Tribuna
Regreso al futuro bancario

Por Lourdes Hernández Vozmediano, Directora de Servicios Financieros de T-Systems Iberia
Cuando Julio Verne escribió 20.000 Leguas de Viaje Submarino acertó bastante con lo que había en el fondo del mar, aún estando lejos de poder averiguar qué había. Sin embargo, cuando escribió Viaje al Centro de la Tierra, no acertó en su pronóstico. Al menos de momento.
Al igual que Verne, no sabemos aún cómo será a ciencia cierta el futuro del sector bancario. Sin embargo, me aventuro a lanzar algunas premisas de cómo veo este futuro. En el mercado existirán tan sólo unos cuantos grandes bancos, que no llegarán a la decena. Con el tiempo empezarán a surgir compañías que presten servicios específicos de financiación, productos de ahorro, cuentas personales… destinados a todos aquellos pequeños clientes locales a los que los grandes bancos les resulten caros, difíciles y lejanos para entender y operar sus necesidades, pero que por volumen no tengan las mismas imposiciones normativas que los bancos.
En cuanto a infraestructura, el futuro será posible desde la nube, con servicios totalmente externalizados y transparentes para las entidades. No importará dónde se encuentren físicamente los sistemas ni sobre qué máquinas ni sistemas operativos se ejecuten las aplicaciones. Seguramente habrá un sistema operativo único y principal al que se adaptarán todos los fabricantes. Los niveles de servicio serán exigentes para una fiabilidad casi total, con importantes penalizaciones económicas en caso de incumplimientos y con un coste fijo mínimo, y la mayor parte en coste variable por operación. Existirán cuatro o cinco proveedores de referencia que alojarán los sistemas en sus propios CPDs. Las entidades dispondrán de un cuadro de mando para seguir la evolución de las operaciones y la facturación, y sistemas de aviso en caso de incumplimiento.
En cuanto a las aplicaciones, cuatro serán los sistemas de backoffice bancario de referencia. Estarán centralizados en dos ejes: cliente y contrato. Cubrirán todas las necesidades básicas y, sobre todo, reguladoras, impuestas por los organismos centrales. Estos aplicativos serán propiedad de dos o tres compañías específicas en desarrollo de software bancario, formadas por una joint-venture entre los antiguos departamentos de desarrollo de los bancos y las antiguas compañías de integradores. Tendrán la participación de alguna compañía de software de middleware. Serán estas compañías las encargadas del mantenimiento normativo y evolutivo. Quizás del correctivo también, pero apenas habrá incidencias puesto que estará completamente industrializado. Todos las operaciones serán en riguroso on-line y no existirán procesos batch, ya que no serán necesarios, ni procesos de conciliación ni de recalculo. Los sistemas serán lo suficientemente potentes y robustos para permitir que así sea.
Todos los ‘satélites’ no incluidos en el negocio bancario propiamente dicho, como es el caso de recursos humanos, finanzas, compras… estarán externalizados en compañías especializadas en estos servicios que incluirán desde la operativa hasta el desarrollo de las aplicaciones y de la infraestructura, a través de los dos o tres ERPs modelos de referencia. Además, estos servicios se facturarán mediante pago por uso.
Pactos
Existirán compañías de asesoramiento de negocio que darán soporte a las entidades en el diseño e implantación de nuevos productos y servicios, las cuales tendrán acuerdos de colaboración con las proveedoras del Software para que la implantación sea viable, rápida y poco costosa.
La principal diferencia competitiva entre las distintas entidades no radicará en quién lance el producto primero. Tampoco por la rentabilidad o beneficios asociados al mismo, ni por el número de nuevos clientes o captación de activos, sino que vendrá fijada por los propios clientes a los que presten servicio. Será un servicio integral, que irá más allá de los temas financieros propiamente dichos. Será un servicio integrado de facilities, incorporando también de manera proactiva todo aquello que tenga relación con los ingresos y los costes de cada cliente: comunicaciones, vida virtual, vivienda, servicios, educación, trabajo, etc.
No sabemos cómo se desarrollará todo ni cómo será el futuro del sector bancario. Los que estemos aquí dentro de 20 años, tendremos la oportunidad de ver lo acertado o no de mi discurso.
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