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Argentaria, Luzón, Amusátegui, Corcóstegui y González

Documentos | CRÓNICA BANCA ESPAÑOLA

Del esfuerzo por privatizar los bancos públicos en el último gobierno de González, a la creación de Argentaria y el triunfo electoral de Aznar. Con el Partido Popular en el Ejecutivo arrancan las grandes privatizaciones y menudean los rumores de fusión en lo financiero.

En ese año de 1995, en que se funda BANCA 15, en diciembre los representantes de la Unión Europea, los Quince, deciden por unanimidad la creación del euro. Fue en Madrid porque el 1 de julio se había iniciado la segunda presidencia española de la Unión. En la tercera —la que se inició el 1 de enero de 2002— comenzó a circular materialmente el euro, sus billetes. Y, entonces, si el acta de nacimiento de la moneda única se produce en la capital de España, primero, y su “permiso de circulación” también, bien podemos decir que el euro es madrileño, aunque luego se afincara en Franc­fort. La presidencia española que se ha iniciado el pasado 1 de enero de 2010 es ya la cuarta. Y las cosas han cambiado mucho, sobre todo por lo que llamaríamos la “crisis universal”.

Pero en 1995 este hecho notable de la moneda única todavía, aparentemente, no se apercibía en el talante y en los modos de los bancos y cajas españoles. Años más tarde, el esfuerzo de la economía española y de su industria financiera fue notable, tanto que bien pudo considerarse, en ese final de 1995, asolado por los atentados de ETA que produce tres atentados —dos de ellos con víctimas mortales— en un plazo de 11 días, como algo imposible e irrealizable: sujeción del déficit, limitación de la inflación, ajuste fiscal…, pero la historia fluye como quiere. Se inicia 1996 con la disolución de las Cortes por parte del presidente Felipe González y la convocatoria de elecciones para el 3 de marzo. Los casos de corrupción que rodean al gobierno socialista le lleva a esa convocatoria con un cierto adelanto.

LUZÓN Y ARGENTARIA

Francisco Luzón, otro de los “cachorros” del presidente de Vizcaya, Pedro Toledo, recibe el encargo de “privatizar” y fusionar desde dentro del Estado el conglomerado de bancos públicos que la Administración mantenía desde hacía muchos años. El principal de todos ellos era el Banco Exterior de España fundado originariamente para ayudar a las exportaciones y, en general, todas las transacciones exteriores. Era, prácticamente, el único que tenía autorización administrativa para ello. Tuvo bastante sentido durante los años de la autarquía del régimen franquista. En realidad, la ausencia de libertad en la circulación de capitales se había mantenido durante muchos años y sería el largo periodo de gobierno de Felipe González cuando se realizó una apertura sin precedentes en este sentido. Estaba claro que España no podía optar a su pertenencia en la Unión Europea si no liberalizaba el mundo del dinero. Obviamente, el Banco Exterior de España (BEX) había ido creciendo en su vertiente de banca retail, al calor del crecimiento de toda la banca.

El ente nacional de correos tenía además la Caja Postal que, sin duda, era una de las principales de España. A su vez, bancos sectoriales como el Banco Hipotecario de España, el Banco de Crédito Local o el Banco de Crédito Agrícola estaban en manos de los ministerios que marcaban su especialidad.

Y con todo eso, Paco Luzón fundó la Corporación Bancaria de España en 1991 y la bautizó con el nombre comercial de Argentaria —argentario en latín significa banquero— y creó un sistema de banca muy dinámico, en que las entidades todavía no fusionadas competían entre ellas. Argentaria quedaba como una superestructura, pero el trabajo hecho fue bueno. Tal vez, a Francisco Luzón se le fue la mano con el elemento privatizador y eso no gustó a algunos dirigentes socialistas, aunque yo creo que el ministro de Economía, Carlos Solchaga, tan activo en otras fusiones sí estaba por la labor. Pero, probablemente, esas reticencias políticas frenaron la labor de integración de las entidades reunidas en Argentaria. La sede del antiguo Banco Hipotecario, el mítico palacio del Marqués de Salamanca en los primeros números del Paseo de Recoletos se convirtió en la sede de Argentaria. Hoy lo es de la Fundación BBVA.

EL TRIUNFO DE AZNAR

Las elecciones de marzo de 1996 dieron el triunfo a José María Aznar y al Partido Popular. Y el cambio que iban a implantar los populares sería muy profundo a partir de ese momento. Por un lado, un control fiscal y presupuestario, y por tanto del déficit de las cuentas públicas y, por otro, la privatización de las grandes empresas públicas como Telefónica, Endesa y, por supuesto, Argentaria. Pero todo hay que decirlo. El nuevo gobierno no inspiraba nada a los banqueros. Ni creyeron en las medidas que se anunciaron sobre todo en las presupuestarias. Rodrigo Rato era el vicepresidente económico, pero no tenía un prestigio acuñado como experto en Economía. Sus antecedentes eran más bien políticos y para muchos no era otra cosa que un competidor de Aznar en la presidencia del PP. La verdad es que el halo de gurú económico de donRodrigo llegaría mucho después, pero que mucho después. BANCA 15 en clave de humor reflejaba ese hecho de que “a Aznar no le salían las cuentas”.

Sin embargo, el último ministro de Economía de Felipe González, Pedro Solbes, ya había puesto las bases para una corrección del largo recorrido que los socialistas habían impreso al déficit, a la subida de impuestos y, por supuesto, a las devaluaciones. Bien puede citarse. Aparte de resolver problemas de competitividad y de déficit, las tres devaluaciones de Carlos Solchaga habían traído la costumbre de disparar contra la peseta, no contra el pianista. Y, en efecto, maniobras cambiarias internacionales que perjudicaban a la débil divisa española se hacían desde fuera y desde dentro. De septiembre de 1992 a mayo de 1993 se hicieron las citadas tres devaluaciones. La crisis económica había pegado duro en 1993 y en parte de 1994. Pero ya en 1995 las cosas pintaban mejor. Aunque muchos expertos estaban convencidos de que Solbes no podría seguir su camino de normalización.

LA OPINIÓN DE BOTÍN

En un hecho un tanto inesperado en la historia de la banca, el presidente del Banco Santander —todavía “single total”, sin fusiones— Emilio Botín apoyó en Londres al todavía candidato José María Aznar. Desde luego, la premonición de Botín fue más que certera. La privatización de las grandes compañías iba a relanzar el negocio financiero de los grandes bancos. Ciertamente, y ese fue un camino también de modernización de técnicas de mercados y del negociado de fusiones y adquisiciones. Fue el BBV quien quiso tomar mucho sitio en las futuras colocaciones de valores.

Se esperaba en esas fechas de principios del verano de 1996 que Francisco Luzón saliera de Argentaria por razones obvias de su cercanía al ex ministro socialista Solchaga. Pero, curiosamente, el sentido de Luzón de modernizar ese conglomerado bancario, pero no ponerlo a la venta, tropezó con Pedro Solbes quien, ciertamente, no era partidario de que un Estado tuviera bancos en propiedad. Eso parece que desvió las miradas del nuevo ministro de Economía, Rodrigo Rato, sobre el futuro de Luzón y Argentaria.

AMUSÁTEGUI Y LOS “CONSEJEROS DELEGADOS”

José María Amusategui nombra a finales de 1994 a Ángel Corcóstegui, consejero delegado del Banco Central Hispano (BCH). Amusátegui se había negado a tener un segundo en muchas ocasiones. Tal vez, le venía de su propia experiencia de ser “segundo con derecho a sucesión” de Claudio Boada en los tiempos del salvamento del Banco Hispanoamericano. Decía don José María que él en el Banco Central Hispano tenía “un montón de consejeros delegados”, como “idea fuerza” para librarse de las presiones del Banco de España. Ángel Corcóstegui Guraya había sido uno de los preferidos de Pedro de Toledo, el presidente del Vizcaya. No se significó en la terrible lucha que supuso la fusión del Bilbao con el Vizcaya y permaneció en el BBV sin, aparentemente, mayor problema. De una forma u otra se habían ido marchando pesos pesados del Vizcaya, como muy bien pudo ser Alfredo Sáenz —el sucesor oficial de Toledo— que trabajaba en el difícil saneamiento de Banesto, ahora propiedad de Banco Santander. Francisco Luzón, otro “vizcaya” seguía en Argentaria. Y, José Luis Leal, que además fue ministro con la UCD, era el presidente de la patronal bancaria AEB.

El Banco de España hizo, más o menos, de agencia de cazatalentos y se ofreció la candidatura de Corcóstegui a Amusátegui, pero se resistió un tiempo, como queda dicho. Desconfiaba el banquero gaditano de un hombre que venía del gran competidor, del otro banco fusionado, del BBV y que, públicamente, no se sabía que tuviera diferencias con los “bilbaos” que ahora controlaban la entidad. Pero el Banco de España sabe —o sabía—hacer estas cosas… Corcóstegui aterrizó en la sede de la Plaza de Canalejas sólo, sin equipo. Le acompañaba una secretaria y nada más. Y supo hacerlo bien. En su llegada no pisó ningún callo.

Entre 1995 y 1996 parece que las dos fusiones existentes no son suficientes. Y se siguen haciendo quinielas. Se llega a sospechar incluso que Banco Popular estaba dispuesto a hacerse con el Central Hispano. Por otro lado, los rumores adjudican que Argentaria podría ser adquirido por el BBV. Todo el mundo niega tales extremos. La realidad demostró que se trataba de rumores locos. El mítico Luis Valls vivió con especial “vigilancia” los dos intentos de fusión del Banco Central de Alfonso Escámez. Conocía bien el desarrollo de la fusión Central Hispano y tenía claro que no aceptaría uno de esos acuerdos, aún siendo de compra total. Eso me lo dijo a mí algún tiempo después. Luis Valls que tenía un especial cariño por Alfonso Escámez siempre le aconsejó resistir a cualquier acuerdo que le restará, antes o después, poder. O, tal vez, Valls sí se habría lanzado a una fusión con el Banco Central, siendo él delfín.

FRANCISCO GONZÁLEZ EN ARGENTARIA

Sin avisar, como lo hacen los políticos, se hizo el cambio en Argentaria. Francisco González, personaje muy conocido por su trabajo en Bolsa, había tenido una boyante agencia de valores, sustituye a Francisco Luzón al frente de Argentaria. Y llegaron los cambios previstos por el PP, Miguel Blesa sustituiría a Jaime Terceiro en Caja Madrid;Juan Villalonga, asume la presidencia de Telefónica, y César Alierta es nombrado presidente de Tabacalera. Rodolfo Martín Villa se convertiría en presidente de la eléctrica Endesa, pero ya en 1997, tras un periodo de “cohabitación” del mallorquín Feliciano Fuster con el gobierno popular. Es obvio que las grandes privatizaciones estaban en marcha y Argentaria no iba a ser menos.

Francisco González no es bien recibido por la profesión bancaria. No se le considera “banquero” y tiene en los primeros momentos incluso problemas para constituir su primer equipo de gestión. Pero, tras varios descartes en la búsqueda de un consejero delegado, asciende a este puesto a Francisco Gómez Roldán, director general con Paco Luzón. González había fichado a Ramón Bustamante con la idea de convertirlo en “número dos” del holding, pero las dificultades para contratar a “su equipo”, hicieron queBustamante desistiera. Y la elección fue buena porque Roldán —excelente profesional— fue providencial para la necesaria soldadura de todas las actividades de Argentaria en un solo banco, que es lo que buscaba Francisco González de cara a su privatización.

Es muy significativo que en la comparecencia pública de González el 11 de diciembre de 1996 cuando le preguntaron sobre nuevos fichajes dijo que no buscaba ni banqueros, ni bancarios, y sí expertos en nuevas tecnologías. Eso iba a estar presente en las aspiraciones de González desde siempre. Y, por cierto, Argentaria fue pionera en Internet dentro del sector bancario. En esos mismos días se anunciaban medidas de saneamiento y de adecuación de muchos activos obsoletos de, por ejemplo el Banco Hipotecario, para adecuarlos a precios de mercado.

Desde el conocimiento interior de Argentaria, que era, sin duda, muy complejo, Gómez Roldán supo manejar bien las herramientas para fusionar, de una vez, todo ese interior y convertirlo en un banco convencional. Era lo necesario para su privatización. Pero, obviamente, sin esa característica de entidad única y privada, no se habría podido acometer años después la fusión con el BBV. Francisco Gómez Roldán, pasado el tiempo, fue nombrado consejero delegado del Abbey Bank, una arriesgada operación de Emilio Botín en el Reino Unido, pero que salió bien, muy bien gracias al esfuerzo de Paco Roldán… Pero él enfermó y falleció. Unos meses antes BANCA 15 le había dado uno de sus premios al Mejor Banquero, que no pudo recoger. La entrega del galardón a su mujer y a su hijo, fue un auténtico y multitudinario homenaje póstumo de toda la banca española aFrancisco Gómez Roldán.

Y es curioso, en 1996 y 1997 los rumores sobre fusiones menudeaban. Ya hemos hablado de aproximaciones entre el Popular y el BCH. El mismo BBV no ocultaba su interés por Argentaria como si eso fuera posible. Pero nadie hablaba del Santander como candidato a una fusión. Por un lado se decía que el banco cántabro debía digerir la compra de Banesto y por otro no se veía que Emilio Botín fuera a “repartir” algo del interior de su “casa”.

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