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CX: stop and go

Lalibreta | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

Por un lado, el ministro De Guindos legisla —y “sobrelegisla”, diría yo— para asegurarse la venta o rescate del banco malo, de la ínclita Sareb.

Pero, a su vez, protege con celo y amor de madre a la matriz de la inmobiliaria estatal: el FROB, organismo de difícil trato con el cual es casi imposible arbitrar un acuerdo.

Y ahí está el ejemplo: ahora decide vender sin trocear Catalunya Caixa (CX) dando con la puerta en las narices Banco Popular y Evo que habían presentado ofertas por las oficinas de fuera de Cataluña de CX. Es verdad que parece tener más posibilidades la subasta de la entidad completa…

Pero, en cualquiera de los casos, lo que no puede ser es que un ente público, creado ante la emergencia del hundimiento de un parte del sistema bancario: el cajero, se comporte como una entidad comercial más, sujeta a los cambios que marcan el deseo y posibilidad de ganar dinero: el beneficio por el beneficio, olvidando el servicio.

Una cosa es intentar ahorrar dinero al Estado y otra muy distinta que determinados organismos no cumplan con la función primordial para lo que fueron creados. Y ni la Sareb, ni el FROB, saben muy bien lo que hacen y el trato con ambos es difícil, por lo errático de sus decisiones. Alguna vez he llamado al banco malo, a la Sareb, “inmobiliaria guay”. Y es así: toda su estructura es de ventas rápidas al mejor precio de mercado y no de organismo que administra unos activos dañados, de difícil venta —son malos “productos” para vendedor y comprador— por precisamente sus grandes limitaciones. El marketing y el beneficio por encima de todo no pueden regir ni al FROB, ni a Sareb, porque son instituciones destinadas a resolver problemas que no sólo dependen de las ventas.

Pero, claro, la impronta de Luis de Guindos es marquetiniana, de compra y venta, de beneficio a ultranza y no de servicio a la sociedad. Personalmente, no soy capaz de evaluar el final y el coste de la debacle inmobiliaria española. No dudo que es plausible la idea de que dicha debacle le cueste lo menos posibles a la Hacienda pública, coste y gasto que, finalmente, tendremos que pagar todos los ciudadanos. Pero todo ello ha de darse en tiempo y en forma. Y como si hiciera totalmente de pago la Sanidad Pública porque funciona bien y tiene un claro mercado. La tentación de hacer eso puede existir en la mente de alguno, pero no puede ser. El Estado, el Gobierno, no son entidades comerciales con ánimo de lucro, son realidades creadas para servir a la sociedad, a los ciudadanos… El chip de Luis de Guindos debería cambiar, el del FROB, también.

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