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La otra reforma financiera

Lalibreta | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

Realmente, la banca –la que llamamos sana— sigue “atesorando” oficinas y se presta a entrar en subastas o cesiones de sucursales provenientes de las que han sido intervenidas por efecto de la reforma financiera vigente.

Queda, por ejemplo, por “rematar” la venta de Catalunya Caixa y muchos se preguntan si verdaderamente la banca sano no se está enfrentando ahora el problema de exceso de oficinas.

Es verdad, por otra parte, que no se intenta comprar locales comerciales “vacíos” más o menos bien situados. Se compra —se intenta adquirir— el negocio bancario de la sucursal, pero, a veces, también va a incluido el personal de la misma y sus antiguas pérdidas. Y si bien es cierto que se procuran planes de aseguramiento para evitar dichas perdidas, la pregunta que bien puede hacerse es si, a la postre, no será demasiada superficie instalada para un negocio bancario que se no anima de manera significativa.

Entonces, de seguir así, la idea es si no habrá que hacer otra reforma financiera, cuando todavía no se ha agotado la que se inició y provista de fundos públicos. Y es más que posible que, en el futuro, ese exceso de superficie instalada de la “banca sana” no cuente con ayudas públicas. Es posible que los parámetros de lucha por la competencia bancaria se esté haciendo con una óptica poco adecuada a la realidad bancaria de estos momentos.

En fin, puede parecer un planteamiento excesivo e, incluso, un tanto pesimista, pero no parece que la mejoría económica que llegando sea tan potente como para influir en incrementos –aun razonables—de ese negocio bancario. Nuestra idea es que haría falta más prudencia a la hora por pujar por oficinas bancarias objeto de subasta. Y mucho menos comprar por comprar. O para evitar que la competencia se haga con ellas.

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