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Consejos de Ministros

Confidencial | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

La petición del PP y Ciudadanos a la Junta Electoral Central de que prohibieran las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Ministros es, cuanto menos, disparatada. Algo similar hubiera sido que solicitar de la Diputación Permanente de las Cortes españolas que el Gobierno no produjera decretos-ley.

Es posible –hasta probable— que el Gobierno de Pedro Sanchez piense que su política social expresada en decretos-ley le ayude electoralmente. Pero ello forma parte del juego político y es imposible poner freno alguno porque sería contrario a la Constitución. En fin que la petición del Ciudadanos y del Partido Popular para impedir el uso normal de la actividad política y administrativa no deja de ser una simpleza. Creo, sinceramente, que es producto de una inexperiencia procesal, ni siquiera justificable ante una sospecha de “explotación del éxito” por parte del Gobierno.

Otro error del PP y de C’s es presuponer que el votante es cortito y que no va a entender el “efecto oportuno” de los decretos sociales del PSOE de Pedro Sánchez. Claro que, por su parte, Sánchez ha creído en una recolecta extra de votos por su “generosidad” en unos cuantos viernes también está equivocado.

El marketing está de moda y el marketing político mucho más. Pero el referido sistema de mercadeo –como muy bien dicen los puertorriqueños— no es suficiente para vender mucho y bien. El marketing tiende a hacer pensar muy equivocadamente que los clientes o ciudadanos son números sin alma ni voluntad. Y eso es otra estupidez. Los grandes expertos en venta saben que marketing y su expresión comunicativa, la publicidad, no son un remedios infalibles. Y a veces los chascos se producen, dando al traste con grandes campañas y muchos meses de estudio.

El votante sabe lo que hace. Es verdad que hay muchos tipos de decisión que llevan a elegir, ante la urna, una papeleta. A veces se produce la idea de votar al menos malo, o ejercer de votante de derechas o izquierdas por tradición, pero en ningún caso no se tratará jamás de un voto sin alma, ni entendimiento. Los hombres y mujeres que hacen fila para votar no son autómatas manejados por alguna suerte de mando a distancia.

A veces las minorías hablan poco, no tienen mucha posibilidad de hacerse oír. Pero está claro que cada uno sabe lo que vale su voto. Y actúa en consecuencia. Hay siempre una tendencia a no valorar convenientemente al votante y al cliente. Y es un error: el político se quedará fuera del puesto buscado y el comerciante con su género en la estantería.

Otro error electoral enorme es no votar. La abstención es lo que no vale nada y sus protagonistas no quieren nada tampoco. No es que no voten porque desconfían o no tienen que votar. Simplemente son vagos. Ni siquiera son capaces de esforzarse durante unas horas. Y así les va…

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