CAPÍTULO IV - PUBLICADA EN LA REVISTA BANCA15 - Nº 335
La victoria de Escámez
Tomando como base una historia de un asalto real a una sucursal del Banco Central en Barcelona, se narra la historia que sucedió siete años después, con el intento de fusionar al Central con Banesto, desplazando a Escámez de la presidencia del banco. El banquero salió victorioso de esta operación.
ángel gómez escorial
La historia del llamado “Asalto al Banco Central” es perfectamente conocida en el medio bancario. Y yo mismo la reflejé con detalle en la serie que escribí hace unos años —ver “Cuadernos de Historia” en banca15.com— y que tuvo bastante repercusión. Hoy, en el contexto de realizar una biografía de Alfonso Escámez, me interesa mucho más analizar la influencia que dicha acción pudo tener en él mismo. Antes quiero decir que la frase del “Asalto al Banco Central” aplicada a la operación de los Albertos y de Javier de la Rosa contra la continuidad de Alfonso Escámez como presidente de la primera entidad bancaria se basa en otro tema acontecido siete años antes en Barcelona. Y que no fue otra cosa que un atraco —realmente fue un asalto— con toma de rehenes en la oficina principal del Banco Central en la Plaza de Cataluña de Barcelona. Duró unas 36 horas y el intento de robar hasta 600 millones de pesetas en efectivo. La rápida intervención de la policía añadió al suceso grandes magnitudes: llegó a haber unos 27 asaltantes y 263 rehenes. Se quiso politizar el hecho y relacionarlo con el 23 F, con el asalto al Congreso de los Diputados de 23 de febrero de 1981. Cosa que no pudo demostrarse. No obstante en 1983 se hizo una película, protagonizada por José Sacristán sobre el suceso, que tuvo un éxito moderado. Pero el tema en sí y el título eran perfectamente recordados en 1988 cuando se agudizó el intento de cambio de la cúpula del Banco Central. Y valga el exordio. La cuestión es que Escámez tuvo claro que quien resiste gana sabiendo muy bien que el todo el peso especifico de un banco y su traducción a poder concreto se encarga de defender al presidente de la entidad, si este se mantiene firme.
MILES DE REQUERIMIENTOS
Probablemente, lo que Escámez peor sufrió fueron los ataques en la prensa bien orquestados por sus adversarios y dentro del modelo que Javier de la Rosa ya había empleado en otras operaciones de acoso y derribo. Pero don Alfonso, al final, echó mucho pragmatismo a ese asunto y, tal vez, se tragó más sapos de los que nunca pensó, pero sin cambiar un ápice su política. Alberto Cortina y Alberto Alcocer habían declinado entra en el Consejo de Administración del Banco Central y, en principio, Romualdo García Ambrosio sería el primer consejero nombrado en línea a la representatividad del primer accionista del banco que era Cartera Central, institución que poseía el 12,60% de la entidad. García-Ambrosio y nombrado el 23 de enero de 1988. Una vez situado en la mesa del Consejo, comenzó a pedir mucha y muy variada información sobre el banco. Y cuando la demanda no era satisfecha se pedía mediante un requerimiento notarial, de los cuales el secretario del Consejo, Juan Bule Hombre llegó a recibir más de una veintena cada día, lo que rebasaba —claro está— el aparato administrativo del citado consejo de Administración. El efecto de “enemigo en casa” llevado a cabo por Romualdo y los ataques en prensa, creados mediante información, en muchos casos falsas, producidas desde Cartera Central. Era pues un ataque en toda la regla y del que no es fácil salir.
MARIO CONDE
Alfonso Escámez conocía a Mario Conde desde su llegada a la presidencia de Banesto y presente, por tanto, en los almuerzos de los “siete grandes” que se llevan a cabo en la sede del Banco Central en Alcalá-Barquillo. El ataque de Cartera Central arreciaba y Escámez cree que una forma de evitar al ataque de Cartera Central es la fusión con Banesto. Es verdad que el propio Escámez se habría opuesto con energía al intento de José Ángel Sánchez Asiaín, entonces presidente del Banco de Bilbao, de una OPA hostil contra el Banesto de Pablo Garnica. Escámez presentó a través de CEPSA una contra-OPA que hizo desistir a Asiaín de la operación e inició las aproximaciones con Pedro de Toledo, de las que nacería el BBV Pero el ataque supuso una fractura demasiado fuerte —y un tanto impensable en el Consejo de Administración de Banesto—. Y todo ello llevó, también de forma inesperada, a la presidencia del Banesto a Mario Conde.
En alguna forma, Mario Conde había “seducido” a Escámez, que valoraba su condición de Abogado del Estado y su fortuna personal, según Escámez muy importante, reunida gracias a la venta de la compañía farmacéutica, Antibióticos, S. A. La ya anunciada fusión del Bilbao con el Vizcaya presentaba el nuevo número uno de la banca española. Y Escámez, sin duda, no estaba dispuesto a perder ese puesto en el ranking financiero. Por eso acepta la fusión con Banesto y se crea el Banco Español Central de Crédito (BECC). Por un procedimiento de holding en el que mediante la aportación en dicho holding de todos los activos de ambos bancos se crearía la principal entidad bancaria española. Lógicamente el heredero final sería Mario Conde, quien, tras terminado el proceso de fusión se convertiría en presidente único. Y ahí se descubre que si Escámez no tenía muchas simpatías en el entorno económico del Gobierno —con Solchaga a la cabeza—, Conde concitaba aún muchas más reticencias y, entonces, los invasores de Cartera Central vuelven sus intenciones de ataque contra Mario Conde: es entonces el enemigo a batir y, a partir de ahí, dejan a Escámez tranquilo. Al no contar los Albertos, Javier de la Rosa y el Gobierno con la realidad biológica de Escámez —su tiempo de jubilación estaba próximo— se encuentran con un candidato jovencísimo a quien sustituir. Cartera Central disponía de un 2% de Banesto y por ello se alza con más del 14% del holding y consigue tres puestos en el consejo del holding.
LA REALIDAD DE BANESTO
Pero se iba a imponer otra realidad. Tras los primeros análisis por parte de la gente del Central —ahí interviene activamente Luis Blázquez— se aprecia que la situación de Banesto es delicada. Ya la gestión del equipo de Conde –más lanzado a la imagen y al marketing—no ha incidido en la recuperación patrimonial de la entidad, sin duda, con mala herencia anterior. Bien al contrario. Por su lado los Albertos dan seguridades a Alfonso Escámez que abandonada la fusión con Banesto nunca se plantearían un ataque contra el Central y que ellos mismos aceptarían entrar en el Consejo de Administración. De hecho, los acontecimientos van muy deprisa. En la lucha secreta de Mario Conde contra los Albertos se produce un hecho que se consideró un claro punto de inflexión. “Interviú”, la revista estrella de Antonio Asensio, publica una foto de Marta Chávarri, emparejada clandestinamente con Alberto Cortina, en la que se aprecia que no lleva ropa íntima. El descubrimiento público de ese noviazgo aceleraría la separación de Alicia Koplowitz, propietaria junto a Esther Koplowitz del grupo Construcciones y Contratas y, por tanto, de Cartera Central.
Pero también, por entonces, se aprecia un cambio político en el propio Gobierno, donde el entorno del vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, no está de acuerdo con el asalto patrocinado por la “gente bien” del PSOE. No se olvide que Miguel Boyer es presidente de Cartera Central y que Boyer ha sido el gran rival de Guerra en los primeros años del Gobierno de Felipe González. Hay un cambio de percepción: parece más indicado el papel de Escámez en esa lucha —hombre trabajador y creado a si mismo— que no un conjunto de señoritos que basan su acción en una tenencia de capital facultada por un gobierno extranjero. En fin, el 7 de marzo de 1988 Alfonso Escámez dirige a Mario Conde una carta en la que se desestima la fusión. Poco después el acoso de Cartera Central desaparecería con la compra de sus acciones por intervención directa de de Alfonso Escámez y su vuelta al patrimonio de Banco Central. Una reunión en un bufete de abogados cercano a la Plaza de las Salesas en Madrid, termina con todo este asunto.
IMAGEN DE VENCEDOR
La imagen de Alfonso Escámez se dispara al considerársele vencedor de un acoso del que nadie pensó, en principio, podría librarse. Y así se abre una etapa muy tranquila en la que Escámez sigue buscando un partenaire que le suponga retirarse como primer banquero del país. Son tres años en los que crece mucho más y se incrementa considerablemente el prestigio de Alfonso Escámez. Escámez ha intentando, todavía en el verano de 1988 aproximarse al Banco Hispanoamericano, pero Claudio Boada, presidente de esa entidad, no es receptivo. Y, además, lo del Banesto Central queda muy cercano… todavía. El Gobierno socialista, mientras tanto —y en especial Carlos Solchaga— comprende que antes de imponer una fusión a nadie debe “arreglar su propia casa”. Y con un joven ejecutivo, procedente del Vizcaya y saliente de la difícil fusión BBV, Francisco Luzón, con muy buena relación con Solchaga, fusiona Banco Exterior de España con Caja Postal y otros bancos especializados públicos. Nacía Argentaria el 3 de mayo de 1991. Era el segundo banco del país, tras BBV. Una vez más la entidad presidida por Escámez pierde un puesto en el ranking.
Claudio Boada se ha jubilado y José María Amusátegui no tiene las reticencias que su antecesor: el 14 de mayo se anuncia la fusión Banco Central Hispano, BCH. En la bases de fusión de acuerda que Escámez abandone la presidencia única a finales de octubre de 1992 y quede José María Amusátegui como presidente único. Muchos no confían que Escámez acepte ese compromiso, lo cual no era lógico, pues él deseaba jubilarse y hacerlo como lo que había sido siempre: el primer presidente del primer banco español. La fusión Central Hispano desplazaba a BBV de primer puesto en el ranking. En fin, el 27 de octubre de 1992 Escámez salía del mítico edificio de las cariátides de Alcalá-Barquillo para no volver jamás. Conservaría durante unos años la presidencia de la Compañía Española de Petróleos, SA (CEPSA) y finalmente años después se convertiría en presidente de honor de la petrolera, lo que le permitió conservar su despacho y su… habitual jornada de trabajo que, prácticamente, conservó hasta su muerte.
LA MÚSICA Y LA UNIVERSIDAD
La afición por la música culta de Alfonso Escámez fue una constante a lo largo de su vida. El mismo refería que, en sus primeros años en Madrid, recorría a la carrera la Gran Vía, desde la calle Alcalá, para llegar a tiempo de los conciertos del Palacio de la Música. También se le podía ver en los conciertos sinfónicos populares del cine Monumental en Antón Martín. Total que el Banco Central comenzó a patrocinar en la temporada 1988-1989 la temporada de opera del Palacio de la Zarzuela, actividad que pasaría después al Teatro Real. En realidad Escámez dijo que era necesario apoyar la ópera “para que no hubiera más gente en el escenario que en el patio de butacas”, en alusión a lo multitudinario de los montajes operísticos y al poco público que acudía a las representaciones. Fue un éxito dicho mecenazgo bien organizado y con mucha transcendencia exterior. También Alfonso Escámez participó como mecenas en el relanzamiento de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense. La labor del Banco Central en ello fue óptima pues un mayor caudal de recursos permitió invitar a grandes personalidades académicas de todo el mundo aumentando la repercusión de los mismos y popularizando bastante estos encuentros universitarios de estío.
DOCTOR HONORIS CAUSA
Otra de las “asignaturas pendientes” de Escámez era no haber alcanzado la condición de universitario. Y tenía una muy especial admiración por las personas con sólidas carreras universitarias. Ya hemos hablado de su admiración por los Abogados del Estado, pero en general por todo el mundo de la docencia. A finales de los años ochenta había conocido al entonces rector de la Complutense, Gustavo Villapalos. Esa amistad se desarrollo en largas conversaciones en las que Escámez decía a Villapalos que la Universidad debía ser administrada como una empresa y que, además, la empresa debía tener un claro acceso a la universidad para la mejor formación de las gentes que en el futuro se dedicaran al trabajo empresarial. El 27 de marzo de 1990, Alfonso Escámez fue investido doctor honoris causa por la Facultad de Derecho de la Complutense, y no, por ejemplo, por la facultad de Economía y Ciencias Empresariales, cosa llamativa y, al parecer, deseada por Escámez. Poco tiempo después sería elegido Alfonso Escámez presidente del Consejo Social de la UCM donde acometió el cargo con eficacia y gran dedicación.
Puede decirse que sus amistades y relaciones de los últimos años de su vida provenían de la Universidad y los contactos con él eran muy apreciados por los docentes. Alfonso Escámez dejaba la presidencia efectiva de CEPSA en marzo de 1996, al cumplir los ochenta años. Quedó, como presidente de honor y mantuvo su despacho y toda su actividad hasta el final de su vida.
He aludido al mantenimiento de su habitual jornada de trabajo desde los tiempos de su presidencia del Banco Central. Dedicar jornada de mañana y tarde a resolver los asuntos que se le presentaran, dedicar el almuerzo, en su propio despacho, a ampliar sus contactos profesionales, trabajar por la tarde y luego acudir, durante la temporada de conciertos, al Auditorio Nacional. Y así lo hizo en esos años —muchos— postreros de su vida en los que, tal vez, una creciente sordera le iba evitando sus presencias en los conciertos y, un tanto, en su apretada y permanente agenda de contactos. Bien podemos decir que el mundo de la universidad y la cultura llenó su actividad —siempre muy amplia— hasta prácticamente el momento de su muerte.
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