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Estos tipos más que raquíticos…

Confidencial | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

Fue José Maria Amusátegui quien dijo hace unos años “que la banca, con estos tipos tan raquíticos, no puede llegar a parte alguna”. Pero ¿y ahora?, cuando los tipos no existen por bajón numérico?

Nadie puede despreciar y depreciar su mercancía porque irá a la ruina. Pero el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, que es más macroeconomista que experto financiero, parece enteramente como un enemigo infiltrado en la casa propia. Esa ausencia de remuneración al cliente por parte de la banca “normal”, está produciendo un crecimiento exagerado de los llamados bonos basura, cuyo nombre es más que adecuado por sus garantías inexistentes.

Es verdad que la política del BCE de “tipos fantasmas” trae la contrapartida de la compra de activos pagando lo que tendrían que suplir los clientes bancarios, creando una situación desnaturalizada del mercado bancario. Se trata de crear una situación adversa para los bancos privados tal vez con la esperanza de que se conviertan en bancos públicos disfrazados.

Y todo ello acontece cuando España está a la vuelta de la esquina de un bajón económico severo que ha de contemplarse ya como un episodio de crisis formal. Pero lo que priva es jugar a la crisis institucional y olvidar el interés común de los españoles. Pedro Sánchez podría ser investido a finales de julio y tomarse –claro— unas merecidas vacaciones en agosto. Es cierto que la falta de intervención de un gobierno en materia de economía productiva puede ser muy positiva, lo malo que no haya medidas de promoción y sí muchos frenos fiscales y burocráticos.

En fin la actualidad está en el quebranto política para crear gobiernos útiles en todas las esferas de la administración y más que eso la ola de calor que nos va a tener más postrados en la cercanía de los espacios de alivio del aire acondicionado… Siempre ha hecho mucho calor en verano y mucho frio en invierno. Yo viví los veranos de Sevilla de los años setenta y la barrera de solo los cuarenta grados se consideraba como tiempo fresquito. Ciertamente que en esos años por culpa del “fresco general que procedente de Galicia reinaba en España”, lo de los ajustes parlamentarios, indeseablemente, no se llevaba, pero el calor y el frio no eran noticia, ni otras cosas tampoco, claro.

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