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The great merger

Lalibreta | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

De la grosse koalition de Felipe González respecto a la necesaria unión de PP y PSOE ante las dificultades políticas, territoriales y económicas de España, pues se podría pasar a the great merger: la gran fusión, que no sería otra que la unión de Santander y BBVA.

Asunto este que algún medio digital —Miguel Alba en Vozpópuli— citaba en su edición del miércoles… y a resultas del interés del Santander por el negocio bancario de BBVA en Portugal.

The spanish great merger ha estado —y está— presente en los planteamientos de muchos expertos internacionales de banca, que creen que no “casa” bien que un país modesto como España pueda tener dos entidades de tan grande peso. Para muchos, incluso, es cuestión de tiempo que tal unión se produzca. Incluso, el cambio de ciclo que está a punto de abrirse en Latinoamérica podría obligar a operaciones parecidas a la de Portugal: la absorción de entidades por uno de los dos bancos españoles.

Puede que sea hoy el día de resucitar los nombres que yo me inventé para el nuevo “grande español” hace ya un montón de años: Banco Santander-Bilbao (BSB). U otro mucho mejor: SantBilb Bank, más corto, y adecuado para el negocio internacional, aunque tenga alguna resonancia de nombre de santo… En fin, fuera de cualquier broma sobre la marca resultante, lo importante es que la general disminución del negocio bancario en los países desarrollados —tal es el caso de Europa— y el previsible ajuste del sistema en Latinoamérica plante una cierta revisión de los tamaños de las grandes entidades españolas.

De todas formas, en los últimos tiempos parece que BBVA y Santander no quieren coincidir en muchos mercados como lo hicieron de manera muy combativa en los países latinoamericanos en la década de los ochenta y los noventa. Santander, por ejemplo, ha apostado muy fuerte por Brasil, cosa que BBVA no ha hecho, incluso desinvirtiendo. México tiene un enorme peso para BBVA y muchísimo menos para Santander. BBVA se ha ido a Turquía, país que está teniendo un rápido desarrollo y modernización, y Santander ha preferido Polonia donde tiene una posición muy importante conseguida también por el capítulo de fusiones y adquisiciones. BBVA crece en el sur de Estados Unidos, en el entorno de la Florida, mientras que Santander sigue con su predilección por los Estados de la Costa Este.

Sin duda, todas las ideas preconcebidas sobre la spanish great merger inciden en una negociación pacífica y un acuerdo amistoso y casi nadie piensa en el camino de la OPA para conseguir la unión de la dos entidades. Sería una “batalla” demasiado grande. Sin embargo, la fusión amistosa siempre tendría el problema del “choque” de personas. Difícilmente, don Emilio Botín entregaría su llama roja así como así. También está en la mente de todos que sería the great merger otro gran triunfo para donEmilio —¿el último antes de retirarse?— dentro del camino que inicio ya hace 20 años con la compra de Banesto. Pero tampoco hay que dejar de pensar en la firmeza de criterios de don Francisco González, que siempre ha dicho que quiere la mejor tecnología para jugar en “primera división” bancaria mundial. Don Francisco, en este sentido, tiene mucho de profeta certero.

En fin, el resumen no sería otro que el expresado en los siguientes puntos:

1.- El estrechamiento de la economía europea y, especialmente de la española, aconsejaría una fusión entre Santander y BBVA.

2.- El retroceso de las economías latinoamericanas por el previsible —e inmediato— cambio de ciclo puede traer aplicar economías de escala en cada país donde los dos bancos españoles tienen entidades participadas. Salvándose, en este sentido, la posición en los dos principales países de la región —Brasil y México— por las diferentes apuestas.

3.- El desembarco de la industria bancaria española en los mercados emergentes no puede realizarse como se acometió en la Latinoamérica en el siglo pasado por medio de dos entidades en fuerte lucha competitiva que hizo encarecer extraordinariamente las compras. Con una única entidad española trabajando en dichos países ya sería suficiente.

Total, que el ambiente huele ya a la “spanish great merger”, aunque todavía no se sepa muy bien en qué dirección exacta vienen los vientos.

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