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publicada en LA REVISTA Banca15 nº 310 - ESPECIAL VERAANO de 2009Cuando llegue septiembrepor Ángel GÓmez Escorial Cerramos este presente número de Banca 15 —el “Especial de Agosto”— con los ojos puestos en septiembre, en el inicio de curso, tras un periodo de vacaciones que se presume convulso por los muchos ajustes laborales que llegarán. Los últimos días de julio ha sido muy especiales. La banca termina el día 29 su presentación de datos y ello dentro de una tónica que indica una mejor situación del sector en comparación con otros aspectos de la economía y de la producción españolas. Las exigencias del cierre del presente número especial —como queda dicho en el Carta de la Directora— nos hacen fraccionar, como en otros años, la información sobre los resultados del primer semestre. Quiero tratar aquí dos temas principales: el acuerdo social y el cambio del Gobierno español respecto a Gibraltar. Y así, la resistencia de la CEOE a firmar un acuerdo social en el que no se contemplen fuertes ayudas al sector aparecía en el devenir de esos días últimos de julio. Y hay, obviamente, hecho de una importancia limitada, pero que tiene un fuerte sentido histórico. Me refiero a la visita oficial —como ministro de Asuntos Exteriores— de Miguel Ángel Moratinos a Gibraltar. Y creo que merece la pena reflejar ambas cosas. La batalla de la CEOENo estaba solo Gerardo Díaz Ferrán en su pulso con el Gobierno respecto a las condiciones para seguir adelante con el diálogo social. Se ha insistido en la bajada de un 5% de las cuotas de la Seguridad Social, no reintegrable después y sufragadas por los impuestos para no debilitar la caja de la SS. Realmente, sus asociados exigen al presidente de la CEOE que se mantenga firme y que no baje el nivel de las reclamaciones. Por un lado, la CEOE —y el mismo Díaz Ferrán— quieren que la crisis ayude en medidas para romper los condicionantes que, según la patronal, encarecen el despido. Se pretende que se acerque, aunque sea de manera provisional, a los standards de la Unión Europea y que así se logre una mayor competitividad. Pero el Gobierno no quiere ni oír hablar de ello. Otro punto —no objetivo— del cabreo empresarial es el rosario de millones que circulan en torno al afianzamiento del sistema bancario. Y creen muchos empresarios que algo les debería llegar a ellos. Sin embargo, resulta difícil admitir que los empresarios no sepan que todas las ayudas a bancos y cajas son préstamos y que tienen devolución. Los empresarios, sin embargo, buscan reducciones que luego sean pagadas por los impuestos. La resistencia de la patronal CEOE se había considerado impropia incluso en sectores financieros. Se pensaba que el equipo de Díaz Ferrán había dinamitado cualquier posibilidad de acuerdo. Pero a la respuesta de Celestino Corbacho sobre que si no había acuerdo el Gobierno legislaría sin más, la patronal de la calle Diego de León había filtrado algunas otras condicionantes no muy conocidas, pero que nuestro fraternal diario “Carta Confidencial” publicaba en esos días de julio. Parece que el vicepresidente de la CEOE, Jesús Bárcenas, explicó a un reducido grupo de profesionales horas antes de visitar Moncloa que su apuesta principal en ningún caso había sido conseguir cinco puntos de rebaja de la cotización social. Según Bárcenas hay otra serie de obligaciones económicas con las que tienen que correr los empresarios como son las bajas por incapacidad permanente o incapacidad temporal, que suponen en grave lastre económico en el ámbito empresarial, sobre todo para las pequeñas y mediana empresas. En cuanto a las cifras, para los empresarios suponen cifran de desembolso muy importantes y consideran que de cara a la opinión pública nadie les puede tachar de nada, dada que es una función que en teoría debería asumir el Estado. Una vez más queda en evidencia que entre los objetivos del empresariado y el mensaje que percibe la opinión pública hay años luz de diferencia. Otra “cláusula final” manejada por la CEOE en que esta tanda de la negociación tendría que incluir —de una forma u otra— que se acepte negociar variaciones temporales en la cuantía de los despidos de trabajadores “nuevos”. De todos modos, el desarrollo de los acontecimientos iba a aclarar de manera expresa esas demandas. Gibraltar y MoratinosYo supongo que Miguel Ángel Moratinos supo siempre que su visita a Gibraltar no servirá para mucho dentro de los intereses generalizados de los españoles respecto a la devolución de la soberanía de la Roca. Pero, también, es lógico que se rompan viejos tabúes. El aislamiento de Gibraltar por el régimen franquista solo sirvió para agravar el problema, aun en la idea de que, jamás de los jamases, el Reino Unido cambiaría de postura. Cualquier visitante inteligente de la pequeñísima ciudad que vive a la sombra de la Roca de Tarik —Gebal-Tarik, su nombre en árabe— habrá descubierto el profundo rencor de los gibraltareños por el cierre de la Verja y sus consecuencias humanas y familiares. Las restricciones económicas, buscadas por Franco, fueron suplidas por Inglaterra con la participación de Marruecos. Hay un Foro del Diálogo, constituido en Gibraltar y tripartito, con la presencia de España, Reino Unido y el Gobierno gibraltareño. Fue creado en 2004 y todas las partes quieren darle aire. La realidad es que algunas cuestiones de la vida cotidiana habría que arreglar, pues los roces terrestres y marítimos, en tan reducida e insólita frontera, son numerosos y, en general, poco presentables. Y si algo se soluciona mejor que mejor. Y hasta sería útil reducir las restricciones fronterizas —o hasta quitar la frontera formal— como ocurre dentro de la Unión Europea. Lo que pasa es que los británicos siempre han querido ganar algo con cualquier facilidad, son insistentes y algo taimados con esto de Gibraltar. Pero, desde luego, sería más que fundamental poner a Gibraltar, a España y al Reino Unido dentro del siglo XXI, aunque eso sí: que no fuera España la única derrotada. Y un dato curioso. Un comentario mío sobre Gibraltar en “Carta Confidencial” produjo un número inusitado de llamadas de suscriptores —y, sin embargo, amigos— sobre mi “entreguismo” a la política de Zapatero-Moratinos. Y creo que no es así. Pero no es posible hablar de Gibraltar sin conocer —aceptablemente bien—las dos coordenadas principales que mueven ese problema. Y la primera es que los británicos jamás dejaran la Roca. No se si mis lectores conocen una narración breve de Julio Verne —escrita en pleno siglo XIX— en la que tras una catástrofe política de grandes dimensiones sitúa a la Reina de Inglaterra “resistiendo” a la amenaza revolucionaria desde Gibraltar. O sea que como Verne fue un gran profeta está claro que el Reino Unido jamás abandonará Gebal-Tarik, tal como no prescindirá de la Monarquía, ni de la libra esterlina, ni del asado de los domingos. Lo demás es fantasía. La segunda es que los gibraltareños mantienen un fuerte rencor contra España por el aislamiento forzado de los años cincuenta y una especie de superioridad en la idea que es mejor lo británico que lo español. Y que cada vez que una empresa española compra una gran entidad británica sufren más los gibraltareños que los periodistas de la “city” londinense, que ya es decir. Otro gran error es el Tratado de Utrecht que asegura per secula seculorum la presencia británica. Y quien sabe si el principio del final de la disputa sería buscar otro marco jurídico de relación. Y, en cuanto a España, pues es obvio que existe unanimidad respecto a la recuperación de ese trozo de tierra, pero sin esfuerzo heroico, ni violencia alguna. Y quien sabe si el desmantelamiento total de la frontera ayudaría más a la integración que cualquier otra cosa, aunque siempre he sospechado que, si de acuerdo con las leyes europeas se desactiva el paso fronterizo, los gibraltareños lo volverían a instalar. En fin, que Miguel Ángel Moratinos hizo lo que cualquier diplomático tiene que hacer. Ejercitar la democracia frente a la presión. Pero, claro, todo queda igual, porque ni británicos ni gibraltareños ceden. Misión imposible de Moratinos, en definitiva. Y Manuel Fraga, con sentido del humor, y sin desestimar la importancia de la visita de Moratinos, decía que era la primera visita de un ministro de Exteriores a España. Eso es también verdad… Tipos al descubiertoElena SalgadoLa vicepresidenta Elena Salgado está trabajando bien en el asunto del FROB, sobre todo por las fuertes presiones acontecidas en el interior del PSOE, para que el BdE “no fiscalice las cajas”. La firmeza de Salgado es total. Miguel A. Fernández OrdóñezEl Banco de España está trabajando en silencio. Y eso mismo ha pedido a sus interlocutores —bancos y cajas—en el desarrollo de los estudios previos a ayudas, reconversiones y fusiones. Es una buena forma de actuar en las finanzas.
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