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P’atrás o p’alante.

Confidencial | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

La idea sobre que toda la banca española emita un tipo de tarjeta propiamente española y de uso, en principio, solo en España, arroja una cierta complejidad, aunque sentido tiene mucho sentido.

La primera pregunta es si esta medida es un paso hacia adelante o un retroceso. El llamado dinero de plástico surgió como una solución universal a los pagos sin necesidad de otras barreras anteriormente muy complicadas.

Pero ahora ocurre que España es uno de los países en que más se utilizan las tarjetas, gracias –sin duda— al pionerismo de El Corte Inglés”. Y acontece también que una gran mayoría de esos pagos se hacen dentro del territorio nacional donde no sería necesario el patronazgo que Visa y Master Card y, así, ahorrarse los royalties. Las cajas de ahorro españolas su tuvieron una marca de tarjetas con un resultado aceptable: la 6.000 suficientemente extendida por la enorme capilaridad de distribución de las cajas.

Teóricamente, la nueva tarjeta de los bancos españoles tendrá que parecerse a las referida 6.000, a no ser que se incluyan más posibilidades de uso. De todas formas queda claro que se busca ahorrarse los referidos royalties a pagar a los citados dos gigantes mundiales. Existe, de todos modos, en todo el mundo –y, también, en España— las tarjetas Fidelity, no expedidas por bancos y que vienen a fijar mejor la presencia de la clientela. Muchas de ellas no son de pago y sí de descuento o “cuponeo”.

Lo que queda claro es cuantas más facilidades –ventajas y reducción de precios— se ofrezcan a los clientes es mucho mejor. Y, sobre todo, en una época –que tras la crisis— el consumo es menor en general.

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