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La misa con casco

Confidencial | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

He dudado entre narrar el discurso de Manuel Valls en el pleno constitutivo del ayuntamiento de Barcelona en la toma de posesión del nuevo consistorio o reflejar la sorpresa grafica recibida al ver la primera misa celebrada tras el incendio de la catedral de Paris, en Nôtre Dame…

Los cascos blancos de seguridad sobre todas las cabezas eran como una gran sorpresa, sobre todo al ver sustituidas en los obispos celebrantes las picudas mitras por los redondeados protectores de plástico. A modo de las llamas que el Espíritu Santo puso sobre las cabezas de todos los presentes del Cenáculo aquí la blancura esférica uniformaba las cabezas en un consenso democrático y necesario.

Dijo el arzobispo de París, Michel Aupetit; La catedral sigue viva, porque celebramos la eucaristía”. Y es que la misa y la consagración del Cuerpo y Sangre de Cristo se puede hacer presente en cualquier lugar. Desde en las estrechas o oscuras celebraciones clandestinas hasta en el consenso espiritual de centenares de miles de fieles durante la misa en un estadio repleto de fieles.

El arzobispo de París, monseñor Aupetit, aprovechó la homilía para reivindicar Nôtre Dame, “ante todo, como un lugar de culto”. “Esa es su finalidad propia y única” Y más adelante: “Este bien cultural, esta riqueza espiritual no puede ser reducida a un bien patrimonial”

Mi experiencia personal de hace unos días es que, desde fuera, Nôtre Dame parece más pequeña. La caída de la aguja –creo—no solo le resta altura sino también anchura.

El discurso de Manuel Valls fue valiente y lleno ce concreciones útiles para Barcelona, Cataluña y España… Y le costó el único abucheo de parte del Pleno y algunos asistentes cuando aludió que no había ni presos políticos, ni exiliados y que eran simplemente no cumplidores de la ley vigente…

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