DIARIO DIGITAL DE INFORMACIÓN ECONÓMICA Y FINANCIERA -

tribuna

Ciberdelincuencia, negocio virtual con consecuencias muy reales

Por Ángel de León, director general de CPP para el Sur de Europa y Latinoamérica

La ciberdelincuencia es de las pocas industrias que están creciendo a doble dígito en los últimos dos o tres años. Los cálculos de diversas instituciones públicas y privadas elevan a 480 millones de euros las pérdidas financieras que causa el cibercrimen sólo a los españoles cada año, sin contar con los gastos asociados que suponen a sus víctimas cuando han de solucionar el problema. Un problema que afectó a unas 22.000 personas en España el pasado año.

La Sociedad de la Información trae consigo múltiples beneficios pero también nuevos riesgos. En la era de la información, los datos personales tienen un valor monetario concreto e incuestionable y, desafortunadamente, las redes criminales han constituido su particular mercado negro de compra-venta de este tipo de datos. A partir de él, desarrollan un lucrativo negocio que, a escala mundial, alcanza cifras de miles de millones de euros. Y subiendo.

En diversas plazas virtuales, a las que se tiene acceso de forma anónima y desde cualquier ordenador en cualquier lugar del mundo, es posible comprar y vender un DNI, un carné de conducir, números de cuenta corriente o de la Seguridad Social, detalles de la tarjeta bancaria, extractos bancarios o recibos de suministros de electricidad o agua por menos de 300€. A partir de estos documentos, estos enmascarados tras una pantalla obtienen pingües beneficios sin apenas correr riesgos en detrimento de sus legítimos propietarios. Sólo nos damos cuenta del desaguisado al ver vaciadas nuestras cuentas bancarias. Eso en el mejor de los casos, ya que cuando alguien suplanta nuestra identidad puede fácilmente contratar una hipoteca o adquirir bienes y servicios que nosotros nunca disfrutaremos pero cuyo pago si deberemos afrontar. Hasta aquí, sólo perderemos dinero. Eso sí, cuando nuestra identidad la roba alguien para cometer delitos más graves, como montar una operación de tráfico de droga, de armas o de personas utilizando nuestra identidad, tendremos que demostrar que nosotros no hemos sido los responsables para evitar pasar una temporada entre rejas.

Cada avance en comercio electrónico, en redes sociales o en nuevos gadgets es analizado por esta industria para innovar de alguna forma e sus actividades antes de que las fuerzas del orden y las empresas de seguridad puedan tomar medidas. Estos piratas navegan entre gigas de datos y redes sociales hasta que encuentran algún agujero de seguridad mediante el cual acceden a esas islas del tesoro que son los bancos de datos personales. Una vez se han hecho con el preciado botín pueden pasar varios meses hasta que la víctima se da cuenta que alguien le ha robado de identidad. El daño, es difícilmente reparable.

Los datos de Eurostat son concluyentes con respecto a la existencia de este tipo de prácticas en nuestro país. El organismo europeo sitúa a España a la cabeza de la UE en cuanto a robo de identidad a través de Internet. Asegura que el 7% de los internautas españoles han sido víctimas de algún robo o abuso de datos personales o información privada en el transcurso del último año. No obstante, lo más preocupante es que prácticamente la mitad de los españoles reconoce su incapacidad para identificar un correo electrónico fraudulento, la mayoría admite haberse registrado en alguna página siendo consciente de su falta de seguridad y muchos han dado datos personales a desconocidos por teléfono, creyendo que quien nos llamaba era nuestra compañía de electricidad o telefónica. Por eso es importante insistir en que la prevención y la detección temprana es vital para protegerse. En la Red también aplica la máxima de “más vale prevenir que curar”.

Smartphones y Tablets, empacho de tecnología

En este escenario se han ido sumando una serie de innovaciones tecnológicas que han incrementado tanto los beneficios para el usuario como los riesgos que corre. La popularización de las redes de banda ancha, la posibilidad de estar conectados en todo momento y los terminales móviles, cada vez más potentes, han traído consigo servicios de banca, comunicación e interacción con nuestras redes que la sociedad va adoptando a una velocidad que no permite una correcta digestión. Este empacho de tecnología ha abierto el grifo a un caudal de nuevos riesgos para sus usuarios.

Según ComScore, España ocupa el primer puesto europeo en cuanto a penetración de móviles inteligentes, lo que representa que alrededor de 14 millones de usuarios, o el 38% del total, se conecta a Internet desde unos terminales dotados de inteligencia en red, que hacen las veces de ordenadores, almacenando datos y referencias que, en manos ajenas, pueden causar importantes descalabros a su legítimo propietario. Los teléfonos inteligentes y las famosas tabletas son auténticos contenedores de información sensible.

Lejos de cuestionar que su irrupción ha supuesto un importante avance en el campo de las comunicaciones, esta nueva hornada de terminales inteligentes es también, por tanto, fuente de inquietudes relacionada con la seguridad de los datos que almacenan. Y es que en caso de pérdida o robo de estos equipos, el riesgo es latente porque suelen contener información altamente jugosa como agendas repletas de contactos,  contraseñas de accesos a cuentas de correo o redes sociales, claves de tarjetas bancarias, etc.

El usuario de estos aparatos no puede vivir ajeno a esta realidad y debe tomar las debidas precauciones para dificultar al máximo la acción de los ciberdelicuentes. Sin embargo, pocos españoles velan por la seguridad de sus datos contenidos en estos equipos frente a posibles prácticas fraudulentas. Según un estudio de CPP, menos de la mitad de las conexiones a Internet móvil están actualmente protegidas por una contraseña alfanumérica en España.

En igual sentido, los datos de CPP apuntan a que el 39% de los usuarios españoles de servicios móviles reconocen conectarse cada día a la Red a través de su dispositivo de mano.  De ellos, el 42%  lo hace mediante conexiones Wifi ajenas sobre cuyos niveles de seguridad no tiene control alguno por lo que se potencia el riesgo de robo de datos residentes en el equipo.  Mientras que sólo el 50% de los encuestados declara usar una clave para garantizar la seguridad de sus conexiones. Esto supone abrir la puerta a que un ladrón de datos entre en tu dispositivo cuando estás conectado y robe lo que quiera de él. Otro inconveniente que ahonda en el problema del fraude se concreta en que casi el 30% de los españoles no borró sus datos personales de su terminal móvil  (SMS, contactos, fotos) al regalarlo o venderlo, mientras que el 70% olvidó borrar el usuario y contraseña de acceso a sus redes sociales o e-mail. Un carácter descuidado que juega a favor del delincuente cibernético.

El gesto básico de proteger toda conexión con una contraseña alfanumérica puede marcar la diferencia entre la seguridad y la posibilidad de que alguien ajeno acceda al terminal a través de la Red. Disponer de un antivirus en el móvil, una herramienta ignorada por el 85% de la población, también ayuda. En todo caso, proteger nuestra identidad es, cada día más, tan necesario como proteger nuestra propiedad privada.

 

La crisis paso a pasoCrónica PolíticaCuadernos de HistoriaInterés preferenteQuines somos
| Contacto |
Banca15.com es una publicación electrónica de Prensa Escorial, S.L.| Avenida Cardenal Herrera Oria, 165 Bajo - Madrid 28034 - 91 378 12 83