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Morir en Paris

Panorama | POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

El alma se parte en mil pedazos ante acciones como ésta. lo más importante es defender nuestras libertades contra la barbarie total.

PUBLICADA EN LA REVISTA BANCA15 Nº 454

Escribo bajo la impresión —muy cercana— de la barbaridad yihadista de París. Y no puedo dejar de recordar los ataques que sufrieron los trenes de cercanías de Madrid en 2004 y —como digo más abajo— dejaron mucha tristeza y duradera en la capital, en toda España, en el mundo. La serie siniestra había comenzado en 2001 en Nueva York… No. No quiero hacer una crónica total de dolor de Francia y del mundo por lo ocurrido un 13 y viernes de noviembre en la capital del Sena. La vida sigue, por mucho que duela decirlo.

El G-20 y los atentados

Es más que obvio que los atentados de París cambiaron de rumbo las deliberaciones del G-20, celebrado en Antalya, Turquía. Ello era lógico dada la terrible magnitud del ataque terrorista y, tal vez, es un “beneficio” inesperado de los asesinos, porque, si bien es cierto, que las naciones del G-20 han dado una clara prioridad a la lucha con el terrorismo, ha podido quedar sin terminar las decisiones de la reunión de los 20 países más ricos del mundo en, sobre todo, medidas financieras globales.

Desde los episodios de las Torres Gemelas de Nueva York en 2001, el ataque a los trenes de cercanías en Madrid, de 2004 y los atentados del metro de Londres en 2005 se han produciendo atentados muy duros, muy sangrientos, en los países occidentales, aunque los autores de las matanzas hayan ido cambiando o modificando sus estrategias. El Estado Islámico ha mostrado una tremenda crueldad con los prisioneros que ha evitado que occidente se aplique a fondo con intervenciones de tropas en el territorio del EI en Iraq y Siria. Es posible que los bombardeos no sean una fórmula importante y única para terminar con las bases del tal movimiento. Y es ahí donde, probablemente, pueda establecerse el inicio de una guerra convencional, larga y muy cuenta.

Una vez más el terrorismo yihadista ha golpeado París. Y esta vez masacrando gente en un centro vital que, tal vez, es más importante que una instalación militar. La sala Bataclan ha sido siempre el lugar de diversión de los parisinos… Una sala ordenada, sin grandes alardes. Diría yo que para gente sencilla y hasta para muchos franceses, forasteros de París, que consideraban obligatoria una visita.

En fin, François Hollande pedía al parlamento de Francia ampliar el estado de excepción durante tres meses. El Estado francés siempre fue contrario a las suspensiones de las garantías y libertades, pero lo terrible de la agresión lo justifica y lo hace necesario.

Pero parece claro que los zarpazos de este terrorismo implacable y sin más reglas que la muerte —incluso con el suicidio de sus autores— abre la posibilidad de escenarios terribles en cualquier lugar y en cualquier país. España, Madrid, vivió ya hace 11 años —el 11 de marzo de 2004— un ataque cobarde, muy cobarde, a varios trenes de cercanías en los que la mayoría de sus ocupantes eran trabajadores y trabajadoras. Fueron 177 fallecidos en los primeros momentos de los ataques con mochilas-bomba.

El alma se parte en mil pedazos antes acciones como estas. La batalla no es una guerra convencional al menos para Europa. Aquí son acciones terroristas que son difíciles de evitar, pero no imposibles. España ha vivido muchos años de agresión terrorista y ha sabido aguantar y neutralizar. Nada es comparable, desde luego. La unidad de defensa a ultranza para estos es imprescindible. España —como no podía ser de otra forma— se ha ofrecido a luchar junto a Francia desde las primeras horas. Pero los sentimientos de rabia e impotencia están ahí. Lo más importante es defender nuestras libertades y nuestros derechos contra la barbarie total.

Separatismo y corrupción

Se lo decía Francisco Nieva a Juan Cruz en “El País”: “Separatismo, corrupción: es apabullante esta conjunción de monstruos”. Nieva, con 90 años, es una de las figuras más llamativas del vivir contemporáneo español. Y no sólo por su maestría en dominar el teatro. Él, a lo largo de muchos años, tuvo capacidad para decir lo que pensaba de todo. Y, obviamente, siempre acertó. Juan Cruz es un escritor al que dominó el periodismo y es posible que, hoy por hoy, sea una de las firmas más seguidas en el diario de Prisa. Pero, en fin…

Tengo que reconocer que me afectó mucho, en su momento, el descubrimiento de las irregularidades de Jordi Pujol… El que hubiera metido la mano en la caja de la política y, además, mintiera. Traté algo al Molt Honorable al principio de su mandato en la Generalitat y discrepé bastante con él. Eran los años en los que yo dirigía “Gaceta ilustrada”, semanario con mucho predicamento en Barcelona. No le gustaban nada las críticas, ni escritas, ni expresadas en conversaciones privadas. Nunca negó su deseo de un día gobernar Cataluña sin pasar por Madrid. Pujol tenía de la idea de hacer en España una especie de Commonwealth bajo la tutela general del Rey de España. Y, bueno, tampoco lo explicaba del todo. Pero siempre pensé que era un hombre honrado en los temas de dinero…

De todas formas, lo del tres por ciento era un secreto a voces. Lo he comentado ya alguna vez: la gente de la Generalitat decía que dada la falta de apoyo económico de Madrid era necesario recurrir a ello. Claro que el destino final de esas comisiones ya se ha visto donde iban. Y ahora todo parece indicar que la rapidez de Artur Mas y de toda Convergencia Democratica de Catalunya (CDC) se debe sobre todo a la presión de la Justicia sobre ese camino de corrupción. Es una huida hacia adelante pero, sobre todo, de los jueces. Lo primero que harán los independentistas es no aceptar las leyes vigentes. Y ello por razones de diferente naturaleza.

Cataluña: la fragilidad de las leyes

Lo dijo muy claro Mariano Rajoy en su comunicado del “solo”. “Utilizaremos solo la ley, pero toda la ley. Solo el Estado de Derecho, pero todo el Estado de Derecho. Solo la democracia, pero toda la fuerza de la democracia”. Queda claro. ¿Pero qué significa la repetición excluyente de la palabra “solo”? ¿Había en mente otras posibilidades? Y como ya lo he escrito aquí hace más de un mes, pues yo me vuelvo a preguntar: ¿si los miembros independentistas del Parlament no hacen caso a, por ejemplo, el Tribunal Constitucional, que viene después? ¿La “congelación” de Autonomía? ¿Y si tampoco esto tiene respuesta: qué se hará? El problema es que Mariano Rajoy —y todos los españoles— tiene la obligación de cumplir la ley. Pero si el acta parlamentaria catalana dice que el principio de desconexión con España es desobedecer las leyes del Estado se supone que ya no cumplimentarán ninguna ley española. Hay un sentimiento claro que el camino del “solo” es frágil y que pensar en otras actuaciones más coercitivas nos acerca a la posibilidad de un conflicto de mayores dimensiones.

Las últimas elecciones al Parlamento de Cataluña —la adscripción del voto a los partidos no separatistas— mostró que más de la mitad de la población catalana se declaró contraria a la independencia. Algunos expertos fiables señalan que la convocatoria de un referéndum daría una clara victoria al voto no independentista. Pero la Constitución Española vigente no autoriza referéndums autonómicos, ni provinciales, ni nada parecido. Solamente aquellos que tiene votar toda la ciudadanía española.


The Camera Eye

Ana Botín 

Ana Patricia Botín ha cumplido ya su primer año como presidenta de Banco Santander. Y nadie duda que ha dado nuevos brillos a la gestión del primera banco del país, reforzado la inversión para su mejor gestión digital pero dando los pasos justos. El Santander es, ahora, el único banco español entre los grandes mundiales, entre los sistémicos.

Francisco González 

El presidente del BBVA, Francisco González, ha pronunciado un ¡basta ya! a los excesos regulatorios bancarios de los últimos tiempos. Y su postura no es frecuente entre los banqueros que aceptan en silencio lo marcan los reguladores. Es verdad que el impacto en los bancos de la crisis iniciada en 2008 fue grande e hizo falta un esfuerzo de caudales públicos para resolverla. Pero no fue el caso exacto de España. Está bien por tanto el “aviso” de FG.

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