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El Gobierno y la AEB

Panorama | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

la patronal bancaria alega entre los mejores méritos de roldán su gran experiencia internacional ante los cambios regulatorios.

PUBLICADA EN LA REVISTA BANCA15 Nº 413

A Emilio Botín le preguntaron sobre el nombramiento de José María Roldán como presidente de la Asociación Española de banca (AEB) y dijo que eso se vería más adelante, sin entrar en la polémica —un tanto inusual dentro de la sociología bancaria española— producida en torno al “veto” del ministro de Economía, Luis de Guindos, ante tal nombramiento. Y creo que este hecho es un buen precedente para hablar de la representación patronal y la banca… y de los banqueros como “grandes electores” de esas asociaciones. Este hecho, ya muy extendido a lo largo de la historia reciente, tiene especial relevancia y para mejor conocerle no hay más remedio que hablar de la “vida y milagros” de José María Cuevas, el mítico “gran patrón” de la empresa española. Y para ello, finalmente, es bueno echar mano del excelente libro de Fabián Márquez, José María Cuevas o la aventura de la CEOE”…

Pero antes quiero centrar un poco el insólito —y sin tradición histórica— del encontronazo entre la AEB y el ministerio de Economía por el anuncio del nombre de José María Roldán como sustituto de Miguel Martín al frente de la AEB. Martín —según los nuevos estatutos que son obra suya— iba a llegar a la asamblea de marzo de 2014 con 70 años lo que le obliga a renunciar al cargo. Pero desde finales del verano del año pasado se inició un juego de nombres —auténtica quiniela— como candidato a presidente de la AEB. Eso, entre otras cosas, producía un exceso de exposición mediática a Miguel Martín cosa que, al parecer, no era de su agrado. Y así el 29 de noviembre de 2013 en una nota de prensa ofrece el nombre y el currículo de José María Roldán como futuro presidente. La patronal bancaria alega entre los mejores méritos de Roldán su “gran experiencia internacional como buena aportación ante los profundos cambios regulatorios!”. En efecto, el tema de la supervisión única europea es algo que preocupa lógicamente a los “grandes electores” de la AEB.

ROLDÁN, ÁNGEL O DEMONIO

Roldán ha estado durante 13 años al frente de la importante Dirección General de Regulación y Estabilidad financiera del Banco de España. Y, realmente, su papel en la administración de fórmulas para aplicar las temibles provisiones, salieron de su departamento. Con el contrasentido de que, según algunos, eran muy contrarias a los intereses de los bancos. Y otras resultaban muy favorables, dentro del rigor regulatorio que producía la severa crisis suscitada por el fiasco inmobiliario. ¿Ángel o demonio?

De la oposición de Luis de Guindos y de su ministerio al futuro nombramiento se planteó como un tema de choque profundo en el interior del actual PP por haber sido Roldán un importante colaborador de Rodrigo Rato en su años de ministro de Economía y por adjudicar al propio Roldán algún cambio regulatorio —hecho como “traje a la medida”— para que los problemas vivos de Caja Madrid, anteriores a su intervención no emergieran. Pero parece sin embargo que la mayor oposición vino de la troika que analizaba la marca de la reforma —rescate— de la industria financiera y que consideraron que Roldán era incompatible como valedor de su labor de presidente del lobby bancario español por su conocimiento, precisamente, de las interioridades de la “pre-regulación” europea de la industria financiera. Tanto da. Lo cierto es que, jamás, en tiempos anteriores un choque como este habría sido posible.

CUEVAS Y LOS “GRANDES ELECTORES”

Al principio de la presente crónica he mencionado el nombre de José María Cuevas y la importancia del libro escrito por el empresario y gran experto en relaciones laborales como es Luis Fabián Márquez. En primer lugar decir que la AEB es miembro de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) y que Cuevas —tras ser fundada por Carlos Ferrer Salat— consiguió convertir en una entidad de enorme poder real e influencia. No tanto por el peso específico del conjunto del empresariado, como por la enorme capacidad negociadora del empresario palentino. Y con él es con quien se creó el “uso y disfrute” de la participación de los llamados “grandes electores”.

Como se si tratara de prohombres de la República veneciana, una serie reducida de empresarios y financieros añadían sentido común a la siempre difícil relación entre el Gobierno de turno y el movimiento empresarial. Y entre ellos había banqueros. Bien puede decirse que esa otra representación “actio in personam” de los llamados Siete Grandes de la Banca, respondía a una idea parecida. En fin que, a finales de la década de los ochenta y principio de los noventa, banqueros como José María Aguirre Gonzalo, Alfonso Escámez, Pablo Garnica, Claudio Boada, Pedro de Toledo, José Ángel Sánchez Asiaín y el mismo Emilio Botín Ríos participaban de las enriquecedoras visitas de José María Cuevas, memorables sesiones de grandes intercambios de información.

Incluso, los banqueros se tomaban muy en serio estos contactos quedando los potentes servicios de estudios de los bancos al servicio de Cuevas. No cabe la menor duda que una parte de las relaciones de estos banqueros con los poderosísimos —entonces— Gobernadores del Banco de España manejaban el pulso de la calle comunicado por Cuevas. Y para no decir que eran solamente los banqueros los “beneficiados” por las peregrinaciones, despacho en despacho, de José María Cuevas, pues citemos a Isidoro Álvarez, presidente de El Corte Inglés como un destacadísimo “gran elector”.

Fabián Márquez fue siempre un asesor externo de la CEOE. Presidía —y preside— un importante despacho de abogados que se llama “Analistas de Relaciones Industriales” especializado en la resolución de conflictos laborales para las empresas, pero con una capacidad de prospectiva y de investigación que le hace muy potente. Y Fabián se convirtió —utilizando terminología periodística— en el “enviado especial free lance” para muchas de las negociaciones de la historia entre empresarios y sindicatos, con cercanía a la “tercera pata” que era el Gobierno. Y, en fin, Márquez en su “José María Cuevas o la aventura de la CEOE” tiene un capítulo —el quinto— titulado “Las élites empresariales” fundamental para entender esa acción activa y moderadora de los “grandes electores”, el cual, por otra parte, es referencia obligatoria para escribir una gran historia de la banca española contemporánea.

Y así junto a los nombres ya citados de los “grandes” como Escámez, aparecen el de Rafael Termes, primer presidente de la AEB y el de la excepcional líder sindical, María José Paredes, de Comisiones Obreras, que tanto contribuyó a la paz laboral del sector sin renunciar, ni en un ápice a los derechos que ella defendía.
En este capítulo hay una larga reflexión sobre el papel de la AEB que conviene recordar y que toma especiales brillos con el “conflicto” que intenta narrarse en la presente crónica. Los esfuerzos realizados por banqueros y bancarios y, por supuesto, sindicalistas del sector del crédito han sido fundamentales para la creación de la banca moderna española que tan bien implementó su presencia en el euro. Verdaderamente, y en esta hora, creo que sería útil leer dichas referencias de Fabián Márquez sobre relaciones empresariales de la banca con el Gobierno. Merece la pena. Es completamente imprescindible. Y citemos con adenda las reflexiones de Márquez sobre José María Cuevas, la CEOE y Mario Conde que es material extraordinariamente sensible. Termino diciendo que ahora el Gobierno se relaciona con los grandes electores a través de su presidente, costumbre que inició José Luis Rodríguez-Zapatero y que sigue Mariano Rajoy. La CEOE de Juan Rosell esta fuera del “gran cabildeo” —excelente frase puertorriqueña— entre banqueros y la jefatura del Gobierno…


The Camera Aye

Copiando al escritor norteamericano, John Dos Passos, incorporo este “The Camera Eye” —mirada cinematográfica— a mi habitual sección en BANCA 15. Y así quiero decir que las imágenes de las presentaciones de resultados anuales de la banca en 2013 tienen cabida en este recuadro.

Sin duda, Emilio Botín ha consolidado una imagen de seguridad y solidez. La cámara le trata bien, le quiere.

Francisco González —obsesionado por la exactitud en sus informes— se nos presenta como más lejano y reservado. Ese es su carácter.

Isidro Fainé sigue siendo —y es todo un elogio— un gran vendedor que rezuma confianza. Yo —como suelen decir los americanos— si le compraría un coche usado.

Ángel Ron da una imagen —ya— de profesor tranquilo. Se toma su tiempo y suaviza su tono para ser más convincente.

Josep Oliu es más de foto fija y de radio que cinematográfico, aunque cuando sonríe gana mucho.

En cuanto a José Ignacio Goirigolzarri presentó un rostro de alegría —de niño con zapatos nuevos— al exhibir unas cuentas —buenas— que avanzan con rapidez.

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