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publicada en la revista Banca15 nº 320 - 15 al 31 de enero de 2010

Europa: ¿mucha más crisis?

por Ángel GÓmez Escorial

Es más que posible que Europa —los países de la Unión Europea— no hayan hecho sus deberes presupuestarios ni fiscales durante la crisis que estamos viviendo y se enfrenten a muchos más problemas de los previstos. No se trata de que mejore el PIB, sino de cómo están las “tripas” de las economías europeas de acuerdo con los requerimientos del Tratado de Maastricht. O, incluso, bajando el nivel de dichas exigencias. Y el pastel —o mejor la torta— podría ser abierta convirtiéndose en arma arrojadiza durante la presidencia española de la UE, sobre la cual el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha puesto tantas esperanzas personales.

En los primeros días de enero, nuevamente, se ponía en entredicho la situación de la deuda pública española, azuzando el tema griego como arma arrojadiza contra España. Pero la cuestión —y ello según mis fuentes en Nueva York— es que toda la deuda europea es problemática, pues se ha desarrollado en momentos en que las garantías soberanas eran muy altas, pero no la situación real presupuestaria y fiscal de cada país europeo, dentro y fuera del euro. Y se ha querido comparar, un tanto, con el tema de las “subprime”. Es decir, ¿respondía el rating a valoración máxima de la deuda con la estructura interna de las cuentas de cada país? Pues, probablemente, no. Y, por ello, el caso español sería uno más dentro de una situación general grave. Todo el sistema fiscal y presupuestario de la eurozona está, al parecer, muy castigado, por, sobre todo, el capítulo de ayudas estatales a los medios financieros o por, como es el caso de España, los “excesos” de subsidios sociales. Y algunos ataques contra Zapatero podrían ser parte de un intento de ponerse la venda antes de que se produjera la herida.

Resulta, por supuesto, difícil defender a Zapatero en, sobre todo, términos económicos. Pero no deja de ser excesiva la agresividad de las campañas desplegadas desde Reino Unido, aunque esos excesos ya se habían repetido con empresarios españoles, que desentonaban, un tanto, cuando se han recibido. La respuesta de Angela Merkel a los planes regulatorios de Zapatero podría haber recibido una objeción más suave.

La cuestión grave es, como decía, que los nuevos problemas europeos podrían aflorar durante la presidencia española de la UE, polarizando en las dificultades toda la relación entre Estados. Y ello sería un drama cuando hay que poner en marcha en el Tratado de Lisboa. De todas formas, tal vez haya sido una ingenuidad del mismo Zapatero la de convertirse en apóstol de la mejora económica, con todo lo que tenía en casa. A lo mejor —a lo peor— sus colegas de Eurolandia le han tomado la medida. Pero la cuestión es que, tras las nevadas, que fueron especialmente copiosas en toda la Unión, comenzó un tiempo de negros nubarrones.

Zapatero y el Banco de España

Dicen que, igual que Felipe González, en su llegada al Gobierno, descubrió y se enamoró de la Guardia Civil, pues Rodríguez Zapatero, cuando, al principio de su segundo mandato, comenzó a descubrir con asombro la existencia de una crisis económica, se quedó prendado con el sistema regulador español, vamos del Banco de España, aunque no su Gobernador. Y pensó que si hubieran existido unas normas así en el resto de las realidades financieras nacionales de la UE, la debacle no se hubiera producido. La realidad es que la prohibición total del Banco de España para entrar en la compra, tenencia o expedición de productos bancarios opacos fue una auténtica bendición. También, por supuesto, el sistema de provisiones, sobre todo las anticíclicas, pero en general todo el sistema. Aunque, y todo sea dicho de paso, tal vez el BdE debería haber metido la mano en el tema de las hipotecas, algunas —¿muchas?— concedidas a pérdida por aquello de dura batalla de la competencia.

Total, que cuando Zapatero se prepara para ser presidente europeo, el “paper” más desarrollado que lleva es el de la regulación bancaria y financiera. Porque la Ley de Sostenibilidad Económica, en su exportación a Europa, se inscribe más el camino del convencimiento que en el de la imposición.

Y cuando Zapatero dice que hay que poner sanciones a los países que en el futuro no cumplan con las indicaciones presupuestarias y fiscales dentro de la UE. Y que esas decisiones, dictadas por la Comisión, sean vinculantes, lo que hace es mostrar su plan general de supervisión financiera en el que, por supuesto, los asuntos de déficits de los Estados —su limitación— son primordiales. Y, entonces, Angela Merkel le dice que nanay.

Cualquier buena sugerencia

Aunque cueste trabajo de admitir, en estas horas malas de Europa, cualquier buena sugerencia puede ser admitida. La regulación bancaria y financiera sólida y vinculante es muy necesaria. Pero se levantan los recelos nacionales. De momento, cuando la creación del Banco Central Europeo (BCE) se le privó de cualquier poder dentro de la disciplina financiera. Quedó como un guardián de los precios, misión que quedó superada —y hasta dinamitada— por los acontecimientos de la crisis que aún no han sido resueltos. Ningún país quiere abandonar el control y disciplina de la actividad financiera. Y pasado el tiempo ni siquiera se admite un reglamento común regulatorio como el que propondrá José Luis Rodríguez Zapatero. Un “corpus legal” fuerte en ese sentido, obligaría también a tener un organismo único que coordinase y eso, hoy por hoy, parece imposible.

No es extraño que estas intenciones regulatorias de Zapatero tengan en el Reino Unido su mayor adversario. Esos principios de disciplina bancaria superarían el tema de euro y obligarían a todos los países de la Unión, estén o no dentro de la moneda única. Aunque esto parece aún más difícil, porque la “situación ideal” es que se aceptaran las medidas regulatorias y fuera el BCE el encargado de aplicarlas. Y ocurre que ahora que Gran Bretaña se está pensando entrar en el euro, como mal menor, se le viene encima la posibilidad de que pierda su sistema regulador basado en el respeto por la normal y no en la disciplina por medio de articulados concretos. Y entonces, conviene batir al enemigo, arrear a Zapatero que trae de España muy mala imagen por su gestión de la crisis interna.

Y así en un ambiente ciertamente enrarecido, inicia José Luis Rodríguez Zapatero su andadura presidencial por Europa. Y es posible que Zapatero se haya ilusionado —o le hayan hecho ilusionar— en demasía por su papel en Europa. Puede que el optimismo de López Garrido haya pintado el panorama de color de rosa. Ahí le hubiera venido mejor Pedro Solbes, que por supuesto no es la alegría de la huerta, pero de Europa, sabe. Y, en fin, el 12 de enero, Garrido celebraba en el Palacio de La Granja una reunión con los ministros para Europa que era el pistoletazo de salida de la presidencia española y de la que, al parecer, salieron las primeras reticencias del tipo que estoy hablando. Ya veremos.

La situación interna

El BBVA —su servicio de estudios— dio, un poco, la campanada al afirmar que el PIB ya español no cae y que hay indicios de que el deterioro en la destrucción de empleo es menor. Este dato lo daba el observatorio laboral del banco. En la misma fecha, confirmaba el mismo aspecto, José Luis Escrivá, el supersabio Economista Jefe del BBVA, poniendo su matiz en que el PIB caería hasta principios del 2010. Lo hizo en una conferencia pronunciada en Málaga. El servicio de estudios del banco vasco ha mantenido una línea objetiva, que por supuesto, fue muy criticada desde el Gobierno cuando los datos ofrecidos eran muy malos. Eso, pues, le da credibilidad. Tal vez, se esté en el principio de una recuperación, aunque haya muchas dudas al respecto.


Tipos al descubierto

César Alierta

La actitud serena y equilibrada del presidente de Telefónica, Cesar Alierta, ante la devaluación de bolívar venezolano ha sido reconocida por todos los medios financieros y empresariales tanto en América como en Europa.

Ana Patricia Botín

Banesto ha sido el primer banco español en presentar sus resultados anuales de 2009. La presidenta del Español de Crédito, Ana Patricia Botín, presentó unos datos —buenos— y que marcan el principio de la regularidad a lo largo del ejercicio.

Miguel Martín

Según todos los indicios, Miguel Martín será elegido para un próximo mandato como presidente de la patronal bancaria AEB. La reelección es, sin duda, un reconocimiento a la labor de Martín llevada a cabo en tiempos muy difíciles.

 

 
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