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Tribunas | Roberto Tornamira | ESPECIAL Nº500

Crisis, digitalización,…¿justificaciones para la reconversión del sector financiero?

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Roberto Tornamira. Toda una vida como bancario y vinculado a UGT,  donde es el secretario del Sector Financiero.

Desde 2008 se han cerrado unas 18.000 oficinas, y más de 85.000 puestos de trabajo se han destruido.

Según el último informe sobre estructuras financieras del BCE, al cierre de 2016, en España hay un empleado de banca por cada 249 habitantes frente a los 174 de media europea, en Alemania tocan a 131, en Francia, 166 y en Italia son 205. Estos datos desmienten que las plantillas en España están sobre dimensionadas.

La concentración bancaria se aceleró por distintos factores:

La nueva normativa y regulación emitida desde la UE, en concreto por el Comité de supervisión Basilea, I, II y III: “Cálculo de los requisitos mínimos de capital”, “Supervisión de la Gestión de Fondos Propios” y “Disciplina de Mercado” respectivamente, han venido a forzar la fusión e integración de entidades, para cumplir con las ratios requeridas.

Así como con la trasformación de las cajas de ahorro en bancos, por ejemplo CaixaBank o Bankia transformadas en bancos, o integradas en bancos como la CAM en Banco Sabadell o Caja de Cataluña en BBVA. De este modo el 50% del sector, las Cajas de Ahorro, se integró en el otro 50% que representaba la banca.

El estallido de la burbuja inmobiliaria, tuvo su especial repercusión en las entidades financieras; éstas participaron de “la fiesta” con la “barra libre” en concesión de créditos. La factura de dicha fiesta la estamos pagando todos, pues el coste sale del erario público; los trabajadores y trabajadoras del sector lo pagan en doble sentido: como trabajadores y como contribuyentes. Una factura que alcanza los 60.000 millones de euros en capitalización y llega a superar los 120.000 millones de euros si se contabilizan los avales, préstamos y otros riesgos asumidos por el Gobierno.

La dinámica de concentración del sector con ayuda pública no es nueva, el Estado español no ha dejado de inyectar dinero en las entidades financieras ni una sola década en los últimos 40 años: en los 70 del siglo pasado fueron 390,7 millones de euros los que el Estado puso para el saneamiento de los bancos: Valladolid, Meridional, Navarra y Cantábrico, y de lo que solo recuperó el 42,61%. En los 80 fueron 3.312,8 millones destinados al sector, destacando entre las 21 entidades afectadas, Banca Catalana con 1.009,8 millones, Banco Occidental con 383,2 millones o Banco Urquijo Unión con 351,6 millones.

En los años 90 destaca sobre las demás operaciones de saneamiento público de entidades el caso de Banesto, con 4.687,4 millones de euros, con un coste neto para el Estado de 1.168 millones de euros.

Cuesta denominar estas cifras como insignificantes, si bien habría que hallar el valor actual de los 8.522,2 millones de euros que puso el Estado en las tres últimas décadas del siglo XX, pero así lo parecen si se compara con los más de 60.000 millones del rescate bancario del periodo 2008-2016.

El último de los torbellinos que está sufriendo el sector financiero es la llegada de las nuevas tecnologías telemáticas, aplicadas a la operativa bancaria, al poder operar desde las web y las aplicaciones de las entidades; el ejemplo vivo en este sentido es el ERE salvaje en EVO, por el que se pretende cerrar el 90% de la red de oficinas y dejar sucursales de representación en grandes ciudades, amparándose la entidad en la adaptación a la banca digital.

Las consecuencias de este proceso de concentración bancaria no son solo económicas o para el empleo, sino también políticas y sociales; pues estamos ya en una gran concentración de entidades que debiera alertar al Gobierno y a los partidos de la oposición, por haberse configurado de hecho un oligopolio financiero; riesgo del que desde FeSMC-UGT venimos denunciando desde mucho tiempo.

Y la consecuencia es social, pues se está generando una exclusión financiera que deja a más de 4 millones de habitantes, principalmente en zonas del ámbito rural, sin acceso a los servicios bancarios básicos, producto directo del cierre masivo de oficinas. Además de ampliarse la exclusión económica, ya que los servicios bancarios se enfocan casi en exclusiva a banca de inversión y especulativa, ajena a las necesidades de básicas de los pequeños clientes.

NOTA: Tribuna publicada en el número 500 de la revista Banca 15

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