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Confidencial | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

Milagro electoral

Si hasta Carles Puigdemont se pliega a las posibilidades que dan las elecciones legales del 21 de diciembre al Parlamento catalán, ¿por qué antes asumió la organización de un referéndum ilegal y sin garantías?

No sé si algún día lo sabremos, pero estos comicios del 21 de diciembre –a un día de la lotería de Navidad y a tres de la Nochebuena— parecen enteramente un milagro electoral. Todos se preparan para ellos y esperemos que la participación más numerosa posible dé una respuesta clara y realista del llamado problema catalán.

Internacionalmente, los datos económicos españoles siguen aguantando en su bonanza pero con la advertencia añadida que si no se arregla la inestabilidad de Cataluña esas buenas ratios caerían en picado. Las posibles malas cifras se ensañan con el territorio catalán ya que la incidencia de las mismas en el contexto total español es relativamente baja.

Según pasa el tiempo se van produciendo más y más dudas sobre el comportamiento objetivo de muchos responsables catalanes y de sus seguidores. Tal vez, la idea de la independencia produjo una borrachera apasionada y ciega: la sublimación total de la idea nacionalista. Pero ocurre que para el contexto general del pueblo de Cataluña, el cambio, a la larga, no producía grandes mejoras. Aunque sí muchas dificultades a corto plazo. Y la más fundamental: pues la no aceptación por el entorno europeo --por la Unión Europea-- de tal separación, con la entrada en larga lista de espera para poder llegar al pleno derecho en, por ejemplo, la zona euro.

Aparece también por ahí la idea de la conspiración rusa, de la posible --¿y poco probable?— protagonismo de Moscú en la agitación ultra-nacionalista de los catalanes. Esto me hace pensar en viejas recetas como la del “oro del Moscú” que suena antigua y disparatada, pero que podría ser cierta. Hay un ejemplo nada banal que acontece casi todos los días en cielos bálticos y del norte de Europa como son las provocaciones aéreas de la aviación rusa. En fin, se produce el avistamiento de las aeronaves invasoras y cuando están a tiro de los aviones de la OTAN cambian de rumbo. ¿Y si algún piloto occidental aprieta el botón rojo con su mano izquierda…?

La verdad es que he estado tentado en titular este comentario como “El oro de Moscú” pero, sinceramente, con las cosas serias y graves es mejor no hacerse el gracioso.

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