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CAPITULO III

Banesto-Central: los invasores ganan

Mario Conde se convierte en el enemigo a batir por parte de los llamados “invasores”. La presión de éstos se traslada de Escámez a Conde. A su vez, Alfonso Escámez comienza a desilusionarse de la primera admiración por Conde. En el capítulo de hoy damos noticia de los cambios de poder dentro de la fusión y del afloramiento de los problemas que romperían la fusión definitivamente.

Es básico para entender el problema suscitado en la fusión Banesto-Central el acuerdo de realizarla mediante la creación de un holding, llamado Banco Español Central de Crédito (BECC), que ejercería además como consejero delegado de las dos entidades, durante el periodo intermedio. Ese holding tenía varias características y la más notable es que se convertía en una especie de depósito vacío al que iban fluyendo los elementos patrimoniales de cada entidad. En un ritmo que tendrían que aprobar los Consejos de Administración de cada banco y en función de unos criterios de oportunidad, saneamiento y preparación para el trasvase. El holding, asimismo, tenía unos organismos de gestión como cualquier sociedad anónima.

El presidente del holding era Alfonso Escámez y el primer ejecutivo, Mario Conde. El holding era, asimismo, el “consejero delegado” de los bancos por fusionar. Y una vez completado el contenido y poder del holding, la fusión ya estaba hecha. La sucesión de Escámez a Conde se hacía por “medios naturales”. Es decir, Conde asumía en el nuevo banco el poder que ya tenía. También marcaba el intercambio de consejeros entre el Central y el Banesto. Eran consejeros de pleno derecho de ambas entidades.

Los Albertos en el Central

Los Albertos —Alberto Cortina y Alberto Alcocer— habían declinado varias veces su presencia en el Consejo del Central, cuestión exigida por Escámez cada vez que se suscitaba ampliación o cambio de los consejeros de Cartera Central. Lo que Escámez no quería era un aumento de consejeros procedentes de C. C. y sólo el cambio de los titulares. Tampoco Mario Conde desea ese incremento pues, obviamente, se situarían en el BECC Holding y la realidad es que esos dos jóvenes accionistas, representando un capital superior al 14% de los dos bancos —12 en el Central y 2 en Banesto—podían optar a la presidencia del banco fusionado en cualquier momento. La negociación es difícil, hasta que media el Gobernador del Banco de España, Mariano Rubio. Y es que la inmediatez de la junta del Central a celebrar el 25 de junio de 1988 se plantea tensa y escandalosa. Y es curioso que, ya alcanzado el acuerdo para la entrada de los nuevos consejeros y, entre ellos, de Alberto Alcocer y Alberto Cortina, los servicios de seguridad del Palacio de Cristal de la Casa de Campo, de Madrid, donde se iba a celebrar la junta, ven que varios “accionistas”, con su tarjeta de asistencia, llevan grandes megáfonos eléctricos de mano, mal envueltos en papel de periódico. Al menos detectan seis o siete personas con artilugios sonoros. O no se habían enterado del acuerdo o no se lo creían. En fin, son entonces, cinco consejeros para Cartera Central y, naturalmente, Los Albertos entre ellos. La llegada de los “chicos”, con su habitual simpatía, tranquiliza el consejo del Central. Pero no así el de Banesto donde los primos Alcocer y Cortina se iban a sentar en contra de Mario Conde.

La inspección “vive” en Banesto —en esos tiempos no se estilaba la presencia permanente de los inspectores en las sedes de los grandes bancos— y su extraña intuición de que Mariano Rubio no iba a continuar al frente del Banco de España no tendría confirmación posible. Parece que el mismo Conde entretejió una teoría que justificaba la salida de don Mariano. Tal vez, confundió sus deseos con la realidad. Eso le iba a pasar muchas más veces. Javier de la Rosa, muñidor y proveedor de acciones para fundar Cartera Central, cambia de estrategia, se declara contrario a Los Albertos y pretende acercarse a Conde. En esa noche, con apoyo periodístico, De la Rosa, pretende impedir, también, la llegada de Los Albertos al Consejo del Central. Tampoco lo conseguiría. Y, por ello, se abre, pues, esa nueva brecha. Felipe González siempre receló de Javier de la Rosa, aunque Carlos Solchaga le presentaba como un financiero de modos internacionales, como un broker duro. Conde había intentado negociar con De la Rosa, viejos asuntos relacionados con el padre de Javier de la Rosa y ciertos secretos relacionados con la delegación territorial de Banesto en Cataluña pudieron hacer cambiar de opinión al financiero catalán. La pregunta que, hoy por hoy, puede quedar en el aire es: ¿Qué hubiera pasado si De la Rosa y Conde se entienden antes?

Conde y el futuro de AbellÓ

Poco duró Juan Abelló como vicepresidente de Banesto. Entonces se dijo que el propio Abelló no pudo soportar que su “empleado”, Mario Conde, se transformara en el “gran jefe”. La realidad es que, por un lado, el trato de Conde a Abelló cambió y, por otro, se inició una “campaña” para que se fuera en la que participaron otros colaboradores de Conde, algunos muy amigos de Juan Abelló. En los periódicos se transmitía que la esposa de Abelló, Juana Gamazo, de abolengo aristócrata, no soportaba los excesos de “parvenu” de Conde. Mario Conde quería el poder absoluto y Juan Abelló se lo discutía. El 18 de marzo de 1988, Juan Abelló pide que se acuerde en documento privado la relación entre los dos socios y se reconozca su liderazgo, aunque no sea público. Conde jamás aceptó esa situación. El principio del fin de la ruptura estaba servido. Incluso se temió que Abelló votara en contra en la reunión del Consejo de Banesto para aprobar las bases de fusión con el Central. Pero no fue así: el acuerdo se aprobó por unanimidad. No ocurrió lo mismo en el Banco Central, donde los consejeros dependientes de Cartera Central: Romualdo García Ambrosio, Álvaro Alepuz y Alfonso Cortina votaron en contra. Tampoco quería Conde a estos en su mesa.

Un verano intranquilo

La agresividad de los últimos tiempos de los tres consejeros del Cartera Central se había atenuado. Escámez percibió que el enemigo a batir de estos socios era Conde y no él. No obstante, no perdonaba a Los Albertos que no hubieran aceptado ser consejeros del banco, desde el primer día, ofrecimiento que les había hecho desde mucho antes de iniciar la operación de asalto al Central. El verano es intranquilo pero improductivo, Normalmente, la tradición bancaria marca no convocar al consejo de Administración en agosto o, incluso, los más puristas, celebran una reunión a principios muy principios— o a finales —muy finales— de agosto, para así tener tiempo para las vacaciones. Pero se decide que las reuniones del BECC Holding sigan su ritmo semanal. Y así se producen las idas y venidas de consejeros y altos empleados de ambos bancos, sin que sirva para mucho. Aunque, como no hay mucho que hacer los días de acudida se celebran reuniones entre unos y otros.
Conde comienza a tener la idea de que la frialdad de Felipe González en la reunión es todo un programa operativo contra él. E inicia una nueva operación de aproximación a Alfonso Escámez, no se sabe si por razones de supervivencia o para enterarse de donde está, por entonces, el banquero de Águilas. Los encuentros veraniegos no le sirven para adivinar nada. Además, el continua moviendo hilos para sacarse a Abelló de encima. Y lo haría muy bien, pues la mayoría del medio financiero y los medios de comunicación creen que es Abelló quien se ha ido, cuando, en realidad, se realiza un conspiración muy medida para sentirse incomodo.

Todo el poder para Escámez

No puede negarse que uno de los problemas para aceptar al holding como consejero delegado de los bancos y, a su vez, que Mario Conde tuviera el poder ejecutivo en Banesto y en el propio BECC produce colisiones con la Ley de Sociedades Anónimas y eso dificulta el que se puede registrar la operación y, sobre todo, las bases de fusión. Y así se pacta previamente con el Banco de España y con el registrador un cambio. Sigue el holding, pero con una estructura de copresidentes. Termina, pues, la estela de Conde como “primus inter pares”. E, incluso, se acuerda que la sucesión de Alfonso Escámez llegaría en el año 1991, cuando en la situación anterior solo se planteaba que el BECC holding tuviera en su interior toda la estructura y propiedades de los dos bancos. Eso ocurre el 9 de septiembre, cuando —casi— los más tardíos en regresar de vacaciones por los “trabajos de agosto” todavía no han regresado.

¿Sé había enfriado la admiración de Escámez por Conde? ¿Era la influencia de Los Albertos o la presión Mariano Rubio o, incluso, del Gobierno, lo que le había hecho cambiar de idea? Desde luego, la primitiva admiración —a la que ya he aludido extensamente en los capítulos anteriores— va desvaneciéndose en Alfonso Escámez poco a poco. El exhibicionismo social de Conde, sus apariciones en la Feria de Sevilla o en la Mallorca veraniega son para Conde un comportamiento contrario al de un banquero, según don Alfonso. Una foto de Mario Conde con traje corto, sombrero cordobés y una copa de fino en la mano da la vuelta al mundo. No es lo conveniente. Escámez se ve en la obligación de advertírselo. Ni caso. Pero además la situación de Banesto —desconocida en profundidad por Alfonso Escámez— hace pensar que no es tampoco el banco ideal para unirse con el Central. Está claro —como he dicho en otras ocasiones—que la presencia de José María López de Letona en el Banesto de don Pablo Garnica, impuesta por el Banco de España, podría ser discutible, pero no era caprichosa.
El banco no estaba bien. Luis Blázquez, encargado del enlace permanente con Banesto, va encontrando anomalías y, sobre todo, prácticas muy poco bancarias para resolver los problemas.

El efecto de las supercuentas

La realidad es que “bomba-trampa” que supuso la guerra declarada por Emilio Botín, desde el Banco de Santander, con las supercuentas, tenía dos objetivos: una ganar clientes. Otra, cargarse a la competencia. El Santander con una estructura menos pesada podía remunerar las cuentas corrientes con seguridad.
Mario Conde entró al trapo de esa batalla. Y cada vez que Santander subía el porcentaje de remuneración, Banesto le seguía sin pensárselo demasiado. Mientras, tanto el Banco Central y el Popular ejercía la política del “traje a medida”. Es decir, se satisfacían las peticiones de mayores intereses a los clientes que lo solicitaban y se asumían se interesaban. El Banco Hispanoamericano, aunque en menos medida que Banesto, fue también victima de la “trampa de Botín”.

Sin embargo, Conde cree que Escámez está aceptando los cantos de sirena de Los Albertos. Sea como fuera la conflictividad de los consejos de Administración se traslada de Alcalá-Barquillo a Castellana, 9, “sede moderna” de Banesto, que muy pronto volvería a Alcalá-Sevilla, al singular edificio de Banesto, proa de barco de la calle de Alcalá.

Independientemente de los problemas de la fusión, que las hay, Mario Conde comienza una política de oposición a las decisiones del Banco de España, con las cuales iba a continuar hasta el fin de su mandato, el 28 de diciembre de 1993, cuando el banco emisor decide intervenir el banco en una operación dura, insólita y muy poco frecuente en la historia de la banca española, pero eso es adelantar acontecimientos.
Con la presencia de Los Albertos formando parte del consejo de Banesto, despejado de la operación Javier de la Rosa y llevando Alfonso Escámez las de ganar comienza lo que se convertiría en la batalla frontal a tres bandas, entre Alberto Cortina, Alberto Alcocer y Mario Conde que tomaría aspectos de “guerra sucia” y que, desde luego, terminaría con la fusión Banesto—Central, sería el comienzo del fin de Conde como banquero y Los Albertos cambiarían de vida.

Pero eso es adelantar acontecimientos, los cuales aparecerán en el siguiente capítulo de cuadernos de historia.


Más nombres en la fusión

Luis Blázquez. Hombre de confianza de Escámez. También ingresó de botones en el banco. Asume grandes parcelas de poder por su enorme dedicación. Encargado de relación con Conde para los asuntos difíciles.

Epifanio Ridruejo. Hijo del banquero soriano del mismo nombre que llegó a ser Director general del ministerio de Hacienda, encargado del espinoso asunto de las divisas. Número dos oficial del banco. Bastante amigo de Los Albertos y con buena relación con el Banco de España.

Ramiro Núñez. Fiscalista, experto jurídico de Mario Conde. Consejero Secretario del consejo de Banesto. Y a quien se atribuye la operación de ahorro fiscal en la venta de Antibióticos S.A., empresa propiedad de Abelló y participada por Conde. Esa venta fue el origen de la fortuna de Conde.

Fernando Garro. Amigo personal de Conde. Encargado de Relaciones Exteriores, inmuebles, medios, etc. Importante en la relación con Abelló y, tal vez, muñidor de la ruptura.

 

 
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