CAPITULO IV
La victoria de Escámez
Los efectos de un exceso de batalla en la disputa entre Conde y los Albertos con episodios de guerra suciafue la puntilla para la fusión entre el Central y el Banesto. Al final de la historia, todos los contendientes salieron derrotados menos Alfonso Escámez. Sin embargo, parecía que Escámez no había desistido de su idea de conseguir ser presidente del primer banco de España.
Hay varios puntos de interés citados en nuestro capítulo anterior que bien merece la pena volver a citar para centrar mejor los hechos que ocurrirían después. Por un lado, se produce un inesperado cambio de Javier de la Rosa. El autor del principio del problema, es decir aquel que por medio de los dineros kuwaitíes de KIO compara un 12 por ciento y promete a Carlos Solchaga que desalojará a Escámez del Banco Central, pacta de alguna manera con Mario Conde y se apea de la lucha. Quedan, pues, solos Alberto Cortina y Alberto Alcocer en esa batalla. En esos momentos los apoyos del Gobierno de Felipe González son menores de cara a un desalojo de Alfonso Escámez.
Por otro lado, y para todos, el enemigo a batir es Mario Conde. Preocupa el acuerdo con De la Rosa. Tanto, Los Albertos, como el Gobierno, temen de esa alianza. E, incluso, sospechan que el financiero catalán podría estar enganchado con Mario Conde con algún asunto de su pasado, de su familia. Bueno, todo el mundo sabía que era el asunto de la Banca Garriga Nogués donde De la Rosa había realizado una actividad impropia. Pero, además, la realidad es que Javier de la Rosa se ha dado cuenta de que el asunto se ha complicado extraordinariamente y que no va a tener buen fin. Partidario de los negocios rápidos, puede pensar que los hay más dentro de los dos bancos: en el Central y en el Banesto, que fuera. Conde recomienda a Escámez que hable con De la Rosa, para, tal vez, bajar la tensión. El presidente del Central ni lo intenta y prefiere seguir el desarrollo libre de los acontecimientos. En la calle, la cuestión parece que sigue igual y que Javier de la Rosa continúa en buena relación con Los Albertos y con Cartera Central. Pero no es así. Ocurre, entonces, que desde el Banco de España se da la enhorabuena a Alcocer y Cortina por ese apartamiento y se les recomienda que una alta personalidad ocupe la presidencia de Cartera Central, como anticipo de la figura que, en su día, una vez terminada la fusión se encarame al primer puesto del Banco Español Central de Crédito.
La nueva carrera de Miguel Boyer
Miguel Boyer había sido una de las personas más atractivas del todavía oficioso que no oficial PSOE en el Madrid de los momentos inmediatamente anteriores y posteriores a la muerte de Franco. Y eso junto a Javier Solana, aunque curiosamente la gran responsabilidad del contacto con los banqueros la llevaba Solana. Boyer era un joven brillante, elegante, que confraternizaba con la odiada derechota en Las Lentejas de Mona Jiménez. Esta señora, bien situada en todos los altos estamentos de Madrid, había logrado hacer una reunión semanal, en torno a un puchero de lentejas a la madrileña, de mucha importancia y donde se comenzaron a conocer mucha gente. Boyer era uno de los asiduos.
En fin, el triunfo socialista de febrero de 1983 encaramó a Miguel Boyer a la vicepresidencia del Gobierno, con responsabilidad en los temas económicos. Pero salió, tras un terrible encontronazo con el superpoderoso, Alfonso Guerra. Felipe González lo lamentó, pero en esos momentos no existía la terrible brecha entre él y Guerra. Pasó Boyer un tiempo en el Banco Exterior de España, pero eso no le interesaba. La realidad es que su romance y posterior boda con Isabel Preysler, bella mujer de origen filipino conocida por su matrimonio con el cantante, Julio Iglesias, sonó a sacrilegio en el interior del guerrismo y un poco a chufla en el resto del PSOE. Mariano Rubio dio a Boyer la opción de convertirse, a plazo medio, en el hombre más poderoso de España al poder ocupar la presidencia del BECC. En fin, que Los Albertos nombraban en noviembre de ese año a Miguel Boyer presidente de Cartera Central. Su salario mensual una cifra de dos dígitos en millones de pesetas sorprendió a todo el mundo, porque nunca Los Albertos se habían caracterizado por ser patrones dilapidadores. Pero quién sabe si eso pudo ser a la larga el principio del fin del asalto al Central y al Banesto el llamado guerrismo y el propio Alfonso Guerra comenzó a ver con simpatía al banquero Alfonso Escámez, hombre hecho a sí mismo y no a Miguel Boyer, ni a Los Albertos, ni a Mario Conde.
La llamada guerra sucia
Un hecho, absolutamente insólito para el mundo de la banca de esos días y en general para toda la sociedad madrileña fue el descubrimiento de las desavenencias matrimoniales de Alberto Cortina con su esposa, Alicia Koplowitz, dueña junto a su hermana Esther, del imperio de Construcciones y Contratas, la primera constructora y empresa de servicios comunales de España, que creció al amparo de los dirigentes de El Corte Inglés, tras la orfandad prematura de las hermanas Koplowitz. En efecto, unas fotos, tomadas fuera de España, demostraban la relación que Cortina mantenía con Marta Chávarri y persona muy conocida por la alta sociedad madrileña. Y si bien el eco de estas fotos en la revista Diez Minutos se consideró como excesivo, sí es verdad que el asunto de Cartera Central había dado a Los Albertos una notoriedad enorme.
Se acusó a Conde de financiar el viaje del fotógrafo autor de las fotos. Por entonces, todavía, la prensa del corazón no había alcanzado el volumen de negocios y precios que tiene ahora. Y es obvio que aquello acrecentó la batalla contra el banquero gallego, quien se restañaba las heridas de su ruptura con Juan Abelló, aunque para muchos expertos la salida del financiero, originado en la industria farmacéutica, de Banesto y de su asociación con Conde fue una maniobra del propio presidente de Banesto.
El momento más grave de esa guerra sucia fue cuando la revista Interviú, perteneciente al Grupo Zeta, publicó unas no recientes fotos de Marta Chávarri sentada en los sillones bajos de una discoteca. En ellas se veía el vello púbico de la señora, a través de la transparencia única de unos leotardos. Dichas fotos habían sido descartadas para su publicación, como muchas otras que no, por entonces, no eran presentables. Nadie dudó que Mario Conde estaba detrás de aquello.
Y si cito este hecho, lamentable y de poca importancia real ¡que importa que una señora prescinda de las bragas!, es porque fue un auténtico punto de inflexión en la batalla interna de Banesto, Central y Cartera Central. Y hay que añadir que Marta Chávarri e Isabel Preysler eran amigas y que esa relación había servido para mejorar las relaciones internas de Cartera Central neutralizando otro principio de guerra que, contra su antigua formación quiso abrir, el ya citado Javier de la Rosa. Y así, el 22 de febrero, Juan Abelló abandona Banesto y el asunto de la guerra sucia está en su apogeo. Dicen que se marchaba de Banesto bajo la idea de que fue víctima de un luz de gas. En el fondo, Conde ya no soportaba tener un segundo que era, en realidad, su primero.
El valor de los bancos
Un argumento que hizo mucho daño a la fusión y que, prácticamente, hacía inviable la teoría del holding mediante la aportación, como en un depósito de agua, de los patrimonios del Central y Banesto, era que el primero valía mucho más que el segundo. Cuando se inician los trabajos previos para la fusión el Banco Central era el primero del país, ya a mucha distancia del que fuera líder de la banca española durante décadas, el Banesto. Sin embargo, la fusión se planteó igualitaria y daba muchas posibilidades futuras al presidente del Español de Crédito, por simplemente, cuestiones de edad.
Este asunto de mayor valor es utilizado por Los Albertos ante Alfonso Escámez, pero también por Mariano Rubio, gobernador del Banco de España, quien a su vez, inicia un acercamiento a Escámez, después de muchos años de relaciones tensas. A su vez, hay varios colaboradores de confianza del presidente del Central que tiene claro que existe una difícil situación patrimonial de Banesto, lo cual sólo se podría solucionar con la fusión y con el crédito fiscal que recibiría la entidad resultante. Además, la salida de Abelló afectaba al buen nombre de Banesto. Es cierto que Mariano Rubio, entonces muy activo en la cuestión del BECC quiera evitar esa salida, con la idea, incluso, de tener un presidente de emergencia, en el caso de que Conde se viera obligado a marcharse. Y de ahí surge la leyenda de que, por vez primera, se ofreciese a Conde vender su participación en Banesto al precio que el quisiera y salir del Español de Crédito. Años después, durante otro tenso mes febrero, pero este de 1993, Mario Conde recibiría esa misma oferta por salir del banco e impedir la intervención de Banesto.
El final inevitable
No se puede negar que, a la postre, era Alfonso Escámez el ganador de todo este asunto. Derivada en los últimos meses la batalla del Central al Banesto, él pudo recomponer fuerzas y su equipo. Es posible que el contacto con Banesto, incluso con hombres jóvenes como Conde, Abelló, Los Albertos y Miguel Boyer le dieron argumentos para modernizar el propio Central. Es verdad, asimismo, que las cuestiones personales de Los Albertos ya se conocía también la separación de Alberto Alcocer habían influido en todo ese problema.
Mario Conde está resignado a romper la fusión para evitar males mayores. Alberto Cortina y Alberto Alcocer entienden que la inversión en Cartera Central no tendría ya sentido. Además su poder se esfumaría porque el capital de Cartera Central pertenecía a Construcciones y Contratas hoy FCC, es decir a sus ex esposas. Pero parecía que el camino no era viable. Y, entonces, el mayor beneficiado por la ruptura, Alfonso Escámez, se niega a romper la fusión. Dice que debe romperla Mario Conde quien es, además, quien, al principio, ofreció fusionarse. Y curiosamente esa firmeza se produce también con el beneplácito del Banco de España.
Los medios de comunicación hablan ya de ruptura. Se atribuye ese deseo a Mario Conde. Entonces, Alfonso Escámez reúne de manera permanente a la comisión que lleva ese nombre Comisión Permanente esperando una comunicación de Conde que dé por rota la fusión. Dicha comisión permaneció en ejercicio cerca de 14 horas hasta que se recibió la carta de Conde. Era el 28 de febrero. La fusión estaba rota. Unos días después, el 7 de marzo, Conde dirigió una carta personal a Alfonso Escámez proponiéndole que, aunque se rompiera la fusión bancaria, podría seguir la industrial. Es cierta que en la misiva de desistimiento de la fusión, Mario Conde dejaba una puerta abierta. Escámez contestó muy brevemente a Conde diciéndole que no era el momento oportuno para tratar un asunto así.
Y esa carta fue el origen de la Corporación Industrial de Banesto. Un intento de reunir todas las participaciones en una sola entidad y titulizar su valor con otras nuevas acciones acciones sobre acciones lo que le serviría para enjugar el déficit de recursos propios. Desgraciadamente para Mario Conde el día de puesta en marcha de la Corporación Industrial en los mercados internacionales a Iraq le dio por invadir Kuwait. Ese día de la primavera de 1991 fue el inicio de un crudo invierno, muy crudo y muy largo, para Mario Conde. La Corporación fue un fracaso.
Los Albertos tambiÉn salen
Alfonso Escámez no quería iniciar la nueva andadura con un 12 por ciento de capital en manos extrañas. Y se dirigió a las dueñas de ese capital, a Alicia y Esther Koplowitz. La negociación fue corta y cordial. Las hermanas sólo querían vender bien, sin producir quebrantos a su empresa. El precio pactado fue bueno y ellas triunfaban al final sobre sus ex maridos. La salida de Los Albertos del Consejo del Central fue inmediata. Del consejo de Banesto habían salido ya por la desaparición del objeto que les llevaba a ella. Escámez salió reforzado se esa crisis. Cartera Central continuó viva un tiempo y presidiéndola, Boyer, quien colaboró activamente al encumbramiento empresarial de las hermanas Koplowitz.
En esos mismos días, tal vez la misma tarde que terminó su negociación con ellas, pensó que su sucesión como presidente del Central no se había resuelto.
La idea de fusionarse y conseguir el primer banco del país no era mala, era muy buena. Y él podría jubilarse como primer banquero de España y uno de los primeros de Europa. Habría que reiniciar el acercamiento al Hispano.
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