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Don Juan Carlos

Lalibreta | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

Dicen —eso dicen— que la renuncia de Benedicto XVI impresionó bastante al Rey Don Juan Carlos. No creo, de todas formas, que ese gesto del Papa Ratzinger del 11 de febrero de 2013 diese “ideas consolidadas” al Monarca.

Pero era una novedad importante, muy importante, respecto a una jefatura del Estado vitalicia –la del Vaticano— que se abría a muchas interpretaciones.

Después fueron llegando al panorama español muchos inputs —y para mí demasiados— respecto a la posibilidad de una abdicación, con, incluso, fuertes rumores que hacían pensar que era una operación posible. De todas formas, con motivo del 75 cumpleaños del Rey, él, en varias ocasiones y de distintas formas, desmintió esa posibilidad…

Ahora nos llega en este 2 de junio de 2014 —y por boca del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy— que el Rey Don Juan Carlos I abdica y que las Cortes Generales de España han de buscar resortes jurídicos, dentro de la Constitución, para que esa posibilidad se produzca ya que no está previsto en nuestro ordenamiento constitucional.

El Príncipe de Asturias, Don Felipe de Borbón y Grecia, se dispone, pues, a partir de ahora, para ocupar el Trono de España con el nombre de Felipe VI. Don Felipe es de sobra conocido por los españoles y, también, en el ámbito internacional. En los últimos dos o tres años ha sustituido al Rey Juan Carlos en innumerables actos representativos y viajes al extranjero. Ha mostrado su personalidad y sus dotes de comunicador dentro de otra imagen —mostrada con las necesarias cautelas— diferente a la habitual e histórica desplegada por su Augusto Padre…

En fin, la Historia de España abre un nuevo pórtico, un nuevo reinado. Y ya sabe los capítulos históricos de las monarquías se abren precisamente por esos cambios en la titularidad del Rey, aunque la política general —ordenada constitucionalmente— siga por los caminos previstos.

Las próximas horas —los próximos días y semanas— serán de emociones y de novedades. Tendremos que estrenar nuevos modos para la designación y jura del nuevo Rey con todo lo que eso conlleva. Pero, obviamente, lo que parece claro es que se cierra una etapa y se abre otra.

Don Juan Carlos I ha sido el gran paladín de la democracia española. Recibido el poder total y absoluto del régimen de Franco supo iniciar el camino de abandonar cualquier veleidad de mantener ese poder total, para entrar en la senda de las monarquías democráticas —el Rey, reina; no gobierna— para entregar la soberanía y el poder al pueblo mediante el ejercicio de la representación democrática plena. Ese es su principal mérito.

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