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Mario Draghi y sus cautelas

Lalibreta | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

Sin duda, ¿quién ha visto y quien ve a Mario Draghi? Ha hecho más de lo que se esperaba de él. Pero, ¿es tan extraordinario lo anunciado? Durante años se ha pasado de cautelas y hoy mismo las medidas son cortas, incluso aun teniendo en cuenta su importancia.

Se tiene la impresión de que el BCE —y, por supuesto, su presidente, Mario Draghi— responde a una técnica de actuación demasiado cautelosa. Las medidas de primera hora de tarde del jueves han parecido espectaculares. ¿Pero lo son? ¿No es lo que había qué hacer? Es verdad que el conjunto del Eurogrupo es complicado, con excesivas diferencias entre sus países miembros. Creado al BCE para llevar a cabo una lucha común contra la inflación —objetivo prioritario incluso por encima de los fines de la moneda única— ha cumplido hasta el día 5, y a rajatabla, esa función, yo diría, incluso, por defecto. Pero ocurre que ahora se enfrenta a la temible deflación, síntoma de hundimiento de las economías europeas.

En fin bajada de los tipos al 0,15%, 400.000 millones para fomentar el crédito a particulares y, además, la barra libre de liquidez relacionado con los créditos de que se concedan. Está bien. ¿Pero no ha adelanto la SEC de Estados Unidos esas medidas hace un par de año? ¿Y el muy conservador Reino Unido no ha impulsado medidas para mejorar situación de pymes hace muchos meses? Aun aplaudiendo estas medidas —algo es algo— llegan a mi juicio tarde cuando la situación de la economía de la Eurozona es muy complicada.

Mario Draghi es un “quiet man”, un hombre tranquilo. Toma medidas —las que sean— sin que le mueva ni un pelo del tupé… Realmente, el Eurogrupo espera y necesita más mucho más. Y, por ejemplo, una unidad de supervisión que implique a la política monetaria y la función de los bancos en la misma barca. Pero desde el rascacielos de Fráncfort se ven todas esas nuevas atribuciones con muchas reservas, buscando que la responsabilidad última de esa supervisión sea de los Estados miembros y que la actividad del BCE no pase mucho más de la coordinación —datos y medidas— de los bancos centrales domésticos. Total, nadar y guardad la ropa.

El contrasentido de esta Europa supuestamente unida es, sencillamente, que no lo está, y que los Gobiernos locales no quieren perder su poder en sus territorios y se defienden como gato panza arriba ante tal intromisión. Sin embargo, si se ha producido importantes avances en la capacidad integradora y “unionista” de la legislación, estando claramente por encima las leyes comunitarias y planteando una continua adaptación del derecho particular de los países miembros.

Pero para el ciudadano de a pie hay todavía una desinformación y una evidente desconfianza de ese poder que llega de Bruselas y sobre el cual apenas tiene información. Las elecciones europeas podrían haber sido un avance si en sus campañas electorales hubiera primado la información comunitaria, pero no ha sido así —ni en España, ni completamente en país alguno— en todo el ámbito de la Unión. Y, sin embargo, la unidad de los europeos, el funcionamiento, interior y exterior, como una nación unida, daría muchas ventajas… No obstante hay que reconocer que, históricamente, la unidad nacional en países con mucha diversidad tarda en realizarse.

No me quiero desviar del tema fundamental: mi impresión es que el BCE sigue siendo muy cauto, aunque la importancia de las medidas del jueves nos puede dar la imagen de que son “revolucionarias”. Pero no es así: son respuesta —a mi juicio algo escasas— a la difícil situación europea. Draghi ya no es guardián de la inflación, si no de la deflación. De ahí el cambio. Mario Draghi, sigue un hombre tranquilo, a pesar de lo que está cayendo.

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