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La fuerza de la naturaleza

Confidencial | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

Toda catástrofe me recuerda un dicho que impresiona: “Dios perdona siempre, el hombre alguna vez y la naturaleza nunca”. La visión de la Vega Baja de Alicante infinitamente inundada es difícil de olvidar. Ojalá no se repita en mucho tiempo.

La fuerza de la lluvia ha traído muchos males en el Levante pero también en Madrid como o en otros lugares. Y esa fuerza es imposible de frenar, pero había que recordar la idea de que la que naturaleza no perdona nunca, se produce cuando –y no es broma— se le ponen puertas al campo o se interrumpe el camino natural del agua. Una parte considerable de los daños se deberán de las lluvias torrenciales se deberán al poco respeto que constructores de obras publicas o de ciudades tienen por esa naturaleza.

Es evidente que el sentimiento de pequeñez que los humanos tenemos ante la fuerza –yo diría fiereza en algún caso— de la naturaleza nos tendría que llevar a vivir en mayor consonancia con ella. Es verdad que, desgraciadamente, impera el refrán de “sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena”. Santa Bárbara ha sido patrona de los artilleros y los truenos decían recordar a las explosiones de los cañones.

El recuerdo de la patrona de Artillería es una prueba de la debilidad humana que sólo recuerda a Dios cuando está en apuros. Pero la realidad es que debemos vivir y convivir con el planeta que tenemos en sintonía con su naturaleza y realidad. Es bueno –creo yo— rezar a Santa Bárbara pero antes hemos de trabajar seriamente para no parte de nuestra propia desgracia. Que los ríos discurran hacia el mar de la manera más pacífica posible… Y tengamos en cuenta que “Dios perdona siempre, el hombre alguna vez y la naturaleza nunca” … No lo olvidemos.

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