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TRIBUNA

Apetito por el riesgo y la búsqueda de la ventaja práctica, táctica y estratégica

Por David Samuels, Senior Director, S&P Valuation and Risk Strategies

En respuesta a la reciente crisis financiera, los bancos de todo el mundo están intentando clarificar su apetito por el riesgo, es decir, cuánto riesgo están dispuestos a asumir cuando hacen negocios.

Para muchos, la definición del apetito por el riesgo se centra en los objetivos de reforzar la supervisión del consejo y dar a los inversores una mejor idea de los riesgos que el banco tiene intención de correr.  

No obstante, equilibrar la planificación y la comunicación del apetito por el riesgo descendente y ascendente durante este ciclo económico no es tarea fácil. Pero los bancos que lo consigan (haciendo frente a varios desafíos) serán capaces de discernir más astutamente entre oportunidades de negocios.

El significado realmente importa

Los legisladores dictan que los bancos deben determinar y comunicar interna y externamente un apetito por el riesgo aprobado por el consejo. Sin embargo, no ofrecen una definición detallada y funcional de lo que significa “apetito por el riesgo”, ni ejemplos de cómo las instituciones deberían poner en práctica dicho concepto.

Esto también conduce a la incertidumbre sobre si los términos usados por quienes contribuyen al debate de la industria sobre apetito por el riesgo significan lo mismo al ser utilizados por diferentes grupos.

Mientras la industria aclara su terminología, el primer paso para una institución financiera debería ser asegurarse de que existe entendimiento a nivel interno, por ejemplo, estableciendo una distinción inequívoca entre términos como capacidad de riesgo (la cantidad y tipo de riesgo que el banco podría absorber con limitaciones legales o reglamentarias) y apetito por el riesgo.

También podría resultar útil distinguir entre declaraciones sucintas sobre apetito por el riesgo en la directiva del banco y el marco de apetito por el riesgo más amplio y profundo necesario para impulsar la toma de decisiones en el banco.

Unión descendente

En efecto, cuando mejor funcionan los programas de apetito por el riesgo es en los casos en que existe una cuidadosa mezcla de pensamiento y análisis del riesgo descendente y ascendente, unidos por un argumento lógico. Aun así, en la práctica, esto no siempre ocurre.

Sin embargo, la tendencia hacia una definición más concreta del apetito por el riesgo deja a los gestores del riesgo con muchas preguntas no resueltas en términos de implementación. Por ejemplo, ¿cómo se organizará el banco para desarrollar e implementar su apetito por el riesgo? ¿Asignando tareas específicas a ejecutivos de la directiva, comités de riesgo, funciones a nivel corporativo, o estableciendo equipos dedicados específicamente al apetito por el riesgo? ¿Quién es entonces responsable de asegurarse de que las declaraciones de la directiva sobre el apetito por el riesgo se tienen en cuenta en la toma de decisiones, y cómo se controlará esto?

¿Y cómo influirá el apetito por el riesgo que haya declarado un banco no solamente en su marco de límites, sino también en su estrategia corporativa, gestión del capital, estructuras de compensación, política de gestión del riesgo y otros mecanismos clave?

No es solo un numero

Un problema específico de los bancos es asegurarse de que los diversos límites que aplican a cada negocio y tipo de riesgo suman en total el nivel de apetito por el riesgo determinado por la directiva y aprobado por el consejo.

En el pasado era tentador pensar que el capital económico, a menudo descrito como una moneda común del riesgo, ofrecía la respuesta a este problema. No obstante, la crisis financiera demostró que los altos directivos deberían ser precavidos a la hora de confiar demasiado en medidas del riesgo agregadas que estén basadas en supuestos de modelado (p.ej. parámetros de correlación de riesgos) y que podrían no sobrevivir a una crisis.  

Por consiguiente pensamos que la respuesta más completa es que los bancos expresen su apetito por el riesgo usando una red cuidadosamente seleccionada de métricas del riesgo diseñadas para captar la naturaleza multidimensional del riesgo y la incertidumbre en cada uno de los negocios del banco.

Construcción de una visión más amplia

En el pasado, los bancos solían definir el apetito por el riesgo en términos de una escasa gama de medidas sobre el riesgo y el rendimiento financiero, quedando el riesgo mayormente determinado por las formas principales de crédito y por el riesgo del mercado. El apetito de un banco por el riesgo probablemente relegaba tipos de riesgo de orden secundario (como el riesgo de contrapartida) e incluso tipos de riesgo completo, como el riesgo de liquidez, así como las interacciones entre los tipos de riesgos durante un escenario de crisis.

El nuevo planteamiento de la industria en cuanto al apetito por el riesgo de un banco es un intento de corregir esto. Varios informes de organismos reguladores y de la industria empujan a los bancos a asegurarse de que sus declaraciones sobre su apetito por el riesgo toman en cuenta riesgos como la liquidez y la financiación, así como riesgos fuera del balance y pasivos que puedan derivarse de los riesgos de reputación.

Sin embargo, una revisión más exhaustiva del apetito por el riesgo de un banco implica  explorar el riesgo continuamente mediante un proceso permanente de identificación y análisis ascendente, y tal vez incluso establecer una serie de mecanismos para alertar a los altos directivos cuando supuestos clave de riesgos a largo plazo empiecen a parecer poco sólidos.

Anticipación

Un último problema al determinar el apetito por el riesgo descendente es que tiende a fomentar el control y el dominio del riesgo, cuando el énfasis debería estar en la anticipación del riesgo y en el diálogo. El mapa continuamente cambiante de riesgo y recompensa significa que existen innumerables trampas para quienes no estén preparados, e innumerables oportunidades para quienes sí lo estén.

Del mismo modo, los bancos suelen hablar de su apetito por el riesgo en términos de factores de riesgo clave como la relación préstamo-valor (LTV). Sin embargo, la relación entre coeficientes de riesgo o indicadores de riesgo clave y el riesgo económico fundamental es más inestable de lo que parece. Por ejemplo, en algunas partes del ciclo, el banco podría permanecer en la línea de su apetito por el riesgo insistiendo en un límite del 90% de LTV en una cartera de hipotecas. Pero dos años más tarde, a medida que el mercado se sobrecaliente, esta podría no ser una estrategia adecuada.

Conclusión

La discusión actual sobre el apetito por el riesgo revela una conclusión potencialmente peligrosa: si los consejos de los bancos hubieran ejercido un mayor control descendente, todo podría haber salido bien.

Para hacer que el apetito por el riesgo sea significativo y para darle poder de permanencia, los bancos necesitan dedicar más recursos al análisis fundamental del riesgo según el modelo de negocio, a vincular las declaraciones sobre apetito por el riesgo con la toma de decisiones estratégica y corporativa, y a predecir la evolución del riesgo durante el ciclo.

Los bancos más agresivos aplicarán este análisis continuo del riesgo para identificar áreas de oportunidad de negocio que puedan explotar antes que sus competencia. Para estos bancos, el apetito por el riesgo se convertirá en un medio para decidir cuestiones vitales: qué, cuándo, a qué precio y cuánto. Cuanto más común sea esto, más formará parte el apetito por el riesgo del proceso de identificar oportunidades de negocio futuras en vez de ser simplemente un control adicional descendente.

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