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Seis meses perdidos

Confidencial | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

Se quiera o no, los periodos electorales ralentizan la actividad económica española. Y España se adentra en unas elecciones generales en abril y otras municipales y autonómicas en mayo. Así puede decirse que desde primeros de febrero el país está parado a la espera de lo que vayan a decir las urnas.

En España el Estado es un cliente importante de muchas cosas, gracias a la asunción de la obra pública y en las actividades que se relacionan con el mismo con las organizaciones territoriales. Cuando se creó el régimen autonómico se quiso romper esa fuerza del poder central, pero en la práctica se ha demostrado que no es así.

Sea como fuere, las elecciones parlamentarias del 28 de abril y las municipales y autonómicas del 26 de mayo tienen que ver con una actividad económica en España que podríamos situar en más del 50 por ciento de la inversión productiva y un porcentaje muy superior respecto al mundo laboral. Este país nuestro tiene su economía nacionalizada y todos tan contentos.

Yo no sé si todo ello se debe a los muchos años de actividad del sistema económico del régimen franquista. Apuestas como el Instituto Nacional de Industria (INI) o la creación de grandes empresas para actuar en un cierto pionerismo productivo en la industria del automóvil o la línea se subvenciones para dirigir el inesperado asalto turístico todo ello creo un Estado omnipotente y omnipresente en toda clase actividades.

El acercamiento a la Unión Europea y la apertura de muchas actividades al capital extranjero crearon liberalizaciones un tanto ficticias porque al inversor exterior le interesaba mucho la seguridad del principal y más experto empleador: el Estado.

Todas estas cosas permanecen y, por ello, las instituciones que gobernaran los candidatos que salgan de los citados comicios tendrán algo que decir. Y mientras tanto todo –o casi todo— parado.

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