la intervención del Banco de España. Y eso que según todos los indicios al estar de presidente del Español de Crédito intervenido un vicepresidente del BBV, Alfredo Sáenz, lo hacia previsible. Pero el pliego del Santander es mejor. Su segunda derrota llega cuando se abre concurso para la segunda licencia de telefonía móvil, fuera del ámbito de Telefónica. También ahí le gana Emilio Botín, siendo, entonces uno de los momentos más delicados de Emilio Ybarra.
El pacto con Uriarte
El fermento de la modernización comercial del Bilbao es sin duda la base del cambio que va experimentar el BBV gracias a un pacto no escrito entre Emilio Ybarra y Pedro Luis Uriarte. Este último incorporado al banco también en tiempos de José Ángel Sánchez Asiaín, en 1975, sale del mismo para incorporarse a la política autonómica de los primeros momentos. Permanecería en ella desde 1980 a 1985. En ella negocia con eficacia el Concierto Económico que marca las relaciones fiscales con el Estado y el Gobierno central. Cuando regresa al banco enseguida tiene enemigos. Quiere ir Uriarte deprisa pero le frenan desde Neguri, donde no ven bien su buena relación con el PNV. Y también mucha gente procedente del Vizcaya que no ven con buenos ojos su irresistible ascensión.
Pero Emilio Ybarra cree que Uriarte puede ser quien dinamice el banco desde abajo y que cree una entidad muy comercial, muy de vendedores. Contra todo pronóstico, Ybarra y Uriarte se entienden. Parece, asimismo, que Pedro Luis está obsesionado con los antiguos colaboradores de Toledo. El último en marcharse sería Ángel Corcóstegui que se convierte en consejero delegado del Banco Central Hispano (BCH) que preside José María Amusátegui. Y la transformación se hace el BBV es el primer banco con diferencia de España. Su capacidad comercial, su lucha en la calle lleva al BBV a ser competidor de todos, de hasta las cajas, a las que pretende machacar en su propio territorio.
Cuando a primeros de 1999 se produce la fusión entre el Santander y el Central Hispano pierde el primer puesto en tamaño, pero en la mayoría de los datos conserva la primacía. Uriarte ha sido el primero que aplica la planificación a medio plazo, con presupuestos previos que hay que cumplir. Esa planificación le sirve para modular los defectos estructurales e ir acometiendo una reforma interior profunda. Y es cierto que el los Mil Días le hac4e subir, como decíamos, en todos los ratios y, sobre todo, el capitalización bursátil. Incluso, parece que Uriarte implementa una rivalidad activa con Banco Santander desde antes de su fusión con el Central Hispano. Las diferencias entre Santander y BBV son tantas que no resulta raro que el acoso del banco sobre el Santander abriera la posibilidad de la fusión con el BCH.
El principio del fin
Toda la dinámica de la salida anticipada de Ybarra y Uriarte ya se expresó en el anterior capítulo. También que el retraso de más de seis meses en el previsible acuerdo de fusión se produce por una doble resistencia. De un lado, la tendencia a no dejarse intimidar por parte de Francisco González, ya que parecía para los del BBV que el único obstáculo era la permanencia del presidente de Argentaria en el futuro banco. Y la otra resistencia es la propia de Ybarra y de Uriarte a aceptar lo que se les manda desde Moncloa.
Otro aspecto es desde cuanto se tiene conocimiento, fuera del ámbito del Consejo del BBV de la existencia de las cuentas secretas. Lo más previsible es que la herencia de Toledo no se tuviera conocimiento en parte alguna y sería la constitución de los fondos de pensiones por parte de American Life Company. Dichos fondos vienen a compensar las diferencias de salarios y de futuras jubilaciones de los consejeros procedentes de Argentaria con los del BBV. No deja ser extraño ese proceder. Se acusó a Luis Bastida, un gran bancario, de ser el cerebro de tal idea.
Como director financiero del BBV y sucesor in pectore de Uriarte se le cree el diseñador de esa idea. Finalmente, sería Emilio Ybarra quien asumiría toda la responsabilidad del asunto. Ciertamente, en cuanto se conoce el asunto, se dan de baja los fondos de pensiones y se regularizan la cuestión fiscal de las cuentas secretas.
La consecuencia final sería la llegada anticipada a la presidencia única de Francisco González. La desaparición de la tutela de Uriarte sobre González, impuesta por las bases de fusión y el ascenso a consejero delegado de José Ignacio Goirigolzarri, que era uno de los pocos consejeros procedentes del BBV que no contrató fondo de pensiones. Desde luego el tema de las cuentas secretas ha favorecido a la asunción a la presidencia del BBVA de Francisco González con todo el poder. Y sin hipoteca alguna respecto a las fuentes de poder históricas del banco vasco.
Ahora Emilio Ybarra espera el desenlace judicial de este asunto. Lo deseable es que todo se arregle convenientemente y que no quede empañada la imagen de uno de los mejores banqueros de la historia de España.
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