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Debate: sin emociones

Confidencial | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

La política es también cosa de emociones. Uno puede emocionarse con un mensaje que comunique soluciones y hasta un final feliz. El debate de la noche del día 4 fue más frio que un glaciar prehistórico y no hubo mensaje alguno en régimen de esperanza.

Sinceramente, no creo que el referido debate a cinco haya captado voluntades o cambios en la intención de voto. Y ojala haya servido para que algunos indecisos –vagos políticos— acudan a las urnas el próximo domingo, pero tengo mis dudas. De todos los participantes, el más lejano, o adusto, fue Pedro Sánchez, empeñado, con la cabeza demasiado gacha, en tomar unas notas interminables. Pablo Casado parecía demostrar que ya lo sabia todo. Y Albert Rivera ejerció un centrismo -o centralidad— bastante débil.

El enfrentamiento entre Pablo Iglesias y Santiago Abascal fue lo más vistoso. Sin embargo, antes, los discursos de ambos fueron muy monocordes: Abascal con su mensaje antisistema e Iglesias con su plegaria a favor de la colaboración con Sánchez en un futuro gobierno. Y lo más duro sería que, a la postre, los “mejores” hubieran sido Pablo Iglesias y Santiago Abascal. ¿Dónde quedan los otros?

¿Todos contra Sánchez? Bueno, no exactamente. Destacó la bronca entre Casado y Rivera por inesperada. Tanto es así es al mismísimo Pablo Casado sorprendió a Albert Rivera con un consejo imposible: que no se metiera con él porque no era su enemigo. ¿No lo era? Probablemente, sí; porque ante el descafeinamiento centrista de Rivera, este luchaba a zarpazos por tener sitio en la derecha.

La política española sigue bloqueada. No hay inputs atractivos. Parece que nadie sabe exactamente donde va. Sin embargo, el pueblo –los votantes— si lo sabe. La encuesta del CIS, realizada antes de la violencia exacerbada en las calles de Barcelona y el desenterramiento de Franco, le daba una victoria de 150 escaños a Sánchez. Ahora se piensa que no van a ser esos 150 escaños del CIS. Y –más o menos— los 120 del barómetro ABC/GAD3, podrían ser.

¿Nuevo bloqueo? Es casi seguro. Si Sánchez no acepta tener a Iglesias y UP en el gobierno, solo Albert Rivera con su maltrecho “C`s” puede salvar la cuestión. Pero nunca se sabe. Pedro Sánchez pretende que se le deje gobernar por encabezar la lista más votada. Pero es difícil que alguno de sus compañeros de navegación electoral admita tal cosa.

En fin –y a la postre— parece que el debate no haya servido para mucho, aunque repito si trae más gente a las urnas ya habrá cumplido. Otra cosa es que las cifras del escrutinio de la noche del 10 de noviembre traigan soluciones automáticas.

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