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Lo macro y la micro

Lalibreta | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

Lo macro —los datos de estructura macroeconómica— van bien, hasta con una mejora del rating en el caso de la Agencia S&P. Suben —aún más— las exportaciones.

La deuda española sigue estabilizando en su diferencial en posiciones razonables y la banca española pasará en su totalidad las pruebas de estrés con muy buena nota. Pero la micro —las variantes dentro de la actualidad microeconómica— dice que aquí no se vende un calcetín y que tampoco los bancos consiguen colocar a sus clientes operaciones siendo todo el bulle-bulle bancario producto de lo que antiguamente se llamaba ingeniería financiera.

Los grandes datos no quieren dejar ver el bosque árbol a árbol. Se piensa que las buenas noticias de lo macro pueden ayudar a la micro, lo cual está por ver. La verdad es que hay una gran preocupación en el interior de la banca de española por su negocio recurrente. En términos absolutos —y en dinero ingresado o contratado— la disminución en nuestra geografía es alarmante. Y lo que se espera los mercados vayan reaccionado y que, en definitiva, los grandes datos de bonanza macro vayan ampliándose a la totalidad de la economía.

Por ejemplo, los sucesivos planes Renove del automóvil están dando buenos frutos considerando que esa industria es la más importante de España y que su primacía se ha amparado en el consumo interno, aunque las grandes fábricas se construyeron mirando a las exportaciones. El turismo interior se piensa que va a mejorar. La Semana Santa fue importante para ello y en esta otra de nuestras primeras industrias se plantea —casi al contrario que en el ejemplo anterior— que la mejoría evidente en número y en gasto producido por los visitantes extranjeros apuntalaría el esfuerzo para atraer el turismo anterior…

Pero mientras tanto todo sigue quieto. El paro no se reduce en cuantías suficientes y se observa una pérdida de posibilidades de gasto de las familias por agotamiento. Las pensiones de los abuelos ya no dan para más. El error es que no se ha hecho nada para crear nuevas vías de producción, nuevos negocios o industrias, que abrieran la posibilidad de crear empleo. Y la misma banca queriendo resolver sus problemas de impagos de, mayoritariamente, los “famosos” promotores inmobiliarios, está tomando el testigo de ellos en muchos lugares de la geografía española reiniciando obras que nunca tuvieron claras sus posibilidades de venta y ocupación.

No sería difícil presagiar unos momentos difíciles para el contexto de la economía de los hogares, de los autónomos y hasta del bloque de empleados que hasta ahora ha parecido muy firme. Dicen que el punto de inflexión de una crisis es como el impacto sobre el suelo de una pelota para dar un bote. Es verdad que saldrá lanzada con fuerza hacia arriba. Pero esa misma fuerza sobre un suelo debilitado y famélico puede ser terrible. Y, en fin, esto es lo que hay. Debería haberse seguido una política económica más ajustada a la realidad española y no solo marcada por las imposiciones fiscales y presupuestarias de Bruselas.

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