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El dinamismo de la banca

Lalibreta | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

Yo creo que hubo un tiempo en que la banca era un muy buen negocio, pero apenas tenía sentido de la innovación y del progreso.

Los tipos de interés permanecían muy altos y eso dejaba muchos beneficios, incluso con cifras de producción muy bajas. Tampoco se facilitaba la necesaria bancarización del país e, incluso el cliente era maltratado —no, por supuesto, fuera de las normas de la buena educación— ante una desconfianza innata por su solvencia. O, al menos, ante la ausencia del tipo de solvencia ideal que buscaban los banqueros entonces.

Existe la idea —y no es mentira— que el grifo del crédito sigue cerrado en España. Pero, yo haría una pregunta: ¿es que estuvo alguna vez abierto? Lo que ahora llamamos pymes no tenían posibilidad alguna de incluirse, hace no muchos años, en el negocio del crédito. Y a lo sumo “vivían” del descuento del papel. El tráfico de las letras de cambio daba, al parecer, más seguridades y ganancias a las entidades. Pero un día se descubrió que era mejor dar crédito a los particulares y los pequeños empresarios y “arrebatarles” el préstamo al altísimos tipos de interés que eso eran las letras de cambio. Y así nació el crédito al consumo que asume la función que antes tenía la llamada venta a plazos.

Y llegada esta crisis, renuente, recurrente e insoportable en el tiempo y en espacio, mató la gran belleza que tiene el negocio del crédito barato. Y casi, casi se vuelve a los tiempos antiguos. La belleza del crédito barato conlleva que, aunque se han de conceder más préstamos que los que se daban antes para ganar el mismo dinero, existe la posibilidad de que las contrataciones aumenten, aun en términos de ganancia aumentada y liquida. Así se tiene la clara conciencia de que ello vale para impulsar y hacer crecer a la economía. Para incrementar el bien común.

Ha mejorado la bancarización del cliente español y también ha ganado considerablemente las ratios de la buena gestión bancaria. Por ejemplo, los índices de solvencia y efectividad de los bancos españoles son de los mejores de Europa. Y superado los efectos multiplicadores y estadísticos de la mala de gestión de algunas entidades —en su mayoría cajas— por los desastres ejercitados durante el boom inmobiliario, las cuentas de resultados de los bancos españoles son bastante buenas y hasta muy coherentes con sus situaciones precisas.

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