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Alerta por el crecimiento del préstamo al consumo

Tribunas | Financiación

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José Manuel Aguirre, economista y director comercial de AIS Group

Entre enero y agosto de 2018, el volumen de nuevos créditos concedidos a las familias españolas ascendió a 156.355 millones de euros, cerca de un 2% más que en el mismo periodo del año anterior. Estos datos del Banco de España, confirman que las familias españolas siguen pidiendo créditos y que las entidades financieras siguen dándolos. Lo que cambia, de manera sorprendente, es la evolución del tipo de crédito, ya que es el crédito al consumo el que continúa liderando el crecimiento del crédito a las familias, por encima del destinado a otros fines.

Según datos del Banco de España, en los primeros 8 meses de este año se concedieron 22.807 millones de euros en créditos al consumo, un 22% más que los otorgados en el mismo periodo del año pasado. Una tasa superior a la de los nuevos créditos destinados a la vivienda, que en el mismo plazo se sitúa en el 14%.

Este notable crecimiento del crédito al consumo ha ayudado a atenuar la caída que experimenta el total de la cartera de préstamos a las familias, que incluye todos los préstamos pendientes de amortización, independientemente de cuando se hayan formalizado. Gracias a aquél, el descenso de la cartera en el último año (de junio 2017 a junio 2018) ha sido de apenas el 0,1% (unos 470 millones de euros menos).

Desde hace años, la cartera del crédito a familias está en fase de contracción en prácticamente todas las modalidades de financiación, salvo en el crédito al consumo, que está en auge, con un ritmo de crecimiento de las tasas desde finales de 2014 por encima de los dos dígitos y que se sitúa en el 18% a junio 2018.

A pesar de que comportamiento se asocia a una mejora de la economía, que estimula un mayor consumo por parte de las familias, esta tendencia del mercado ha empezado a generar cierta preocupación entre los reguladores. Un ejemplo es el reciente boletín del Banco de España en el que se deja constancia de que existe una alerta por este crecimiento positivo del consumo y sus posibles consecuencias.

La preocupación de los supervisores por el aumento del crédito al consumo en España tiene una doble justificación. La primera porque los nuevos préstamos de este lucrativo segmento de negocio crecen en España el doble que la media de la zona euro y, además, aplicando tipos de interés más caros. La segunda, porque los préstamos al consumo, que suelen medir el estado de la economía, crecen de forma ininterrumpida desde hace varios en España, frente al mantenimiento o leve reducción en el resto de segmentos de crédito. El Banco de España recuerda que, en la última crisis, los incrementos rápidos del crédito llevaron asociados algunos riesgos en la estabilidad financiera y macroeconómica al elevar la vulnerabilidad de los agentes frente a perturbaciones adversas.

A pesar de que el crédito al consumo sigue teniendo un peso reducido en la cartera de crédito de las entidades financieras (en torno al 5%), el regulador alerta de que hay que tener en cuenta también que la ausencia de posibles garantías en este tipo de préstamos puede elevar el riesgo al que se enfrentan las entidades.

Según el Banco de España, para minimizar estos riesgos es importante que tanto las decisiones de las entidades financieras y como de los demandantes de este tipo de crédito se basen en unas evaluaciones "prudentes" sobre la capacidad de cancelación de estas deudas.

A día de hoy, la morosidad en los créditos a familias parece bastante estable. Los datos más recientes, de junio 2018, reflejan un descenso tanto en el total de la financiación a hogares, como en créditos para adquisición o rehabilitación de la vivienda. Sí se observa, no obstante, un leve repunte en el crédito al consumo que, aunque actualmente no parece extraordinariamente preocupante, sí debe tenerse en cuenta.

Vientos de incertidumbre

Vistos los datos, la cuestión es saber cómo va a evolucionar la cartera. El contexto económico y político de inestabilidad como el actual, que afecta a España y Europa, puede provocar riesgos inminentes en el sistema financiero y en la economía española. En el ámbito nacional, el cambio de gobierno, sumado a la inestabilidad que existe actualmente en Cataluña, hace presagiar que los agentes económicos mantendrán una mayor incertidumbre en sus decisiones y que los bancos serán más previsores a la hora de orientar sus políticas.

En cuanto a Europa, pese a que se prevé un crecimiento moderado en la región, el Banco Central Europeo ha revisado levemente a la baja las previsiones económicas, situando el crecimiento anual del PIB real en torno al 2% en 2018, el 1,8% en 2019 y el 1,7% en 2020. Este ajuste se sustenta en varios factores que introducen un alto grado de incertidumbre. De nuevo la incertidumbre. Además, están los riesgos todavía no mesurables del Brexit y los riesgos relacionados con el aumento del proteccionismo impuesto por EEUU a China y otros países, las vulnerabilidades en los mercados emergentes y la volatilidad de los mercados financieros, que han adquirido mayor relevancia recientemente. A todo ello, se suma el cambio de política monetaria anunciada por Draghi, que tendrá su impacto en el mercado monetario y financiero.

¿Qué hacer ante este panorama?

El Banco de España y el Banco Central Europeo han empezado a controlar la evolución de las carteras por estos incrementos de volumen. Sin embargo, el crédito al consumo puede ser más complejo que el resto de segmentos para la gestión por parte de las entidades, ya que, generalmente, tienen menos garantías reales para hacer frente a la devolución de posibles impagos. Los supervisores se centran en este punto para recomendar a los bancos en general y a los españoles en particular, que promuevan técnicas y políticas de concesión basadas en una correcta evaluación de los riesgos de crédito. En este sentido, las normativas nacionales emanadas de las normas IFRS9 plantean la necesidad de la anticipación del deterioro en las calidades del riesgo de las carteras de crédito a fin de calcular las provisiones para hacer frente a futuros impagos.

Muchas entidades han empezado a utilizar con éxito y de manera preventiva herramientas de última generación, basadas en técnicas machine learning, para la estimación anticipada de potenciales pérdidas futuras en escenarios macroeconómicos adversos. Este tipo de software permite visualizar diferentes escenarios futuros y simultáneamente desarrollar modelos que incluyen una cantidad de variables mucho mayor que las técnicas habituales con las que vienen trabajando las entidades. El resultado es que con la aplicación de machine learning se mejora sustancialmente la capacidad predictiva de los modelos estadísticos tradicionales. Estas predicciones anticipan los niveles de deterioro del riesgo en varios meses ayudando efectivamente a la gestión de las carteras, pues da a las entidades margen de actuación para mitigar los efectos adversos antes de que se produzcan.

Los reguladores en varios países europeos y en EEUU están prestando atención a estas técnicas, que mejoran sustancialmente tanto las capacidades predictivas de los modelos de gestión del riesgo, como la velocidad de ejecución y la posibilidad de rastrear los caminos e interrelaciones utilizadas en estos modelos. Incluso las entidades están pidiendo a los reguladores que no pongan trabas para el uso de estas técnicas, ya que utilizadas de manera adecuada podrían resultar muy provechosas para mantener los niveles de riesgo bajo control.

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